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ARTICULO

Óscar Hagerman

Sandra Amelia Martí *

* Artista visual y diseñadora argentina, naturalizada en México. Licenciada en Artes, Facultad de Artes y Diseño por la  Universidad Nacional de Cuyo, Argentina. Magíster en Artes Visuales por la Academia de San Carlos, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Profesora Investigadora en Ciencias y Artes para el Diseño, Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco (UAM-X). Fue responsable del Programa Editorial en Ciencias y Artes para el Diseño (UAM-X). Miembro fundador del colectivo Minas de Arte, que ha generado instalaciones, acciones activistas y eventos de presentaciones artísticas. Produjo numerosos videos y performances. Realizó investigaciones y publicó textos en libros y revistas acerca de los imaginarios y las relaciones de género entre el arte, el diseño, la publicidad y el entorno urbano.

Área de Procesos Creativos y de Comunicación para el Arte y el Diseño. Departamento de Síntesis Creativa. División Ciencias y Artes para el Diseño. Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco. Calzada del Hueso 1100, Col. Villa Quietud, Delegación Coyoacán (04960) México DF, México. Email: anguangua@hotmail.com

Esta investigación es parte del proyecto “La dialéctica entre la urbe y la producción en el arte y el diseño”, dirigido por Martha Isabel Flores Ávalos, Área de Procesos Creativos y de Comunicación para el Arte y el Diseño, Departamento de Síntesis Creativa (CyAD-UAM-X).

RECIBIDO: 17/06/2018.
ACEPTADO: 21/07/2018.


RESUMEN

En 2016 Óscar Hagerman fue homenajeado en la Universidad Autónoma Metropolitana (Unidad Xochimilco, México). Con el fin de participar en el festejo, nos abocamos a la tarea de reunir información sobre su trayectoria. Se consultaron algunas entrevistas realizadas por destacados periodistas y artículos que ayudaron a desentrañar su concepción del diseño, que se distingue por estar estrechamente vinculada, o en permanente diálogo, con los artesanos mexicanos y sus comunidades de origen. Así, un sello característico de su trabajo es tomar como punto de partida los recursos propios, tantos materiales como formales, con los que cuenta cada colectivo, para llevar la cualidad de lo sencillo al espacio. Hagerman aplicó luego esta fórmula al desarrollo de proyectos de equipamiento, viviendas u otros edificios, con el propósito de que sus usuarios puedan sentirse orgullosos e identificados.

Palabras clave: Óscar Hagerman; biografía; diseño; arquitectura; comunidad.
Referencias espaciales y temporales: México, siglo XX.

ABSTRACT

In 2016 Óscar Hagerman was honored at the Universidad Autónoma Metropolitana (Unidad Xochimilco, Mexico). In order to participate in this celebration, we focused on gathering information about his work. We looked up some interviews, made by renowned journalists, and articles that helped us to understand his concept on design, characterized by being closely linked, or in permanent dialogue, with Mexican artisans and their original communities. Thus, a hallmark of his work is to take the resources, material and formal, as an starting point from each collective, in order to bring the quality of simplicity to the space. Afterwards, Hagerman applied this formula to the development of projects on furniture, housing or other buildings, with the aim of their users could feel proud and identified.

Keywords: Óscar Hagerman; biography; design; architecture; community.
Space and time references: Mexico, 20th Century.



Figura 1: Óscar Hagerman en la UAM–X. Fuente: fotografía de la autora 

La arquitectura y el diseño deben ser un canto a la vida, el canto de los que habitan, porque lo más hermoso es que el proyecto surja de la gente.
>Óscar Hagerman (Poniatowska, Hagerman y Vera, 2014, p. 22)

Elena Poniatowska, Paloma Vera y Roberto Vélez González, entre otros autores, han hablado elogiosamente del trabajo de Óscar Hagerman y de su propia persona. Destacan su muy temprano despunte, su permanente ascenso, su vocación por inaugurar opciones y su talento para provocar “las travesuras del encuentro”, a la vez que ponderan su extrema habilidad, lo mismo para organizar ambientes que para provocar juegos de acontecimientos, siempre en un intento por revivir el potencial político humano.

