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ARTICULO

Finlandia Pizzul

Natalia Silvina Daldi *

* Arquitecta por la Universidad de Mendoza (UM). Investigadora del equipo de Historia y Conservación Patrimonial del Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales (INCIHUSA), Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), Mendoza, Argentina. Investigadora especializada en la historia de las mujeres en el campo de la Arquitectura. Doctoranda en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo (FFYL, UNCUYO).

Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales (INCIHUSA), Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Av. Ruiz Leal s/n, Parque General San Martín (5500) Mendoza, Argentina. Email: ndaldi@mendoza-conicet.gob.ar

Esta publicación forma parte de una investigación mayor titulada “Las primeras arquitectas. El desempeño de las mujeres en el campo disciplinar y profesional de la arquitectura (Argentina, 1929-1939)”, INCIHUSA, CONICET.

RECIBIDO: 05/03/2018
ACEPTADO: 15/06/2018.


RESUMEN

Desde sus inicios, la Arquitectura ha sido una profesión altamente masculinizada. A pesar de esto, a fines del siglo XIX algunas mujeres de distintas partes del mundo decidieron ser arquitectas y, por diversas razones, quedaron excluidas de la Historia de la Arquitectura canónica. Esta situación también se vio reflejada en la Argentina. Finlandia Pizzul fue la primera mujer argentina en egresar de la Escuela de Arquitectura en 1929. Luego de graduarse, ingresó al campo disciplinar y ejerció la profesión durante treinta años. El presente artículo explora, por un lado, dos estrategias que Pizzul desarrolló para insertarse profesionalmente en dicho campo. Por el otro, identifica algunos obstáculos que encontró durante ese proceso.

Palabras clave: Finlandia Pizzul; mujeres arquitectas; historia de la arquitectura; campo disciplinar; campo profesional.
Referencias espaciales y temporales: Buenos Aires (Argentina); 1902-1987.

ABSTRACT

From the very beginning, Architecture has been a male profession. Even so, at the end of the 19th Century some women decided to become architects and, for many reasons, they were excluded from the canonical History of Architecture. This situation was also reflected in Argentina. Finlandia Pizzul was the first argentinian woman who finished her studies at the School of Architecture in 1929. After that, she went into the disciplinary field and practiced her profession for thirty years. This paper explores, on one hand, the strategies Pizzul developed to step into this professional field. On the other hand, this text identifies some obstacles she found out during that process.

Keywords: Finlandia Pizzul; female architects; history of architecture; disciplinary field; professional field.
Space and time references: Buenos Aires (Argentina); 1902-1987.



Figura 1: Retrato de la Arquitecta Finlandia Elisa Pizzul. Fuente: Boletín oficial de la Sociedad Central de Arquitectos (SCA), N°114, 1981, p. 32.

En Argentina, el campo disciplinar y profesional de la Arquitectura, desde su conformación a fines del siglo XIX y hasta mediados de la década de 1920, estaba compuesto en su mayoría por agentes varones.1 Si bien a comienzos del siglo XX, algunas argentinas ya cursaban estudios superiores en distintas facultades del país, en carreras como Medicina, Derecho, Filosofía e inclusive Ingeniería (Lorenzo, 2016), por diversas razones la carrera de Arquitectura aún no les resultaba atractiva. Recién en 1916 se advierte por primera vez la presencia de una estudiante en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Se trataba de la alumna Mendoza Pizzul, quien por razones desconocidas no pudo terminar la carrera.2 Posteriormente, en 1923, ingresó a la misma institución su hermana menor, Finlandia Pizzul, quien luego de finalizar sus estudios en 1929 se convirtió en la primera arquitecta argentina (Figura 1).3

Finlandia Elisa Pizzul nació el 22 de mayo de 1902 en la Capital Federal.4 Era hija de una de las tantas familias que llegaron desde Europa con la gran ola migratoria decimonónica (Barrancos, 2012). Su infancia transcurrió junto a sus padres, hermanos y hermanas en la misma ciudad. Allí terminó sus estudios secundarios y egresó del Liceo Nacional de Señoritas N°1. Motivada por sus clases de dibujo en el Liceo, donde según su propio relato “sobresalía en la especialidad”, decidió estudiar Arquitectura (Pozzo Ardizzi, 1930, p. 10).

