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ARTÍCULO

Buenos Aires: el poder de la anticipación, 1900-1920

Buenos Aires. The power of anticipation, 1900 1920

Margarita Gutman*

* Doctora y Arquitecta, graduada en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires (FADU-UBA). Se desempeña como Associate Professor of Urban Studies and International Affairs en The New School University de Nueva York y es Profesora Titular Consulta de la FADU-UBA. Dirige el Programas del Observatory on Latin America (OLA / The New School) y co-dirige el Programa Bicentenarios en la Dirección de Programas Internacionales de la FADU-UBA.

The New School University. 66 West 12th Street. New York. N 10011. Estados Unidos. Email: gutmanm@newschool.edu

RECIBIDO: noviembre de 2011
ACEPTADO: diciembre de 2011


RESUMEN

Este artículo es una síntesis de la investigación sobre la imaginación del futuro urbano en Buenos Aires. Para construir el horizonte de expectativas, se interpreta y analiza la circulación en Buenos Aires, entre 1900 y 1920, de una extensa selección de imágenes visuales y de ideas que contenían anticipaciones, aspiraciones y expectativas para el futuro de la ciudad, incluyendo tanto las producidas localmente como las que provenían de otras ciudades del mundo. El núcleo principal de la investigación está constituido por el análisis comparativo de dos grupos de anticipaciones del futuro: las producidas desde el campo profesional, tal como fueron difundidos en las revistas especializadas, y las extradisciplinares, es decir, las imágenes visuales e ideas producidas por dibujantes, ilustradores, periodistas y escritores, tal como fueron publicadas en las nuevas revistas ilustradas. Se complementa con el estudio y la interrelación de otros cinco grupos de anticipaciones: las tecnológicas; las producidas en Nueva York; las propuestas del futurismo; las utopías locales; y las ideas sobre el futuro urbano incluidas en una selección de propuestas de intelectuales y reformadores políticos y sociales. Este análisis comparativo permite integrar el horizonte de expectativas del futuro urbano, identificando una selección de cualidades relevantes evidenciadas en sus diferencias y similitudes. Finalmente, se exploran algunas correlaciones que es posible establecer entre ambos modelos del futuro urbano –la ciudad vertical del porvenir y los planes letrados– y las transformaciones que se operaron en la ciudad en esa época y en años posteriores.

Palabras clave: Buenos Aires; Ilustraciones; Centenario; Historia urbana.

ABSTRACT

This article is a synthesis of the research about the imagination of the urban future in Buenos Aires. In order to build the horizon of urban expectations the article analyzes and interprets the circulation in Buenos Aires, between 1900 and 1920, of an large selection of visual images and ideas containing anticipations, aspirations  and expectations for the future of the city, including both the ones produced locally and in other countries. The core of this research is the comparative analysis of two groups of anticipations of the future: those produced by the professional field as they were disseminated in specialized journals, and the extra disciplinary ones, this is to say the visual images and ideas produced by illustrators, journalists and writers as published in the new illustrated magazines. The research includes also five different groups of anticipations: the technological; those produced in New York; the proposals of futurism; the local utopias; and the ideas about the urban future included in a selection of proposals by intellectuals and social and political reformers. This comparative analysis allows to integrate the horizon of expectations of the urban future, identifying a selection of relevant qualities exposed in their similarities and differences. Finally, the article explores some of the correlations it is possible to establish between both models of the urban future -the vertical city of the world to come, and the lettered plans- and the transformation of the city in that time and in decades after.

Keywords: Buenos Aires; Illustrations; Centenary; Urban history.


Buenos Aires es ciudad, y es metrópoli, porque cambia. Si no, sería un museo. O un cementerio. O un decorado artificial tipo Disneylandia. Imperceptible o arrollador según las épocas, este cambio constante de Buenos Aires nos coloca simultáneamente en las tres dimensiones del tiempo: pasado, presente y futuro. Así como en todo momento de nuestras vidas necesitamos, aun para llevar a cabo la más simple de las acciones, reconocer la situación en la que nos encontramos, utilizar información y datos que recordamos del pasado, y orientarnos con una idea de lo que queremos conseguir en el futuro, en Buenos Aires y en su vida urbana también se manifiestan al unísono estas tres dimensiones del tiempo. Porque toda transformación, por pequeña o grande que sea, que abarque solo una familia –como el agregado de una habitación en la casa– o incluya toda la región metropolitana –como la reorganización del transporte público– implica necesariamente, junto a la consideración de los problemas a resolver en el presente, tener en cuenta la memoria o la historia de lo que fue, y el deseo o un plan para lo que está por venir.

De este tema se ocupa este artículo, que sintetiza una investigación sobre los deseos, planes y expectativas para el futuro de la ciudad producidos por los habitantes de Buenos Aires en un momento de grandes cambios y aspiraciones, en torno al año del Centenario: 1910. La investigación examina la construcción del horizonte de expectativas del futuro urbano de la época, en tanto despliega las opciones disponibles que informaron, y quizás ayudaron, a tomar las numerosas decisiones que transformaron la ciudad en su momento y en años posteriores. Muchas de esas transformaciones son aún evidentes.

Para construir dicho horizonte se ha analizado la circulación en Buenos Aires, entre 1900 y 1920, de una extensa selección de imágenes visuales y de ideas que contenían anticipaciones, aspiraciones y expectativas para el futuro de la ciudad, incluyendo tanto las producidas localmente como las que provenían de otras ciudades del mundo. El núcleo principal de la investigación está constituido por el análisis comparativo de dos grupos de anticipaciones del futuro, que habitualmente han corrido por carriles separados en las investigaciones históricas locales. Por un lado, se toman las anticipaciones producidas desde el campo profesional, es decir los planes y proyectos urbanos formulados por profesionales tales como arquitectos, ingenieros, paisajistas o funcionarios gubernamentales que denominamos “planes letrados”. Por otro lado, se toman las ideas e imágenes de anticipación extradisciplinares, es decir, aquellas imágenes visuales e ideas producidas por dibujantes, ilustradores, periodistas y escritores. La serie temática predominante de este grupo se denomina “la ciudad vertical del porvenir”.

Este núcleo central, que analiza y compara “los planes letrados”con “la ciudad vertical del porvenir”,se complementa con el estudio y la interrelación de otros cinco grupos de anticipaciones: las “tecnológicas” las del “futurismo” y las “imágenes de Nueva York”, uno de los más consumidos modelos posibles para el futuro de Buenos Aires, las “utopías locales” y las “propuestas de intelectuales y reformadores políticos y sociales”. Un análisis comparativo interrelaciona estos siete grupos de anticipaciones, identificando una selección de cualidades relevantes evidenciadas en sus diferencias y similitudes. Este horizonte de futuros urbanos puede ser entendido en términos de proyectos culturales. En esa orientación, la investigación se coloca junto a aquellos trabajos que reconocen el papel de los proyectos culturales, las ideas, las creencias y los medios de difusión en la producción y transformación de la ciudad.