En 2016, en la División de Ciencias y Artes para el Diseño de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco (UAM-X) se dio la buena fortuna de contar una vez más con su enriquecedora presencia, durante una actividad organizada por el Departamento de Tecnología y Producción, la carrera de Diseño Industrial y el Laboratorio “Hombre, materialización y entorno”. La actividad se tituló “Óscar Hagerman: homenaje–taller”. Durante el acto inaugural se pronunció una semblanza basada primordialmente en entrevistas y otras declaraciones que el homenajeado había dado en anteriores encuentros o que habían sido consignadas en diversos escritos. Se obtuvieron así los siguientes datos:

Óscar Hagerman Mosquera nació en 1936 en la Coruña, España. Luego de vivir en Madrid y La Habana, llegó a México cuando tenía quince años. Ha visitado también numerosas veces Suecia, [...] la patria de su padre. Se recibió como arquitecto por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en 1961, y desde 1992 es profesor en la Universidad Iberoamericana (UIA), lo mismo que, desde 1995, en la Facultad de Arquitectura de la propia UNAM. [Todo] ello al tiempo que ha mantenido permanente vínculo con el Centro de Estudios para el Desarrollo Rural de Zautla, Puebla y, asimismo, colaboraciones con la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) o la Universidad Marista de Mérida, Yucatán, dentro de otras destacadas instituciones (Poniatowska, 2010).

Su trayectoria profesional comprende dos etapas. Una primera en la que realizó proyectos de viviendas, escuelas, planeación de oficinas y mobiliario ergonómico para producción industrial en la ciudad; y una segunda, que abarca los últimos 40 años, en la que trabajó en proyectos rurales y apoyó a cooperativas y organizaciones en el diseño de mobiliario, productos ergonómicos y arquitectura en diferentes comunidades (Vera, 2009).

Además de abocarse a este tipo de propuestas de índole altruista, se dedicó al diseño de interiores y creó muebles corporativos para compañías como Resistol S.A., Grupo DESC, Frey, D. M. Nacional y Logado.

A partir de 1974 comenzó a ser reconocido por ciertos logros, como el Premio Nacional de Diseño del Instituto Mexicano de Comercio Exterior (IMCE); su primer Doctorado Honoris Causa en Educación y Desarrollo por parte de la Unión Internacional de Arquitectos (UIA) en 2004; el Premio Quórum al mérito profesional en 2006; y el Premio Príncipe Claus, que otorga el gobierno holandés a propuestas de diseño en comunidades con carencias económicas, en 2008. Le siguieron numerosos homenajes, en razón de su trayectoria, por parte de las más prestigiosas instituciones de educación superior, como la UNAM, la UAM, la UASLP, el Tecnológico de Monterrey, etcétera.

Su trabajo se complementó con su participación académica como ponente en innumerables congresos, simposios y seminarios, y como expositor en al menos nueve muestras colectivas entre 1969 y 2008 (una de las últimas en el pabellón de México en la Bienal de Venecia de 2016) y cinco exposiciones homenaje individuales desde 2009 a la fecha.

METODOLOGÍA Y OFICIO

Respecto al quehacer de Hagerman, comenta Roberto Vélez:

Su actividad la desarrolla con artesanos, mejorando muebles, tratando al mismo tiempo de mantener la identidad de lo que se mejora, todo aunado a una férrea voluntad de superación. En las edificaciones, toma como base los tipos de construcciones que hay en cada lugar, tratando de que en todo momento participen en el proceso las personas que van a habitar las viviendas y que el proceso constructivo afecte lo menos posible a lo existente en el lugar.

Para él es muy importante entender las necesidades concretas de los residentes y por ello toma en cuenta los siguientes puntos:

  • Hablar con la gente del lugar antes de comenzar a bocetar un diseño.
  • Aprender a observar lo que esa comunidad tiene y cómo lo usa.
  • Tratar de que ellos también participen en los diseños. De esta manera van a sentir que son parte del proceso, van a trabajar con agrado y se van a sentir incluidos.
  • Tratar de que los proyectos sean flexibles para que se puedan adaptar a las necesidades de diferentes usuarios (Vélez, 2013, p. 36)

Ya sea como arquitecto, o como diseñador, comienza todo con una plática con la gente de cada localidad, para detectar primero cómo esos usuarios comprenden el espacio, y con la valoración de los materiales que se tienen al alcance. Solamente para, después de ello, presentarles ideas nuevas o basadas en diseños anteriores, pero siempre por medio de maquetas a escala, ya que sostiene que los planos no posibilitan una clara comprensión. Una vez aprobado un proyecto, colabora con la realización de las gestiones necesarias para que puedan conseguirse los recursos.