Si bien desde fines del siglo XIX la carrera de Arquitectura había funcionado como una especialización de rango inferior dentro de la Ingeniería (Cirvini, 2004),5 ya para la década del 20 había alcanzado una progresiva diferenciación del habitus.6 Luego de su inauguración en 1901, la Escuela de Arquitectura intensificó la inculcación de este habitus a sus estudiantes, a partir de la incorporación de una mayor cantidad de materias artísticas y talleres (Cirvini, 2004). Sin embargo, y pese a estos esfuerzos por diferenciarlas, en el imaginario colectivo aún se asociaban ambas disciplinas. La Ingeniería, por su parte, era considerada una de las típicas “carreras masculinas” inaccesibles para las mujeres, probablemente debido a la carga de materias técnicas y científicas que proponía.7

Es posible que la asociación entre ambas disciplinas haya desalentado, en los primeros años de la Escuela, la elección de la carrera de Arquitectura por parte de las mujeres. Una vez cumplida la función diferenciadora y aglutinadora del habitus de los arquitectos, este debate comenzó a perder fuerza (Cirvini, 2004, p. 95). En este contexto Pizzul ingresaba como estudiante.

Por aquellos años, las políticas del proceso modernizador argentino8 generaban una progresiva burocratización de la obra pública, la cual fue constante y creciente desde los años 20, con los gobiernos conservadores, hasta los 50, con el Estado peronista en plena expansión (Cirvini, 2004). Esto requirió la apertura de numerosas oficinas estatales en distintos puntos del país, con una alta demanda de profesionales y técnicos. Bajo esta coyuntura, y luego de graduarse en 1930, Pizzul ingresó al equipo técnico de la Comisión Asesora de Asilos y Hospitales Regionales.9 Cabe destacar que fue la primera mujer que trabajó en dicho organismo (Sosa de Newton, 1980).10 Allí desarrolló toda su trayectoria profesional  y realizó numerosas obras de arquitectura hospitalaria,11 hasta jubilarse como asesora del Director Nacional de Arquitectura (La Nación, 1980; Sosa de Newton, 1980).

Además de su labor en el ámbito de la obra pública, Pizzul tuvo una destacada participación en la Sociedad Central de Arquitectos (SCA) a lo largo de 30 años, hasta alcanzar la categoría vitalicia en 1961. Durante ese periodo desarrolló múltiples funciones. Logró convertirse en la primera directora de la Biblioteca, entre 1935 y 1937, y en la primera mujer en ocupar un cargo en dicha institución.12 También participó como vocal, como jurado de los Salones Nacionales de Arquitectura Contemporánea que organizaba la SCA y como delegada en Congresos Nacionales e Internacionales de Arquitectura.

El presente artículo busca conocer, por un lado, cuáles fueron las estrategias que desarrolló Pizzul para insertarse dentro del campo de la arquitectura argentina a comienzos de la década de 1930. Por el otro, se propone identificar algunos obstáculos con los que se encontró al momento de su inserción. Se parte del supuesto de que Finlandia Pizzul, consciente de la desigual visión androcéntrica13 de la época, supo aprovechar los intersticios del sistema e implementar estrategias que superaran los obstáculos que se le presentaban por su condición femenina y, a partir de ello, abrir nuevos espacios.

La investigación marco de este artículo se apoya en dos teorías sociológicas. Por un lado, la “teoría de la acción” de Pierre Bourdieu, que permite comprender la relativa autonomía que tenía el campo de la Arquitectura argentina en la primera mitad del siglo XX, dentro del cual se inserta Pizzul. Según Bourdieu (1997), se entiende el campo como un “espacio de juego”, históricamente constituido con sus instituciones específicas y sus propias leyes de funcionamiento. Dentro del campo, los jugadores (agentes), están interesados en el juego que allí se despliega y, a partir de la illusio14, aceptan sus reglas y condiciones. Así pues, los jugadores pueden realizar distintas jugadas dentro de él y, a través del habitus, realizar infinidad de jugadas. De este modo, el habitus se convierte también en una “disposición estratégica de juego”.