En el ámbito de los estudios históricos, el desarrollo de un enfoque integrado de este tipo permite comprender mejor los complejos mecanismos de cambio y expansión que operaron en Buenos Aires, a principios del siglo XX. La mayor parte de los relativamente escasos textos que se ocupan de la imaginación del futuro producida en esos años, se concentra en el análisis de las utopías o encara el tema del futuro desde el planeamiento y el proyecto arquitectónico. No obstante, estos enfoques sobre los planes urbanos o las utopías tienden a distraer, tanto a historiadores como a planificadores y otros agentes urbanos, de la necesidad de entender cómo los distintos sectores que componen la sociedad piensan sobre el futuro, lo anticipan, lo expresan a través de sus sueños, planes, deseos o temores, y cómo transforman sus aspiraciones y expectativas en acciones urbanas concretas.

Puntos de partida

El relato histórico que junta, compara e integra diversas manifestaciones de la imaginación del futuro, está basado en varias consideraciones.

–El futuro es tiempo presente. Esta situación es comprobable desde el sentido común en tanto que, como se ha mencionado al inicio de este artículo, cada momento de nuestra vida individual o colectiva está compuesto por las memorias del pasado, por las necesidades del presente y por las expectativas sobre el futuro. No hay manera de desarrollar actividad alguna sin una memoria del pasado y sin algún objetivo para el futuro, por mínimo o básico que fuera, como ir al cine, o lograr la justicia social. Esta observación ha sido elaborada por diversos autores, como Carl L. Becker, Paul Ricoeur, Ernst Bloch, Ernst Gombrich, Robert Heilbroner y Kevin Lynch, por señalar los más representativos. (Becker 1973; Ricoeur 1999 y 2000; Bloch 2004 y 2006; Gombrich 2000; Heilbroner 1999; Lynch, 2001).

–La historia de la imaginación del futuro enseña sobre la sociedad que lo formula. Al igual que la historiografía, pero en sentido inverso, es decir mirando para adelante en lugar de para atrás, por ser las anticipaciones del futuro el producto de una sociedad y un tiempo determinados, y por haber sido disparadas por los problemas e intereses del momento, su estudio constituye un aporte sustantivo al conocimiento y la compresión histórica de las sociedades analizadas. En efecto, las anticipaciones del futuro hablan más de esa sociedad que del mismo futuro que describen.

–Las tendencias utópicas tienen una poderosa función liberadora. Tanto Ernst Bloch en El principio esperanza, refiriéndose a la conciencia anticipadora, como Paul Ricoeur en Ideología y utopía, destacan la función liberadora de las tendencias utópicas, su poder para subvertir el orden social existente y proponer sociedades alternativas. Extendiendo las ideas de Bloch y Ricoeur es posible encontrar en las expectativas para el futuro, una poderosa vía para pensar, tanto a nivel individual como social, otro modo, mejor, de vivir.

–Nuestra imaginación del futuro es una idea moderna. La imaginación del futuro es bastante nueva, tiene tan solo unos 250 años. Es por lo tanto, una idea moderna. Es un futuro que imaginamos en la tierra y para nuestros descendientes, no en la vida celestial. Se gestó a mediados del siglo XVIII, junto con el desarrollo científico-tecnológico, el capitalismo y los nuevos sistemas de representación social. Pero, la imaginación del futuro actual tiene una diferencia con respecto a la de principios de siglo XX. En esos primeros años del siglo pasado, estaba directamente ligada a la idea del progreso y la evolución, estaba impregnada de un sólido optimismo y se extendía sobre todos los aspectos de la vida individual y colectiva. Bastaba que el tiempo pasara para que todo fuese mejor pues el futuro era un horizonte de esperanza. Hoy, en cambio, como sostiene Robert Heilbroner en su historia de las visiones del futuro, el pensamiento sobre el futuro es mucho más escaso y además, está impregnado de amenazas y escepticismo.

–La historia del futuro en la historiografía de Buenos Aires: un nicho hasta ahora vacío. Volviendo al ámbito historiográfico específico, se debe destacar que el desarrollo de un enfoque integrado sobre las expectativas del futuro provenientes de diferentes campos, permite comprender mejor los complejos mecanismos de cambio y expansión que operaron en Buenos Aires a principios del siglo XX. Pero, como ya se mencionó, si bien hay variados trabajos publicados sobre los planes y proyectos urbanos y sobre las utopías del período; si bien en la historia se encuentran referencias a ideas sobre el porvenir, no fueron un objeto de un análisis específico. Es posible afirmar, entonces, que las historias de las anticipaciones, son un nicho vacío.

Asimismo, esta historia del pensamiento sobre el futuro en Buenos Aires está motivada por tres razones sociales: estimular el pensamiento sobre el futuro, apoyar el desarrollo de la “capacidad de aspirar”, y habilitar el marco histórico para una reflexión sobre la “identidad como proyecto”.

–Estimular el pensamiento sobre el futuro. En el ámbito cultural y social actual, la reflexión histórica sobre las anticipaciones ayuda a extender el debilitado pensamiento sobre los tiempos por venir. Es reconocido que en la actualidad, la imaginación del futuro está notoriamente menos presente que a principios de siglo XX. Signada por un horizonte de amenazas, en contraste con la certera promesa de un mundo mejor que impregnaba el porvenir imaginado hace cien años, la necesidad de alentar el pensamiento sobre el futuro ya fue señalada por el sociólogo inglés Raymond Williams. En 1983 sostenía que era urgente incluir esa cuestión en los debates, pues comenzar a pensar el futuro es el primer paso para construirlo (Raymond 1984: 12-19).

–Apoyar y estimular el desarrollo y el ejercicio de la “capacidad de aspirar”. El ejercicio de esta capacidad, tal como lo propone el antropólogo hindú Arjun Appadurai, constituye una poderosa herramienta cultural para el desarrollo social y económico de la población urbana de menores recursos, especialmente en los países del Tercer Mundo (Appadurai 2004; 2005: 129-135). Siguiendo a Appadurai, el derecho a aspirar merecería ser instalado, junto al de la imaginación, como derechos emergentes.

–Habilitar el marco histórico para una reflexión sobre la “identidad como proyecto”. Por último, esta investigación ofrece un marco histórico para las reflexiones sobre la identidad. Una de las tres acepciones formuladas por Manuel Castells, “la identidad proyecto”, las otras dos son la de legitimación y la de resistencia, entiende que la identidad de un grupo social se construye conforme a los materiales culturales disponibles y en la búsqueda colectiva de los proyectos de transformación (Castells 1997: 30-34). De este modo, los proyectos de futuro abrevan en la historia y pueden ser fundantes de la construcción de identidades sociales.

¿Qué tiempo y qué lugar?

En la Argentina, las dos primeras décadas del siglo XX constituyen los años centrales de un período histórico más extenso, que se extiende entre 1880 y 1930, desde la organización nacional hasta el primer quiebre institucional producido por el golpe militar que destituyó la segunda presidencia de Hipólito Yrigoyen. En 1930 comenzó un período de 50 años de continuas interrupciones militares de gobiernos democráticos, que se extendió hasta 1983, cuando al fin de la Dictadura Militar fue elegido Raúl Alfonsín como presidente de la Nación, y se inició la etapa actual de vida democrática en la Argentina.