Algunos de los diseños trabajados con las comunidades rurales lograron comercializarse y brindar medios de subsistencia. Se comprueba así, de paso, que un diseño bien realizado obtiene casi siempre buenos resultados económicos.

Un ejemplo de esta metodología participativa, de la cual ha sido pionero en el país, lo ilustra el caso siguiente. En San Miguel Huestita, un pequeño caserío en la Sierra Huichola, al emprender el diseño de una escuela secundaria, Hagerman observó desde el aire que las viviendas de aquella comunidad casi siempre se agrupaban alrededor de un “takua” o patio, en donde las personas se sentaban alrededor de una fogata para platicar. Entonces, en forma similar, proyectó situar los salones alrededor de pequeñas plazas, para generar un lugar agradable y con sentido de pertenencia (Vélez, 2013, p. 37).

Este tipo de apuestas lo acercaron a su propio concepto de “espacios exteriores domesticados”, es decir, a aquellos en los que aún se escucha el canto de los pájaros, se huele el campo después de las lluvias y en las noches se pueden mirar las estrellas, al tiempo que sus muros protegen eficientemente del viento o los aleros guarecen de las lluvias (Vera, 2009).

En el mismo sentido de estas búsquedas, y de su habilidad para generar espacios disfrutables, agrega Paloma Vera:

Realizó, en la década de los sesenta una casa para su familia en Valle de Bravo; una casa de fin de semana […] a partir de un cuarto que ya existía en el terreno. En el proyecto aplicó un principio básico de la arquitectura: ir añadiendo cuartos alrededor de un espacio abierto y de un guayabo que había en el terreno, alrededor del cual se construyó la casa. Se trata de un esquema con mucha movilidad pues las habitaciones se desfasan poco a poco para buscar el paisaje y el lago, es decir, la relación con el lugar. Las esquinas están libres en los cuatro ángulos de la planta del conjunto, son vacíos. Es una agrupación de habitaciones y volúmenes integrados por una techumbre alrededor de un vacío. En éste proyecto se logra un equilibrio entre el interior del patio y el exterior del paisaje. […] La arquitectura en sí misma se convierte en naturaleza.

Desde el patio sólo se vive el cielo y un espacio lleno de plantas libres y salvajes que hacen cambiar los colores y la luz. La sorpresa ocurre cuando el visitante descubre la vista del exterior al atravesar una de las habitaciones. “Este patio es un exterior domesticado, un lugar más amable para vivir” (Vera, 2009, p. 35).

Esta casa, una de las primeras obras que diseñó, es quizá la que mejor explica los principios de su arquitectura: una vivienda de pueblo sencilla, integrada al paisaje y que protege, cubriendo lo más esencial de las necesidades humanas. Hasta la fecha sigue siendo de su propiedad y la disfruta junto con su esposa Doris Ruiz Galindo, sus hijos y sus nietos. En torno a esta vivienda se ha filmado el documental El patio de mi casa, cuyo realizador es Carlos Hagerman, uno de los cinco descendientes del matrimonio. Aquí, el cineasta muestra a sus padres dedicados a prestar servicios en zonas rurales del país: él como reconocido arquitecto; ella como psicóloga y educadora. No obstante, el propósito principal del documental es preguntar (preguntarse) quiénes serán los que continúen con ese legado, quiénes serán los sucesores de esa herencia de conocimiento (La Sombra del Guayabo y Hagerman, 2015).

Otras anécdotas ilustran, más que su “método” de trabajo, su infalible “sistema” para establecer relaciones humanas productivas:

Óscar también trabajó con MarianaYampolsky durante muchos años y recorrió la república, desde Coahuila, hasta el sur de Chiapas y Mérida. Cuando Mariana y él veían una casa que les llamaba la atención, se detenían a hablar con su gente y les preguntaban qué les gustaba y qué no les gustaba de su casa, y las mujeres, los niños, los ancianos, les contaban no sólo de las casas sino de sus tristezas, los hijos en Estados Unidos, lo difícil que es conseguir recursos para vivir, e hicieron cientos de amigos porque después de unos días a Mariana y a Óscar los consideraban parte de la familia (Poniatowska, 2010).