Por otro lado, se adopta el punto de vista feminista de Eli Bartra como punto de partida del proceso de investigación, que supone que “existen conceptos y categorías específicas que tendrán que entrar en acción si se lleva a cabo una investigación de carácter feminista” (Bartra, 2002, p. 148). Desde estos conceptos se pueden develar cuestiones tradicionalmente naturalizadas en el orden social, como la invisibilidad de las mujeres15 o la violencia simbólica.16

Además, se utiliza la biografía como recurso para explicar el proceso histórico por el cual Finlandia Pizzul participó activamente como agente legítima dentro del campo. Como sugiere Perla Bruno (2016), se entiende que el recurso biográfico, atravesado por las preguntas de esta investigación, permite aportar nuevos conocimientos sobre el objeto de estudio. Esto se complementa con la visión de Mary Nash (1982), quien sostiene que la biografía tiene la ventaja de situar a la mujer en su contexto familiar y social al incorporar cuestiones como las relaciones sociales entre los sexos, los roles sexuales, el status femenino y la interacción entre su vida pública y privada.

ESTRATEGIAS Y OBSTÁCULOS

Como ya se ha mencionado, desde la creación de la Escuela de Arquitectura y hasta fines de la década del 20, sólo habían egresado profesionales varones.17 Si bien no existía ninguna reglamentación con restricciones de género (Lorenzo, 2016, p. 22), lo cierto es que durante ese periodo ninguna mujer egresó de la Escuela. Luego de su graduación en 1929, Pizzul ingresó al campo disciplinar y profesional.

Provenía de una familia de inmigrantes de clase media que, como muchas otras de principios del siglo XX, veía en la educación superior una posibilidad de ascenso económico y social.18 A pesar de que sus padres no habían estudiado en la universidad, coincidían en la importancia de brindar a sus hijos, tanto hombres como mujeres, la posibilidad de acceder a dicha educación. Tal es el caso de su hermana mayor, Juana, quien estudió Medicina hacia 1912, y fue una de las primeras mujeres del país en recibir esa formación.19

En 1919 Finlandia Pizzul ingresó al Liceo Nacional de Señoritas N°1 para realizar sus estudios secundarios. Esta prestigiosa institución brindaba educación secundaria exclusiva para mujeres y las preparaba para su posterior ingreso a la universidad. El título que otorgaba era el de Bachiller, requisito fundamental para ingresar a la carrera de Arquitectura (Di Bello, 1997). El plan de estudios contemplaba materias de formación básica, como Física, Matemática e Idiomas, pero también incluía otras artísticas como Labores o Dibujo. Estas últimas fueron de gran motivación vocacional para Pizzul ya que, en gran medida, despertaron su interés por estudiar Arquitectura. Así lo relató ella misma:

Durante mis estudios en el Liceo le tomé tal afición al dibujo –tenía una excelente profesora en esa materia– que, al correr el tiempo, sobresalía en esa especialidad. Y del dibujo a la Arquitectura no hubo más que un paso (Pozzo Ardizzi, 1930, p. 10).

Según la propuesta de María Fernanda Lorenzo (2016, p. 31), se entiende que la preferencia por una carrera universitaria u otra estaría estrechamente relacionada con la transmisión de valores y la formación que, tanto hombres como mujeres, han recibido a lo largo de su vida. Así pues, los roles de género,20 adquiridos por los individuos a través de su socialización familiar y su escolarización, también formarían parte del proceso de elección de los estudios. En este sentido, se considera que los antecedentes académicos de sus hermanas mayores (y también los de su hermano) debieron ser claves y de gran importancia para Pizzul a la hora de continuar con sus estudios universitarios, por su valor referencial identitario concreto y directo.