En la primeras décadas del siglo XX, Buenos Aires constituía un lugar privilegiado y el símbolo por excelencia de los adelantos logrados por la joven República. Uno de los rasgos que caracteriza a esos años, ampliamente reconocido por historiadores como Tulio Halperin Donghi y Natalio Botana, es la extendida creencia en un porvenir promisorio, junto con la capacidad de articular y ejercitar las aspiraciones para el futuro (Botana y Gallo 1997; Halperin Donghi 2000). En el Buenos Aires de esos años, el acelerado crecimiento de la población, los cambios urbanos y sociales, el desarrollo tecnológico aplicado a la infraestructura y los servicios urbanos, y la generalizada aceptación de la idea del progreso, estimularon la creencia en un porvenir venturoso de ilimitado mejoramiento. Esta creencia se expresó de muy distintas formas, fue compartida por casi todos los sectores sociales y se manifestó en la mayoría de sus actividades. Desde los grandes terratenientes, funcionarios e intelectuales, pasando por los empleados, maestros y trabajadores urbanos, hasta los inmigrantes de ultramar recién llegados al puerto, casi todos estaban convencidos de la prosperidad que podían alcanzar el país, la ciudad y, por supuesto, ellos mismos. Los edificios públicos se levantaban con tamaños mucho mayores que los necesarios en ese momento, las casas dejaban sus azoteas preparadas para crecer, las avenidas tomaron grandes dimensiones, y los niños se educaban en la escuela pública para participar de un futuro argentino de grandeza asegurada. Si bien esos futuros imaginados conformaban un denso horizonte de esperanzas y opciones tan diversas, contradictorias y complejas como la sociedad misma que los producía, ese porvenir percibido como venturoso, tenía una presencia casi tangible como la piedra y el ladrillo.

¿Qué observa este relato histórico?

La investigación cuya síntesis compone este artículo, se basa en la revisión de un total de 8.367 ejemplares de revistas que se encuentran en repositorios públicos en Buenos Aires y en Nueva ork.

Por un lado, se registraron 7.150 números de revistas publicadas entre 1882 y 1928, de las cuales 3.299 pertenecen a 20 revistas ilustradas de difusión masiva publicadas en Buenos Aires entre 1900 y 1920, como Caras y Caretas, PBT, Fray Mocho, El Hogar, La Ilustración Sud-Americana,2 La Vida Moderna, entre otras. Para analizar el campo de los no especialistas, difícil de encarar por su complejidad y amplitud, la investigación se concentró en los medios gráficos de comunicación, dejando de lado otros medios gráficos como los diarios. Las publicaciones periódicas de principios del siglo XX, contenían todo tipo de noticias de actualidad, así como notas literarias, artísticas, satíricas y cómicas, e incorporaban en sus páginas una gran cantidad de imágenes visuales, reflejaban al tiempo que modelaban la vida urbana en la metrópoli y sus expectativas para el futuro. En ellas, el porvenir se presentaba en llamativas imágenes que capturaban la imaginación de los lectores.

Para analizar los planes letrados, la investigación identificó 939 ejemplares pertenecientes a diez revistas especializadas, publicadas entre 1900 y 1920, entre las que cabe mencionar La Ingeniería, Revista Técnica Suplemento de Arquitectura, Revista de Arquitectura (SCA-CEA) y Anales de la Sociedad Científica Argentina. Si bien no tiene relevancia comparar el número de lectores de ambos tipos de revistas, las ilustradas y las especializadas, el análisis de los planes letrados, a través de su circulación en las revistas especializadas, se justifica por el peso simbólico de estas propuestas, por la cercanía o protagonismo de los autores de los lugares de toma de decisiones urbanísticas.

Rasgos salientes de las anticipaciones del futuro en las revistas ilustradas

A partir de la gran frecuencia con que aparecen referencias a ciudades en las revistas ilustradas en Buenos Aires, es posible sostener que el futuro visualizado es, sin duda alguna: “un futuro urbano, un futuro de ciudades”. Por cierto, esto contrasta con el desarrollo económico del país en esos años, básicamente centrado en la explotación agropecuaria; pero al mismo tiempo muestra que la ciudad era el factor más dinámico. Ese futuro urbano era “altamente tecnificado y vertical”, poblaba las alturas con rascacielos, puentes, autopistas elevadas y aviones que canalizaban el transporte físico de personas y mercaderías. Autos, trenes, tranvías, subtes, veredas móviles y otros medios de transporte abandonaban las calles y se lanzaban al aire, cruzándolo por distintos niveles en estructuras tridimensionales y suspendidas, con vías de circulación segregadas por tipos de transporte. Estos adelantos en las comunicaciones definían un mundo fuertemente interconectado, un mundo de flujos.

Arriba, en el aire, tenía lugar la vida urbana del mañana. Los aviones, que atravesaban un rápido desarrollo tecnológico, junto con los rascacielos –sobre cuyas hazañas en Nueva York los lectores porteños se enteraban por las mismas revistas– eran los símbolos predilectos: sin duda, aviones y rascacielos eran los íconos del futuro urbano. Allí donde una caricatura o ilustración aludía de algún modo al porvenir (como la que imagina en 1910 cómo será el la ciudad en el año 1999, o la que anuncia en la tapa del PBT una noticia del año 2000) una pequeña máquina voladora, que tomaba formas inverosímiles –tanto antes como después de 1905 (primeros vuelos de Wright y otros)– aparecía en algún rincón de la ilustración. De igual modo, los rascacielos remitían de inmediato a la excitación por el futuro, aun cuando fueran objeto de innumerables debates. (Figs. 1 y 2)


Figura 1.
“¡Cómo cambian los tiempos!”. Fuente: Caras y Caretas, 1913. Nº 758.


Figura 2.
“Un probable acontecimiento del año 2000”. Fuente: PBT, 1913, Nº 445.

Una consideración aparte merece el rol de la tecnología: como se evidencia en las revistas y en la bibliografía consultada. Los avances de la ciencia y la tecnología conquistaron el primer plano de la imaginación del futurodurante las primeras décadas del siglo XX.

Es de destacar que, en Buenos Aires el interés por la tecnología creció en las dos primeras décadas del siglo XX, a pesar de los cuestionamientos filosóficos al positivismo científico, el estancamiento de las ciencias naturales locales y el divorcio entre la investigación científico-tecnológica nacional y el sistema productivo. La creencia en el poder ilimitado y benéfico de la ciencia y la tecnología se mantuvo por varias décadas más, así como su inigualable capacidad para iluminar los excitantes senderos de un futuro mejor, lleno de confort y velocidad.

Pero, no todas las innovaciones tecnológicas de esos años inspiraban la imaginación tecnológica de las revistas ilustradas. El tendido de agua y cloacas, clave para la sanidad urbana, así como el de gas, no figuraban en las anticipaciones, Las redes de infraestructura más relevantes en su capacidad para alimentarlas fueron las relacionadas con la electricidad, los transportes intra e interurbanos y las comunicaciones. (Figs. 3 y 4)


Figura 3.
“El tren rayo de mañana”.Fuente: La Vida Moderna, 1909, Nº 140.


Figura 4.
“El mundo del porvenir”. Fuente: PBT, 1905. Nº 32.

Todo lo que se refería a la electricidad, ese fluido poderoso e invisible, producía una fascinación rayana en lo mágico y maravilloso. Era además una de las aplicaciones más directas de los avances de la ciencia, cuya competencia sobre el pensamiento del futuro era incuestionable, en tanto deviene de su capacidad de predecir y prever, además de explicar.

Al tiempo que la creciente cobertura y potencia de energía eléctrica en Buenos Aires invadía y transformaba, como una marea irresistible, la vida privada y pública, acaparaba en especial las visiones del futuro, en las cuales desencadenaba una nueva catarata de impactantes y radicales transformaciones de los modos de vida. Entre ellas, por supuesto, se encontraban las que anticipaban la utilización de la electricidad en los medios de transporte, en la iluminación artificial, y en las comunicaciones.

Uno de los escenarios de futuro que parecía capturar todo el candor y el humor de los lectores y los dibujantes de las revistas, era el uso de la electricidad para asegurar la disponibilidad de servicios personales, veloces y, fundamentalmente, automatizados. Desde la casa eléctrica con sistemas en red para la limpieza o el aseo personal automatizados, o los procedimientos para encontrar esposa, los envíos de comida a domicilio instantáneos, hasta la cura del reumatismo, quita de las arrugas, o los sistemas para crecer rápidamente, la electricidad auguraba un mundo urbano de servicios. De ese modo, la electricidad ayudó a anticipar la sociedad proveedora de servicios que llegaría mucho más tarde, y en la que hoy vivimos como si fuera una segunda naturaleza. (Fig. 5)


Figura 5.
“Casamiento eléctrico”.Fuente: PBT, 1906. Nº 103.

En estas anticipaciones del futuro urbano, la tecnología aplicada a las comunicaciones no solo transformaba la vida cotidiana en la metrópoli, sino el mundo entero, compactando el globo con una cobertura universal e instantánea del sonido, la imagen y hasta las delicias del tacto. Para el transporte de personas y mercaderías, colosales barcos del tamaño de una ciudad, y provistos de todos sus servicios, cubrirían las grandes distancias entre los continentes.

Mientras tanto, por tierra, los trenes conectaron los océanos, incrementaron su velocidad y eficiencia con nuevas aplicaciones de los giróscopos, el aire comprimido o la levitación magnética, y salvaron enormes desniveles, ríos y montañas. Así como en la ciudad y en el campo los trenes se despegaron del suelo y se lanzaron al aire, deslizándose por estructuras suspendidas o colgados de cables como si fueran rayos o saetas, nuevos vehículos híbridos eran imaginados para viajar por tierra, agua y aire. (Figs. 6 y 7)


Figura 6.
“Monorrieles y tranvías aéreos. Fuente: PBT, 1910. Nº 287.


Figura 7.
“El vehículo del futuro”.Fuente: Fray Mocho, 1919. Nº 381.

Sin embargo, ninguna de estas anticipaciones tecnológicas pudo igualar –ni en sus magnitudes, ni en la excitación que producía –, a las inspiradas en los rápidos adelantos de la navegación aérea, entre 1900 y 1920. De un año a otro, los avances eran irreconocibles. Con los imparables logros de los “más pesados que el aire”, parecía que todo cambiaría.

Los escenarios de estas anticipaciones eran, en general, extrapolaciones de situaciones del momento trasladadas casi miméticamente al espacio aéreo. Porque “todo lo que se hace en la calle, en el futuro se hará mejor en el aire”. De ese modo, el cielo urbano se poblaba de mendigos recogiendo puchos, raptos amorosos, carreras deportivas entre aparatos aéreos, o escenas completas que reproducían el congestionamiento y densidad de las principales avenidas metropolitanas: con policías ordenando el tránsito sostenidos por una hélice, bomberos con su manguera y clarinetista abriéndose paso por el cielo, policía montada en aparatos voladores, aviones taxi, hombres-sándwich colgados de globos, cortejos fúnebres, accidentes, propaganda y carteles municipales en el aire. (Fig. 8)


Figura 8.
“El triunfo de la aviación”.Fuente: Caras y Caretas, 1913. Nº 745.

En otras escenas, los aviones –que eran aún imaginados individuales– servían también para apagar incendios con el agua de las nubes, fomentar romances, y replicar el abigarramiento de la salida familiar para el paseo dominguero, con viandas, chicos, abuela y perro. Pero, fundamentalmente, el transporte aéreo intraurbano transformaba las azoteas en puertas de entrada, donde tenía lugar el encuentro del drama privado con la vida pública, como se puede ver en la tensa espera por un marido pasado de copas. Buena parte de la imaginación del futuro publicada en las revistas ilustradas –41%, casi la mitad–, se coloca bajo el benigno y tranquilizador paraguas del humor y la caricatura. Porque el humor permite y, más que nada, alivia el salto hacia el futuro, hacia lo desconocido o temido o exageradamente deseado, abre las compuertas de la imaginación y estimula la experimentación, sin compromisos con saberes instaurados o serios. (Figs. 9 y 10)


Figura 9.
“Dentro de diez años”. Fuente: Fray Mocho, 1917. Nº 367.


Figura 10.
“En 1925. …la señora espera a su marido”. Fuente: Fray Mocho, 1919. Nº 393.

Las caricaturas, con su tendencia a simplificar, exagerar y distorsionar rasgos seleccionados son, por cierto, buenos conductores de las ansiedades, expectativas, deseos o temores acerca de los tiempos por venir. Además, la exageración –propia de este género– se compadece con la tendencia de las historias de futuro a oscilar entre los extremos del deleite o del horror. Pero no hay peligro, en las revistas ilustradas porteñas que se leían los días festivos, predomina el regocijo, el placer y la confianza.

Las notas anticipatorias de humor imaginaban no solo las posibilidades del avión, sino todo tipo de escenas de la vida cotidiana en el futuro. Por ejemplo, la perplejidad que despertaba el arte futurista, o la inversión de los valores inmobiliarios, porque iban a costar más los departamentos de abajo que los de arriba por el barullo de los aviones, o los peligros del tráfico acelerado en varios niveles –donde el peatón no se salva ni zambulléndose en el subsuelo– o las rutinas de irse dormir o despertarse, ir a trabajar, cocinar, el vestuario y la alimentación, entre muchas otras. (Fig. 11)


Figura 11.
“El porvenir del último peatón”. Fuente: Caras y Caretas, 1912. Nº 715.

Un grupo de anticipaciones fueron publicadas una y otra vez, algunas veces en la misma revista en diferentes años, y otras, en distintas revistas. La redundancia y frecuencia con que se las publicaba entre 1900 y 1920 marcan estas imágenes y notas con un “peso” mayor. Posiblemente, los editores las repetían porque pensaban que seguían siendo una novedad interesante o curiosa, o suponían que al público le gustaba imaginar una perspectiva de progreso y confort y, por lo tanto, “vendían bien”. El hecho es que su repetición aumenta el “peso” de dichas notas e imágenes en el horizonte de expectativas de futuro y desde allí su posibilidad de influir en las decisiones o ideas urbanas.