De acuerdo con Alicia Palermo,

Muchas jóvenes universitarias argentinas, hijas mayoritariamente de la inmigración, provenían de familias en las que el modelo materno era fuerte, y supo lograr en sus hijas una alta valoración de la educación como base de la movilidad social. Estas jóvenes tenían dos alternativas: “parecerse a la madre existente o parecerse a lo que la madre debería haber sido, como aspiración de deseos para su hija (ideal del yo)” (Palermo, 2006, p.34).21

Es probable que la madre de Pizzul, sin formación superior, haya influenciado a sus hijas en la decisión de cursar estudios universitarios, posiblemente debido a la proyección de un deseo incumplido en su vida. Ahora bien, la elección de la carrera de Medicina por parte de su hermana Juana evidenciaría una reproducción de los roles asignados “naturalmente” al género femenino a fines del siglo XIX: el de “servidora y cuidadora” de los demás (Lobato, 2007).22

Asimismo, la elección de estudiar Arquitectura (tanto por parte de Mendoza como de Finlandia) pudo estar relacionada con el hecho de que, para esos años, una vez superado el debate ingenieros-arquitectos (Cirvini, 2004), la disciplina tenía una orientación más artística que técnica. Esta formación artística se encontraba relacionada con las Bellas Artes, muy atractivas para el género femenino. En la representación imaginaria de la sociedad,23 la Arquitectura les permitía a las mujeres desarrollarse profesionalmente de una manera más acorde con los mandatos de género de principios del siglo XX.

Además, Georgina Gluzman (2016, p. 51) sostiene que, desde fines del siglo XIX, muchas mujeres habían comenzado a ver el arte como una pasión que podía transformarse en un trabajo rentable.24 De hecho, en occidente la mayoría de las arquitectas provenían del campo del diseño, la pintura o la escultura (Espegel, 2007, p. 82). En relación con esto, Pizzul pensaba que era lógico el interés de la mujer por la arquitectura, sobre todo si se trataba de la casa familiar, ya que era ella quien mejor conocía las necesidades funcionales y estéticas del hogar (Boyer, 1956). En línea con esta postura, Marie Duru Bellat (Palermo, 2012, p. 4) sostiene que “la imagen que se tiene del futuro define las escogencias”, y manifiesta que las mujeres “tienen buenas razones para escoger alternativas que se adapten mejor al lugar que se les ha asignado en la familia y en la sociedad”. Estas elecciones “son producto de estrategias conscientes y razonadas”. A partir de ello, podemos enunciar que para Pizzul la decisión de estudiar una carrera profesional en la que aún no existían egresadas mujeres sería una clara estrategia de inserción profesional:

Cuando aún no había terminado mis estudios secundarios, como toda niña que no ha vivido, tenía la impresión de [que] las actividades profesionales, para que tengan éxito en nuestro país, deben reducirse a Buenos Aires, y llegué a la conclusión de que había que dedicarse a una nueva profesión no desempeñada aún por otra mujer, para ganarse cómodamente el puchero (Pozzo Ardizzi, 1930, p. 10).

Acorde con su elección, Pizzul se presentó en 1923 en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires (UBA) para rendir los exámenes de ingreso reglamentarios. Como se ha mencionado, el requisito de inscripción establecía que los aspirantes debían poseer el título de Bachiller y dar un examen de ingreso (Cravino, 2012) compuesto a su vez por las siguientes asignaturas: Matemática, Geometría del espacio, Dibujo de ornato e Historia de la civilización.25 Cabe destacar que sólo estaban exentos de rendir los alumnos del Colegio Nacional,26 por tener una formación secundaria de seis años. De esta forma, Pizzul, con su título de Bachiller, rindió el examen como la gran mayoría.

Como se verá más adelante, es posible que estas instancias evaluativas hayan sido vitales en su trayectoria académica, puesto que eran determinantes para entrar a la carrera. Su ingreso27 fue toda una novedad, tanto para los compañeros como para los profesores, y algunos de ellos veían con extrañeza que una mujer estudiara Arquitectura:

Los estudiantes veían en ella [a] una intrusa. ¿Con qué derecho, se preguntaban los muchachos, se va a incorporar a esta carrera una mujer? En toda la forma trataron de hostilizarla en los primeros tiempos; pero ella, demostrando una inteligencia superior, se adaptó a las circunstancias y obligó a sus más acérrimos enemigos a convertirse en verdaderos y fieles camaradas (Pozzo Ardizzi, 1930, p. 10).