La serie más larga y rica de repeticiones y semejanzas es la ya mencionada “ciudad vertical del porvenir”. Este tema adquirió una notable persistencia en horizonte de las expectativas urbanas de los siglos XX y XXI, y no solo en Buenos Aires, sino a nivel global. Por ejemplo, la imagen más representativa de esta serie –y la más repetida– se publicó, igualita, cuatro veces en ocho años, con distintos títulos y en diferentes revistas: dos veces en Caras y Caretas (1909 y 1910), una en La Vida Moderna (1909), y otra en El Hogar (1917). Lleva títulos como “El mundo del mañana”, “La ciudad del porvenir” o “El mundo en lo futuro” y es parte de largos artículos que desarrollan las calidades del porvenir, que terminan necesariamente con una sección sobre las ciudades del futuro. Esa imagen reproduce facsimilarmente, pero sin asomo de cita alguna en ningún caso, el dibujo de William Robinson Leigh “Visionary City”, de 1908, que está inspirado en los rápidos cambios de Nueva York. Y, por cierto, Nueva York es el modelo implícito en “la ciudad vertical del porvenir”. (Fig. 12)


Figura 12. Ilustración publicada bajo distintos títulos en diferentes publicaciones. Fuente: Caras y Caretas, 1910, Nº 601, 9 abril. La Vida Moderna, 1909. Nº 27.

No sólo hay repetición de notas y de imágenes, también hay apropiaciones: algunas son de un candor inigualable, como la serie de imágenes publicadas en dos revistas distintas, Caras y Caretas y La Vida Moderna, en 1910, donde se cambia el paisaje parisino y londinense, publicado en una de ellas, por uno porteño –Catedral y Plaza de Mayo–, con el simple dispositivo de cortar y pegar. (Figs. 13 y 14)


Figura 13.
“La ciudad del porvenir”. Fuente: Caras y Caretas, 1910, Nº 601.


Figura 14.
“El transportador…”. Fuente: La Vida Moderna, 1910. Nº 155.

Otra apropiación notable muestra una imagen de trenes que atraviesan raudamente, en la noche iluminada a pleno, una ciudad vertical, con calles sumergidas en la penumbra y utilizadas solo para la circulación, los servicios y el aprovisionamiento. Fue publicada en La Vida Moderna en 1908. Dos años después, en 1910, La Ilustración Sud-Americana se la apropia para Buenos Aires, y sin que le tiemble el pulso la titula: “Una ojeada al porvenir. Trenes monorrieles cruzando la ciudad de Buenos Aires”. (Fig.15)


Figura 15.
Una revolución en los sistemas de transporte. Fuente: La Vida Moderna, 1908. Nº 64.

No todas son apropiaciones facsimilares. Hay otras más creativas. La más notable es la ilustración que Arturo Eusevi, dibujante español residente en estas orillas, preparó para mostrar cómo sería Buenos Aires en 2010. Fue publicada en PBT, junto con otras imágenes que acompañan un artículo de Enrique Vera y González, el 25 de mayo de 1910, en el número aniversario de la Revolución de Mayo. Para conmemorar el Centenario, autor y dibujante se lanzaron a imaginar la ciudad del 2010. Este es un ejemplo paradigmático de la serie de la “ciudad vertical del porvenir”, apropiado para Buenos Aires: con fuerte verticalidad, vías de comunicación elevadas y suspendidas corriendo a distintos niveles y segregadas por tipo, aviones, visualización de un fragmento de la ciudad, calles de servicio casi subterráneas, y muy poca gente en los espacios urbanos abiertos, que son mayormente de circulación. Lo que es evidente en esta apropiación, así como en otras imágenes de esta serie, es su directa relación con las imágenes que provenían de Nueva York. (Fig. 16)


Figura 16.
“Buenos Aires en el año 2010”. Fuente: PBT, 1910. Nº 287.

Porque cualquiera fuera el título bajo el cual aparecían las notas y dibujos de esa ciudad vertical, los lectores de las revistas ilustradas porteñas podían asociarlos fácilmente con Nueva York, sobre cuyos adelantos y construcciones se enteraban en las mismas revistas. En ellas se publicaban, con redundancia, notas e ilustraciones sobre las grandes construcciones contemporáneas neoyorquinas, envueltas en calificativos como “grandiosas”, “colosales” o “las más grandes del mundo”: incluían noticias sobre rascacielos , esos barrios de 20 pisos; trenes subterráneos y elevados, grandes estaciones terminales, redes de agua y electricidad, túneles subfluviales y puentes colgantes.

Asociaban, como era frecuente, la agitada, congestionada, mercantil y multifacética vida neoyorquina, con las imágenes de Babel y Babilonia; pero también informaban sobre las difíciles condiciones de vida de “la otra mitad”, formada por inmigrantes y trabajadores, en los barrios pobres de Nueva York. Lo cierto es que en las revistas de Buenos Aires, Nueva York se perfilaba como el paradigma urbano de la aplicación masiva de la ciencia y la tecnología, y con esta calidad de frontera tecnológica, asociada a su enorme desarrollo comercial, financiero, industrial y portuario, es posible afirmar que Nueva York fue uno de los modelos de futuro urbano anticipados para Buenos Aires en las primeras décadas del siglo XX. Los rascacielos, en particular, eran objeto de gran atracción por su novedad y envergadura, pero también de cautela, expresada en críticas que adherían a las opiniones europeas, y algunas norteamericanas, sobre su descarnado mercantilismo y la ausencia de valores estéticos. De todos modos, no sería aventurado sostener que esa tendencia a construir hacia el cielo –ese skywards trend of thought, como lo denomina Thomas Van Leeuwen en su excelente tratado sobre los aspectos simbólicos de los rascacielos (Leeuwen, 1988)–, sumada a la circulación en vertical, era una de las marcas del futuro en la propia ciudad de Nueva York, y así se la recibía también en Buenos Aires. (Fig. 17)


Figura 17.
La reconstrucción de Nueva York (fragmento). Fuente: Fray Mocho, 1912. Nº 26.

Las revistas mostraban también las nuevas, impactantes y modernas vistas áreas de Nueva York que obtenían los aguerridos fotógrafos equilibristas, subidos a los altísimos andamios de los rascacielos en construcción. Buenos Aires no estaba para menos, y los reporteros gráficos porteños repetían con placer las hazañas de sus colegas neoyorquinos, a medida que se iban levantando los edificios en altura… cambiando solo la torre del Singer por los pisos del Palacio del Correo… (Fig. 18)


Figura 18. Nueva York en Buenos Aires Fuente: Fray Mocho, 1916. Nº 234.

Al mismo tiempo, estas grandes obras de alardes tecnológicos, tan alabadas y admiradas, concitaban también comentarios críticos o de cautela sobre ese “reino de lo inverosímil”, y eran paralelas a otras notas que mostraban cómo las relaciones de Argentina con los Estados Unidos no eran ni tan fáciles ni tan tersas, desde muy temprano, enfrentándose por la Doctrina Monroe y las invasiones en América Central. (Fig. 19)


Figura 19.
El peligro yankee. Fuente: Caras y Caretas, 1904. Nº 324.

Numerosos artículos e ilustraciones muestran cómo, en Buenos Aires, la imaginación del futuro urbano circulado en las revistas, no solo se inspiraba en Nueva York sino en algunas de las imágenes de su futuro. Las revistas porteñas publicaron versiones facsimilares de ilustraciones neoyorquinas del futuro, como por ejemplo la impresa en Scientific American en 1913, que apareció solo dos meses después en Caras y Caretas. Muestra los altos rascacielos unidos por una estructura tridimensional de circulaciones, distintos niveles segregados por tipo de transporte, y la desaparición del nivel cero de la calle como plano principal de circulación. (Fig. 20)


Figura 20.
La ciudad futura. Fuente: Caras y Caretas, 1913. Nº 779.

En otra imagen, más tardía, publicada en 1929 en El Hogar, se ve nuevamente una ciudad vertical, una estructura tridimensional de transportes segregados por tipo, un punto de vista elevado, un fragmento vertical de la ciudad, la calle sumergida, y aparatos aéreos por doquier. Esta ilustración reproduce las imágenes del futuro de Nueva York incluidas en las guías de esa ciudad que publicaba periódicamente Moses King desde, al menos, 1892, como la que aparece en la portada de la guía de 1911-1912 o la correspondiente a la de 1908, que se distinguen y se pueden fechar por los estrambóticos aparatos voladores que incluyen. Por lo demás, todos los rasgos de la ciudad vertical del porvenir están presentes en estas imágenes. (Figs. 21 y 22)


Figura 21.
Buenos Aires en el futuro.Fuente: El Hogar, 1929. Nº 1021.


Figura 22.
The Towering Sckyscrapers.Fuente: Moses King, 1911. King’s Views of New York.

En una revisión de revistas ilustradas editadas en Nueva York, se han identificado otras anticipaciones del futuro que, si bien no fueron publicadas facsimilarmente en Buenos Aires, han sido quizás la fuente de inspiración para los dibujantes locales. Ejemplos de esos futuros imaginados para Nueva York se evidencian en al menos tres ilustraciones: una, de enero de 1901, que muestra un fragmento vertical de la avenida Broadway, toda en el aire, con aparatos voladores que cubren la travesía a Europa en seis horas, trenes suspendidos, paradores elevados, altos edificios, uno de ellos denominado Babel, avisos de comunicaciones inalámbricas. Otra ilustración de 1903 muestra, desde un punto de vista elevado en Governor’s Island, una ciudadela flotante de altísimos edificios, ligados por un importante puente a un denso y elevado Downtown, más otros puentes y raros aparatos voladores (todos anteriores al vuelo de los hermanos Wright de 1905); otra ilustración publicada el 30 de diciembre de 1900, al filo del siglo XX –cambios de siglo que, como sabemos por experiencia propia durante el año 2000, disparan tanto la revisión del pasado como la imaginación del futuro–, anticipa la ciudad de Nueva York en 1999. La ilustración muestra cómo será 99 años más tarde, con innumerables puentes, grandes torres gemelas, alta densidad de edificios altísimos, y además, legalizada por una tríada de ingenieros, funcionarios y agentes inmobiliarios, que dan fe de su acierto.

Esta última ilustración está firmada por el dibujante Louis Biedermann, quien había trabajado por décadas en el periódico The World de Nueva York, produciendo numerosas vistas aéreas de la ciudad. Biedermann se especializaba en mezclar el presente y el futuro en sus representaciones urbanas, como la que muestra los siete niveles de Nueva York, de 1909, o la que ilustra la Exposición Universal de Saint Louis, de 1904.

Si bien es cierto que estas imágenes no tienen eco o réplica directa en Buenos Aires –aun cuando durante las primeras dos décadas del siglo XX varias anticipaciones locales tomaron algunos de sus rasgos– finalmente, dibujos firmados por Biedermann ilustraron una mediática anticipación de Buenos Aires, 250 años en el futuro, publicada en el suplemento dominical del diario Crítica en 1927, con una total domesticación de la ciudad con respecto al avión. (Fig. 23 y 24)


Figura 23. “New York City, as it will be in 1999. Fuente: Pictorial Forecast of the City as Approved by Andrew H. Green, H. H. Vreeland and John McDonald. Copyright 1900, by The Press Pub Co. Supplement  to The World, 1900.


Figura 24.
En el año 2177… Fuente: Diario Crítica, 1927. Nº 5118.

Integrando el horizonte de expectativas del futuro urbano

Si se comparan los rasgos de la ciudad vertical del porvenir, circulada en las revistas ilustradas, con los planes letradosdisciplinares, es posible comenzar a integrar los rasgos del futuro urbano, en tanto que es la oposición que presenta los mayores contrastes y emerge con más nitidez del material analizado.

Se puede decir que los planes letradosanticipan un entorno urbano que corrige los defectos de la ciudad existente, como la estrechez de sus calles, la monotonía de la cuadrícula y la falta de amplias vías de comunicación. Y propone transformaciones conforme a los criterios de la urbanística parisina de la época, con la apertura de avenidas, puntos focales monumentales, rotondas, parques y plazas. Es una urbe concebida como un todo unitario, con un centro jerarquizado, sus bordes definidos y desarrollada en un solo plano, el de la calle. Prioriza el espacio de lugares, el espacio físico, sobre los flujos. No incluye la infraestructura de servicios, como la provisión de agua, desagües cloacales y pluviales, basuras o redes de electricidad, excepto la estructura vial. Su funcionamiento no depende de manera crucial de los adelantos tecnológicos de la época. El escenario del futuro en los planes letrados está basado en la extrapolación y corrección de algunas de las tendencias de desarrollo urbano.

Por el contrario, la ciudad vertical del futuro,imaginada en las revistas ilustradas, salta por encima de la ciudad existente a un escenario totalmente diferente, marcado por la verticalidad, la estructura tridimensional y la compactación auspiciada por veloces medios de transporte segregados por tipos y niveles. Contiene todos los adelantos del confort y automatización en materia de comunicación y servicios. Es una metrópoli organizada conforme a una red tridimensional isomorfa, no jerarquizada, salvo en el gradiente vertical. Sus bordes son difusos y prioriza los flujos y el movimiento por sobre el espacio físico y estático. Por lo tanto, la provisión de energía eléctrica u otra forma de energía barata de cobertura universal, es crucial para que esta ciudad funcione. Así como en este modelo urbano las actividades se despegan del suelo, también se desprenden de la materia los cableados, y de ese modo se goza de una perfecta infraestructura inalámbrica y virtual. Si bien contiene un escenario radicalmente alejado de la ciudad tradicional y los planes letrados, no es un salto al vacío, sino que se construye extrapolando las tendencias marcadas por los extraordinarios avances científico-tecnológicos del momento. Son estos avances los que disparan la imaginación del futuro, básicamente inspirada en Nueva York. Esta imaginación anticipatoria está acompañada por el humor, que ofrece un cómodo paraguas para conjeturas sin temores ni condicionantes, y fundamentalmente atravesada por la excitación de un futuro que se creía al alcance de la mano, seguro, promisorio, sin contradicciones ni tensiones.