El hostigamiento, por parte de algunos compañeros, fue uno de los obstáculos que Pizzul tuvo que enfrentar en su paso por la universidad. En efecto, este mecanismo de exclusión también se encontraba manifiesto en la Revista de Arquitectura (RDA),28 la cual se encargaba de difundir públicamente los trabajos de los alumnos de la Escuela.

En primer lugar, la RDA no hizo mención alguna al novedoso acontecimiento de la llegada de Mendoza Pizzul a la carrera.29 Tampoco apareció el retrato de su hermana Finlandia en la sección “nuevos egresados”, mientras que sí publicaron las imágenes de sus compañeros varones, que se graduaron junto con ella. El único trabajo de su autoría difundido fue un dibujo realizado para la materia “Arquitectura y composición decorativa”, realizado en 1924 y publicado dos años más tarde (Figura 2).


Figura 2: Un aljibe. Trabajo de la Escuela de Arquitectura realizado por Finlandia Pizzul en 1924. Fuente: Sociedad Central de Arquitectos (1926). Revista de Arquitectura, 63, p. 121.

De este modo, se observa una violencia simbólica evidenciada durante años, a partir de la omisión e invisibilización pública de la mujer, nueva agente del campo (a lo largo de toda su carrera). Se entiende que tal omisión manifiesta una suerte de “resistencia” por parte del colectivo masculino, que detentaba el poder dentro de dicho campo.

En el caso personal de Pizzul, la estrategia de superación de estos obstáculos habría sido la adquisición del habitus de los arquitectos, que le proveyó las disposiciones y habilidades necesarias para ingresar al campo y desempeñarse con soltura dentro de él. Como dice Bourdieu (1997), se entiende que el habitus es un principio generador y regulador de las prácticas que los agentes realizan dentro de un campo y que constituye el fundamento objetivo de las conductas regulares y de la regularidad de las conductas dentro de él. Así, los agentes dotados del mismo habitus se comportan de cierta manera en ciertas circunstancias. De esta forma, se alimenta también la illusio del campo, es decir, se comprende el sentido del juego.

Si bien la Escuela de Arquitectura buscó desde el comienzo inculcar a los alumnos este principio generador y reguladorde los arquitectos (Cirvini, 2004), fue el examen de ingreso el que funcionó, tanto para Pizzul como para el resto de los alumnos, como primer acercamiento al habitus de la corporación de arquitectos. Esta instancia evaluativa que, en primer lugar, buscaba operar como “filtro vocacional” de los aspirantes a la carrera, en realidad también contribuyó a modelar el conjunto de habilidades y destrezas que traían (o no) los estudiantes, en función de inculcar hábitos y generar prácticas regulares. De este modo se forjaba también la illusio del juego.

Como se ha señalado, desde el momento de su inauguración, la Escuela de Arquitectura buscó diferenciar su plan académico del de la carrera de Ingeniería, a través de la incorporación de materias de formación artística y talleres (Cirvini, 2004, p. 289).30 Hacia 1923, cuando ingresó Finlandia Pizzul a la carrera, el habitusde los arquitectos estaba “naturalizado” y se apoyaba en la enseñanza académica del dibujo y en el profundo conocimiento de los estilos artísticos (Cirvini, 2004, pp. 290-292).

Justamente, la RDA solo da cuenta de este logro de Pizzul cuando aún era estudiante de segundo año (Figura 2). Este trabajo en particular manifestaba la apropiación tanto de la técnica como de la teoría de los estilos artísticos, impartidos en la materia Composición decorativa I (de segundo año) por el profesor René Villeminot.31 Además, evidencia una efectiva apropiación del habitus que imparte la Escuela y una clara comprensión del sentido del juego (illusio).