De la comparación de estos dos modelos de futuro, surge una serie de oposiciones que integran el horizonte de las expectativas del futuro urbano: la ciudad bidimensional, desarrollada sobre un plano principal de los planes letrados versus una estructura tridimensional que ocupa el espacio aéreo en la ciudad vertical del porvenir; los transportes, corriendo mayormente sobre un único plano horizontal versus los que conquistan el aire y corren por estructuras tridimensionales, segregados por tipo y velocidad; la organización jerárquica y centralizada versus estructura isomorfa en red; una concepción unitaria del plan versus un agregado de fragmentos; los espacios de lugares de los planes letrados versus espacios de flujos de la ciudad vertical del porvenir; las calles como ámbito de encuentro y multifuncionales versus calles sumergidas destinadas al transporte y los servicios; energía eléctrica utilizada como apoyo al funcionamiento de la ciudad versus energía eléctrica, vital para el funcionamiento de los flujos; ciudades distantes conectadas relativamente en el tiempo versus compactación del tiempo y el espacio a través de la comunicación instantánea y los transportes.

A estos elementos contradictorios que integran el horizonte del futuro, se deben agregar los que son similares en ambos modelos. Si bien con distintos matices, los dos imaginan un porvenir mejor, promisorio, feliz, sin tensiones y de seguro advenimiento. Además, ninguno ejercía una mirada crítica social, ni política, ni ideológica. Ambos abrevan en ideas provenientes del exterior: París y Nueva York estaban bien instaladas en el horizonte de expectativas del futuro en Buenos Aires. En los dos modelos el futuro anticipado era internacional, único, parejo y perfectamente intercambiable entre ciudades.

Los fundamentos estéticos e higiénicos de los planes letrados, y los avances científicos y tecnológicos de la ciudad vertical del porvenir, permitían mundializar el escenario anticipado, conforme a la pretendida neutralidad y universalidad de la estética de los primeros y del conocimiento científico-técnico en la segunda. De este modo, ambos modelos intentan instalar a Buenos Aires en el concierto internacional de las grandes ciudades.

Casi podríamos decir que el futuro de Buenos Aires se resolvía, en ese entonces, con un viaje entre París y Nueva York.

Al integrar en la comparación entre “los planes urbanos” y “la ciudad vertical del porvenir”, las anticipaciones contenidas en las utopías, el futurismo y una selección de ideas de reforma social y política, emerge otra serie de observaciones sobre las expectativas, que ofrecen mayor variedad en su textura. En primer lugar, la función de la ciencia y la tecnología, como motor principal de la imaginación del futuro, no solo emerge en el modelo de esa ciudad vertical, sino también en la mayoría de las utopías y en las propuestas del futurismo. Por el contrario, en las ideas de los reformadores políticos y sociales, salvo en el caso del socialismo, los adelantos científico-técnicos no ocupan un lugar relevante, quizás por su visualización como conocimiento e instrumentos neutros, sin tintes morales. Tampoco ocupan un sitio determinante la ciencia y la tecnología en los planes letrados. En segundo lugar, tanto en las revistas ilustradas como en la mayor parte de las utopías y en las ideas del futurismo, así como naturalmente en los planes, la ciudad se encuentra en el centro del horizonte de las expectativas del futuro. De tal modo, el mundo del futuro es visualizado como un mundo de ciudades: está compactado por las comunicaciones y los transportes, tiene dimensión planetaria y está reagrupado por regiones. Debido a las condiciones que requiere un funcionamiento sincronizado e intenso de los flujos que atraviesan a las ciudades de este mundo compactado, se implica o visualiza la centralización de su administración y control, tanto en las revistas ilustradas como en las utopías. Pero, también se lo imagina centralizado y moderno en diversas propuestas políticas del momento, exceptuando a los anarquistas. En casi todos los grupos de anticipaciones revisados, el futuro es vislumbrado como intercambiable, sin marcas regionales: el futuro era un paisaje parejo e internacional. O globalizado. Como ocurre, para algunos, en la actualidad.

Las marcas regionales o el peso de la historia tenían poco lugar en el futuro anticipado por los diversos grupos. Sin embargo, en “los planes letrados”, la cuadrícula, esa pesada herencia del mundo colonial, es denigrada pero mantenida a ultranza, y solo se le insertan avenidas y otros dispositivos de embellecimiento. Por otro lado, ninguna de las utopías se aleja sustancialmente de la cuadrícula y de las propuestas más tradicionales, como por ejemplo: la forma en que resuelve el centro de la ciudad la utopía anarquista de Pierre Quiroule, de 1914; o las descripciones de Otto Dittrich, de su metrópoli socialista, quien le agrega paisajes de la ciudad-jardín; o en La Estrella del Sur de Enrique Vera y González; o en la del higienista Emilio Coni, con su ciudad ideal del porvenir.

El arte futurista rechazaba a pleno las formas tradicionales, y esa fue una de sus principales banderas. Pero no se ha encontrado en las revistas ilustradas porteñas –aquellas que tan temprano informaron, en serio o en broma, sobre el futurismo– ningún eco de las propuestas de sus arquitectos, como Antonio Sant’Elia o Mario Chiattone. Y esto es notable, en tanto estas ilustraciones tendrían varios elementos en común con “la ciudad vertical del porvenir” donde, entre otros rasgos, junto con las calles multiuso tradicionales, desaparece también la cuadrícula colonial. Tampoco se ha encontrado hasta ahora, en la bibliografía revisada, un análisis de las relaciones entre el futurismo y la imaginación vertical del porvenir en Nueva York, salvo en los trabajos de Jean Luis Cohen (Cohen, 1995).

Sin embargo, el pasado se impuso para amojonar el futuro. Tanto en algunos relatos utópicos como en las revistas ilustradas, las conmemoraciones centenarias de la Nación ofrecieron fechas propicias para anclar la imaginación del futuro. Entre ellos, los textos de Enrique Vera y González, y el más temprano de Paul Groussac, quienes la sitúan, respectivamente, en el Bicentenario y Centenario. Y es en torno al Centenario cuando se publicaron con mayor frecuencia, en las revistas ilustradas locales, notas e imágenes sobre el futuro. Es posible pensar que los preparativos para la conmemoración de un pasado interpretado como fundacional de la Nación –simultáneos a los años de crecimiento económico y en el marco de una extendida creencia en el progreso y la evolución– hayan disparado de modo tan notable la imaginación del futuro en las revistas ilustradas, así como el placer de los lectores que las consumían. También la producción y publicación de los pocos relatos utópicos locales fue mayor en torno a esos años.