PALABRAS FINALES

En la Argentina, a inicios del siglo XX, comenzaron a generarse nuevos espacios para la práctica política, cultural y profesional de las mujeres. Finlandia Pizzul y otras pioneras abrieron camino a las siguientes generaciones de mujeres, al animarse a romper el aislamiento de las aulas universitarias y convertirse en las primeras profesionales graduadas en el país. Luego de terminar el colegio secundario en 1923, Pizzul decidió estudiar una carrera que hasta entonces no tenía profesionales mujeres formadas en el país: Arquitectura. Este desafío, que la convirtió en 1929 en la primera arquitecta argentina, marcó su trayectoria profesional y la posicionó en un lugar de relevancia dentro del campo de la Arquitectura. A pesar de ser una disciplina ampliamente masculinizada durante los años 20, es posible que para Pizzul la estrategia  profesional estuviera relacionada con la sólida orientación artística que la misma ofrecía. Acorde con su innata vocación y el gusto por el dibujo (Boyer, 1956), la Arquitectura le permitiría ocupar roles de género preconcebidos para las mujeres por la sociedad de esa época: el de la “mujer artista” (Gluzman, 2016).

Por otro lado, la adquisición del habitus de los arquitectos le permitió insertarse dentro del campo de la Arquitectura argentina con un conjunto de destrezas y habilidades que propiciaron su adaptación a las reglas del juego. Así, realizó con soltura distintas jugadas dentro del campo. Además de ello, comprendió el sentido del juego a través de la illusio, y junto con el habitus como disposición estratégica, enfrentó los distintos obstáculos que la coyuntura social y los preconceptos le impusieron. Ejerció la profesión de manera ininterrumpida durante 30 años.

Como cierre, se destaca la incorporación activa de la arquitecta Pizzul al campo de la Arquitectura argentina, hecho que inició un proceso de reconfiguración de los roles que los agentes desempeñarían dentro del mismo, particularmente en la capital nacional. Su impronta fue la punta de lanza para futuras generaciones de arquitectas.

NOTAS

1. En 1905, Enrique Chanourdie se preguntaba en la revista Arquitectura por qué en la Argentina aún no había mujeres arquitectas si, por esos años, Buenos Aires contaba con doctoras en Medicina, Filosofía y Cirugía Dental (Chanourdie, 1905, p. 114). De hecho, Ramón Gutiérrez (1994, p. 176) manifestó que en el segundo cuarto de siglo XX habían algunas arquitectas extranjeras que ejercían la profesión, pero ninguna de ellas se había recibido en nuestro país.

2. Según las fuentes consultadas, Mendoza Pizzul fue estudiante de la carrera de Arquitectura hacia 1916 (Revista de la Universidad de Buenos Aires, 1917). Pizzul, además, aparece como socia activa del Centro de Estudiantes de Arquitectura en 1917, y fue la única mujer del listado de socios (Revista de Arquitectura, N°9, 1917, p. 7).

3. Datos obtenidos de la Nómina de egresados de la Escuela de Arquitectura y de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires (1878-1978), consultada en el Archivo Histórico de la Biblioteca de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires.

4. Pizzul falleció en la misma ciudad el 2 de noviembre de 1987, a los 85 años.

5. Según Silvia Cirvini (2004, p. 90), a nivel local, el proceso de constitución del campo de la Arquitectura se da de manera inversa al de ciertos países europeos. En Argentina, la Arquitectura nace como una rama de la Ingeniería, cuyo crecimiento era necesario para adquirir independencia. Bajo esta premisa, se crea en 1901 la Escuela de Arquitectura, en el seno de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la UBA.

6. El filósofo Pierre Bourdieu propone el concepto de habitus en alusión al conjunto de disposiciones adquiridas por el agente a lo largo de toda su trayectoria social. Para el autor, el habitus se define como un “sistema de disposiciones duraderas y transferibles, estructuras estructuradas predispuestas para funcionar como estructuras estructurantes, es decir, como principios generadores y organizadores de prácticas y de representaciones” (Bourdieu, 2000, p. 86).

7. En 1901, Elvira López decía que una “carrera muy poco tentada aún por las mujeres, y que realmente no es de las más apropiadas para su sexo, es la de Ingeniería” (Lopez, [1901] 2009, p. 127).

8. Para Cirvini (2004, p. 31), el proceso de modernización argentino se inició a mediados del siglo XIX, con la organización constitucional del país, pero tuvo su más acelerado desarrollo entre 1880 y 1910. En algunos campos, como el de la arquitectura, sus efectos se prolongaron hasta promediar el siglo XX. Este programa político, socioeconómico y cultural, esencialmente transformador y progresista, se autoerigió como emancipador en relación con el cercano pasado hispano-criollo, asociado con el atraso y la ignorancia.