Casi todas las anticipaciones analizadas, las producidas por las revistas, las utopías, las ideas futuristas y las contenidas en las propuestas de los intelectuales y políticos, salvo escasas excepciones, eran optimistas acerca del futuro, que se anticipaba necesariamente mejor que el pasado. Esa creencia perduró durante buena parte de la primera mitad del siglo XX, pero con matices. Durante la Primera Guerra Mundial, no solo se publicaron menos notas sobre el futuro en las revistas, sino que también en el campo letrado e intelectual se comenzó a resquebrajar esa sólida creencia en futuro mejor y se instaló cierta incertidumbre acerca del porvenir. Además, como una manifestación más de una sociedad que se iba complejizando, el horizonte del futuro se definió con elementos más diversos y contradictorios, en tanto hubo más sectores y grupos que fueron capaces de articular y difundir sus propias expectativas.

Inercias en el horizonte de expectativas

Por cierto, “los planes letrados”de la época analizada definieron algunas transformaciones de la ciudad, en su momento y en años posteriores. Pero durante la primera mitad de siglo XX, lo hicieron sin haber sido siquiera sancionados, ni haber tenido oficinas o instrumentos de aplicación. Hasta 1962, fecha en que se sancionó el Primer Plan Regulador de la ciudad de Buenos Aires, estos planes letrados funcionaron más bien como ideas, cuya disponibilidad fue auspiciada, en algunos casos, por haber sido incorporadas en planes sucesivos, y así se mantuvieron vigentes en el horizonte de expectativas. De esa forma, tuvieron un recorrido de algún modo similar a las anticipaciones extradisciplinares: por su persistencia en el horizonte del futuro, perduraron como opciones posibles que, en algún momento oportuno, fueron consideradas y se cristalizaron.

Un ejemplo de estos recorridos se ilustra con los proyectos anticipados por José M. Lagos en 1869, esbozando lo que posteriormente serían la Avenida de Mayo, la Avenida 9 de Julio, las avenidas diagonales y la avenida de circunvalación General Paz.

Anticipando los cambios más recientes

Una de las observaciones más interesantes que es posible mostrar reside en señalar que muchos de los elementos urbanos recientes, tanto en Buenos Aires como en otras grandes metrópolis, fueron anticipados por la imaginación del futuro que circuló en las revistas ilustradas de principios del siglo XX. No fueron las ideas de los planes de la época estudiada las que anticiparon estas recientes transformaciones, sino aquellas que circulaban en las revistas ilustradas y en los relatos utópicos. Se trata de esa imaginación que podríamos llamar popular, o plebeya, generada por fuera del pensamiento ilustrado y desde su capacidad de desacralizar la mirada y las ideas.

Por ejemplo, una buena parte de los numerosos shoppings urbanos o suburbanos de Buenos Aires tienen una estructura tridimensional vertical, donde se pierden las referencias de localización interna y externa y se visualizan solo fragmentos en espacios que no tienen principio ni fin. Las torres corporativas y de viviendas de Pacífico, Catalinas, Puerto Madero, o las que se encuentran en la intersección del Acceso Norte con General Paz, están jerarquizadas según un gradiente vertical hacia las alturas: vale más caro lo que está más alto. Además, toman las formas del modelo globalizador que definen paisajes uniformes, intercambiables, sin marcas regionales. Da lo mismo que estos edificios estén en Shanghai, Hong Kong o Buenos Aires. Las autopistas que se han construido en los últimos 30 años en Buenos Aires están segregadas por tipo de transporte, y son usadas solo por aquellos que pueden pagar el peaje; el espacio urbano ha dejado de ser unitario y centralizado, y está fragmentado y segregado por los efectos de una infraestructura astillada por la privatización, tal como se puede ver fácilmente en una lectura del suplemento de los countries, en los grandes diarios, comparado con un mapa de la pobreza. Se registra una paulatina desaparición de las veredas como espacio público para los encuentros fortuitos y el paseo, como en el sector de torres del barrio de Belgrano, y las calles tienden a ser solo vías de circulación y canales de servicios. Además, la sociedad de servicios se expande en calidad y en tiempo, cubriendo una porción del día cada vez mayor. Y por cierto, las tensiones entre la privacidad y el control es moneda corriente en los barrios y en el Gran Buenos Aires. Uno de los rasgos más notables de estas anticipaciones circuladas en las revistas ilustradas, es la exploración de las más lejanas fronteras imaginables de la ciencia y la tecnología y su aplicación a la vida urbana. Con su focalización sobre los avances en el transporte, las comunicaciones y la energía, esa imaginación del futuro plebeya anticipó algunos de los motores del cambio y la reestructuración social y espacial global, operados en estos últimos años, impulsados por el avance en la tecnología de la información, tema tan trabajado por reconocidos analistas.

Antes de concluir, es importante destacar que el trabajo de aproximación a temas que hacen a la vida urbana, como a la imaginación del futuro, realizado desde múltiples campos diversos, es productivo y revelador. Pero fundamentalmente ha sido estimulante porque, al exceder el campo profesional e incluir la producción de anticipaciones circuladas en las revistas ilustradas, la investigación se enriqueció no solo con los contenidos específicos –al poner en contacto estos dos campos– sino también con el humor, el deleite y el contagioso entusiasmo por descubrir las potencialidades que el progreso tecnológico de la época permitía imaginar. Estas anticipaciones plebeyas transmiten una energía y una potencialidad de cambios que los planes letrados no tenían, y que un estudio focalizado solo en la disciplina del planeamiento no puede registrar.

Si algo nos muestra esta revisión histórica es la necesidad de entender la ciudad en el cruce de campos disciplinares y extradisciplinares diversos. En el ámbito social, muestra la necesidad de desarrollar un espacio público donde se puedan negociar las aspiraciones para el futuro, y formular proyectos que conjuguen las expectativas de los profesionales y los habitantes de Buenos Aires.

Es posible sostener entonces, retomando las razones presentadas al principio de este artículo, tributarias de Williams, Appadurai y Castells, que esta imaginación consensuada del futuro es el instrumento social necesario para tomar las decisiones en el presente, ejercer el derecho a aspirar y cimentar las identidades sociales. El horizonte de futuro actual es más complejo y disputado que el de cien años atrás, y es posible que los avances en las redes de información permitan que sean radicalmente más numerosos los actores que puedan hacer oír su voz y tomar parte activa en su construcción. De ese modo, es factible que en esa intersección de saberes disciplinares y extradisciplinares se encuentren las huellas del futuro en el presente, aquellas que la sociedad puede ver y disfrutar, y que los técnicos y profesionales no ven hoy día, ni tomaron en cuenta cien años atrás.

NOTAS

1. Este artículo es una versión reformulada del capítulo introductorio del libro Margarita Gutman, Buenos Aires: El Poder de la Anticipación. Imágenes itinerantes del futuro metropolitano en torno al Centenario, Buenos Aires: Ediciones Infinito, 2011, pp.764.

2. La Ilustración Sud-Americana: optamos por escribir Sud-Americana, aunque en ocasiones los propios editores escribían Sud Americana, y en algunos textos de la bibliografía se refieren, indistintamente, a esa revista como Sud-Americana, Sud Americana y Sudamericana. Algo similar ocurre con El Sud-Americano y el Almanaque Sud-Americano.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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