9. La Comisión Asesora de Asilos y Hospitales Regionales dependía del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto del Gobierno Nacional. Estaba dirigida por el Dr. Domingo Cabred y tenía el propósito de llevar a cabo la construcción de establecimientos hospitalarios nacionales en distintos territorios provinciales del país (Veronelli y Veronelli Correch, 2004). Asimismo, actuaba como nexo entre el Estado y las múltiples entidades benéficas, patrocinantes de distintos asilos y hospitales.

10. Finlandia Pizzul ingresó en 1930 como subinspectora técnica de la Comisión Asesora y cumplió tareas de seguimiento e inspección de obras (La Nación, 1980). Al cabo de unos años, ascendió jerárquicamente hasta formar parte de los equipos técnicos encargados de realizar el proyecto y la ejecución de las obras.

11. Una de ellas fue el Hospital Común Regional de Río IV, proyectado y dirigido junto al arquitecto Alfredo Casares en 1941. Cabe destacar que este conjunto hospitalario fue presentado junto con otros nosocomios erigidos por la Comisión asesora en el III Salón Nacional de Arquitectura de 1942 y publicado luego en el N°253 de la Revista de Arquitectura de enero del mismo año (1942, p. 21). La revista destacó la participación de la arquitecta Pizzul como coautora del proyecto junto con el Arq. Casares, con su nombre en primer lugar.

12. Revista de Arquitectura N°318 de la Sociedad Central de Arquitectos (1936b, pp. 203 y 205). Su retrato como bibliotecaria de la SCA salió publicado en el N°184 (1936a, p.165).

13. Según Pierre Bourdieu (2000, p. 37), la visión androcéntrica se impone como neutra, sin la necesidad de un discurso capaz de legitimarla. El orden social tiende a ratificar la dominación masculina en la cual se apoya a través de la división sexual del trabajo, la cual se manifiesta a través de una distribución arbitraria de las actividades asignadas a cada uno de los sexos.

14. Para Bourdieu, la illusio es lo que otorga sentido al juego dentro del campo. Según el autor “el sentido del juego es lo que hace que el juego tenga un sentido subjetivo, es decir, una significación y una razón de ser, pero también una dirección, una orientación, un porvenir para aquellos que participan en él y que en esa misma medida reconocen en él lo que está en juego” (Bourdieu, 2000, p. 107).

15. Según Joan Scott (1992, pp. 38-39), la invisibilidad de las mujeres fue puesta en evidencia a partir de la década de 1960, con el resurgimiento de movimientos políticos a favor de sus derechos. Estas investigaciones demostraron que las mujeres a lo largo de la historia no eran inactivas o estaban ausentes, sino que fueron sistemáticamente omitidas en los registros oficiales.

16. Según Bourdieu (2000, pp. 49-58), la violencia simbólica es una “fuerza particular de la que disponen ciertos agentes sobre otros, complicidad mediante”. Funciona, por un lado, a través de una “creencia” implícita, involuntaria y no elegida por el individuo, y por el otro, como un derecho de entrada a un juego producto de una pertenencia a un determinado espacio de juego.

17. Aunque hacia 1916-17 Mendoza Pizzul era alumna de la carrera de Arquitectura, no figura en la nómina de egresados por no haber finalizado sus estudios. Desde su apertura en 1901 hasta 1928, egresaron un total de 485 arquitectos hombres y ninguna mujer.

18. Sus padres llegan a la Argentina aproximadamente en 1895. Su padre, Antonio Pizzul, proveniente de Austria, tenía el oficio de constructor. Su madre, Juana Pía Barbier de Pizzul, de nacionalidad francesa, era costurera (entrevista semi-estructurada a Alicia Róvere, 2017).

19. Según consta en el Archivo Histórico de la Universidad de Buenos Aires (AHUBA), consultado en julio de 2018, Juana Pizzul recibió un certificado de la Facultad de Ciencias Médicas el 24 de diciembre de 1912. Además, por esos años, su hermano mayor, Argentino Pizzul, estudió la carrera de Abogacía en la misma Universidad (entrevista semi-estructurada a Alicia Róvere, 2017). Como menciona Adriana Chiroleu (2000, p. 369), puede verse que Abogacía y Medicina eran los destinos preferidos para los hijos de los sectores dominantes, y los únicos capaces de cubrir las expectativas de las clases medias en ascenso, ya que serían profesionales ligados al poder político y económico.

20. En línea con Scott (1996), se concibe al género como una construcción social y cultural, despojado de cualquier carga biológica.

21. Nora Scott Kinzer sostiene que “la mujer médica e ingeniera, si bien puede ser vista como una mujer no conformista por la sociedad argentina, es en realidad una hija obediente que sigue los mandatos de sus padres” (Palermo, 2006, p.33).

22. Para Mirta Lobato (2007, p. 105-108), a fines del siglo XIX comenzaba a afirmarse el ideal de madre de familia, reina y señora de la vida doméstica. Posteriormente, a comienzos del XX, las representaciones de las mujeres modernas enfatizaban en el hogar una auténtica transformación del trabajo doméstico. Adicionalmente, los valores femeninos se asociaban con el cuidado de los otros. En Latinoamérica, el acceso de las mujeres a los estudios universitarios se produjo a partir de la década de 1880. Los primeros títulos universitarios otorgados a mujeres fueron expedidos por las facultades de Medicina (Palermo, 2006, p. 124-126).

23. Para Stuart Hall (Lobato, 2007, p. 284), la representación es un proceso por el cual los miembros de una cultura usan el lenguaje para producir significados. Así pues, la literatura, la pintura, el cine y la fotografía son artefactos culturales que trabajan con materiales y elementos de la sociedad, crean actitudes, valores, conciencias e identidades.

24. Maria Antonieta Trasforini (Gluzman, 2016, p. 51) considera a las artistas como nuevas mujeres y como figuras paradigmáticas de fines del siglo XIX en busca de nuevas identidades sociales.

25. Hasta 1930, el examen de ingreso tenía carácter eliminatorio. Si bien cada examen se rendía en manera independiente, un aplazo en cualquiera de ellos obligaba automáticamente al alumno a volver a rendir todos los demás. Después de 1934 dejó de ser eliminatorio (Cravino, 2012).

26. El Colegio Nacional era una institución secundaria que solo formaba varones. Emitía títulos de bachiller y tenía una currícula de seis años.

27. En 1925, ingresaron a la Escuela de Arquitectura Nelly Nieburh y María Luisa García Vouilloz.

28. La Revista de Arquitectura se difundía entre los socios de la Sociedad Central de Arquitectos (SCA) y los profesionales del gremio. Fue la publicación oficial de los miembros del Centro de Estudiantes de la Escuela de Arquitectura junto con la SCA. Tuvo una aparición mensual e ininterrumpida entre 1915 y 1951. Según Cirvini (2004, p. 47) “en estos espacios se instaba al debate, se promovían conductas y modelaban las prácticas”. En este sentido, la RDA se constituye como una importante fuente documental, ya que a través de sus publicaciones da cuenta de las transformaciones que atravesó el campo disciplinar a lo largo de ese periodo.

29. Se consideran los números de la RDA que salieron desde 1915 hasta 1956.

30. En 1915 el plan sufrió modificaciones.

31. René Villeminot (1878-1928) fue un arquitecto académico francés, profesor de la Escuela de Arquitectura y Consejero de la Facultad de Ciencias Exactas.

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

1. (5 de marzo de 1980). La primera arquitecta argentina, y también aviadora profesional. La Nación, p. 20.

2. Barrancos, D. (2012). Mujeres en la sociedad argentina. Una historia de cinco siglos. Buenos Aires, Argentina: Editorial Sudamericana.

3. Bartra, E. (2002). Reflexiones metodológicas. En E. Bartra (Comp.), Debates en torno a una metodología feminista. (pp. 141-159). Xochimilco, México: UNAM-PUEG.

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Anales del IAA
Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas “Mario J. Buschiazzo”.
Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo; Universidad de Buenos Aires.

Versión impresa: ISSN 0328-9796
Versión digital: ISSN 2362-2024

 

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