Gracias a esta actitud fue que, luego de redactar apuntes, levantar planos y elaborar maquetas (siempre en base a sus entrevistas y largas pláticas), al atardecer logró elaborar el concepto de “casas acariciadoras”, el mismo con el que, junto con Yampolski y una vez terminado el viaje, montó una exposición homónima. En torno a este emblemático concepto se relata:

Un campesino en Nayarit le dijo a Óscar “Mi casa es acariciadora”. En ella se sentía bien porque el viento pasaba a través de ella y lo acariciaba. Allí habían nacido sus hijos, allí su hogar recibía las buenas vibras del sol, del aire, de la lluvia y de los visitantes ocasionales (Poniatowska, 2010).

Los analistas del trabajo de Hagerman señalan igualmente que otro de sus méritos es que:

Diseñando por años objetos y arquitectura hace que lo imposible se haga realidad: dignificar a las personas y rescatar sus valores culturales con un sentido solidario y democrático […] Su intención siempre ha sido buscar diseños fácilmente apropiables y provenientes directamente de las necesidades de los usuarios y su objetivo principal es que las soluciones sean aceptadas por los habitantes del espacio. No pretende estetizar la pobreza, sino realzar aquellas características estéticas que pertenezcan al lugar (Vera, 2009, p.33).

En cuanto a su incansable labor social, Hagerman no se cansa de disfrutar e intervenir armónicamente todo tipo de lugares, pero ante todo aquellos en los cuales los niños juegan, o donde crecen las plantas, o llega la lluvia y animan las aves y los insectos; o bien donde la familia y los vecinos construyen un espacio social a partir del cual se fortalece la convivencia; es decir, lugares donde aún se puede vivir todo eso que los edificios de las grandes urbes ya no permiten. Le importa, pues, fortalecer el tejido social. Al respecto, expresa también Poniatowska:

Es un hombre que camina. Extiende sus ramas de árbol y abraza como la tierra; se cubre de lodo y recibe en el campo la lluvia del cielo. Habla con los indígenas que descubren los secretos de la naturaleza. Nadie conoce mejor que él el valor de la piedra, la paja, el barro, la madera, la palma y las hojas de los árboles. Trabaja con lentitud, porque nunca hay dinero más que para levantar un cuarto tras otro. Hombre asoleado por todos los soles de México, sabe mejor que nadie que el sol es luz y abrigo para todos (Poniatowska, Hagerman y Vera, 2014, p. 23).

DESARROLLO DE EXPERIENCIAS: COOPERATIVAS DE TRABAJADORES

…hay manos capaces de fabricar herramientas
con las que se hacen máquinas para hacer ordenadores que a su vez
diseñan máquinas que hacen herramientas para que las use la mano.

Jorge Drexler, Mi guitarra y vos.
En Eco (2004). [Compact Disc]. Madrid: Dro East West S.A.

Como arquitecto, Hagerman edificó escuelas, hoteles, maternidades, hospitales, refugios, casas, puentes; y como diseñador manufacturó mobiliario para empresas y el hogar, muebles específicos para niños y adultos, asícomo herramientas y objetos para carpinteros, alfareros, costureras y demás artesanos.

Paloma Vera señala que los métodos de aprendizaje y ejecución que Hagerman promueve se muestran cercanos a los que existían en los talleres de escultura renacentistas, donde se partía de conocer los materiales. El mismo arquitecto-diseñador destaca una y otra vez el valor de los sentidos para, por ejemplo, tocar los materiales o componentes, y procurar siempre aprender de la manera más sinestésica posible. De esto se desprende que no resulta ocioso aprender a crear a través de la participación, la observación y la conversación con los usuarios, pues ello es lo que permite descubrir cuál es el sentido común con el que se realizan las cosas. Respecto de la arquitectura, proclama que ésta debe ser un canto a la vida: “el canto de los que la habitan, porque lo más hermoso es que el proyecto salga de la gente. Inclusive, al sentirse identificadas, las personas crean naturalmente redes solidarias, para participar en los procesos de construcción” (Poniatowska, 2010).

Por otra parte, Hagerman nunca ha sentido miedo de trabajar en situaciones difíciles, ni de enfrentarse a la injusticia o la pobreza. Para él la arquitectura no ha sido una forma de sobrevivencia sino un servicio. Es por ello que no teme rechazar (o denunciar) acciones que favorezcan el hacinamiento urbano u otras fórmulas mediante las cuales la especulación inmobiliaria –con el contubernio de las autoridades– ha asentado su reino. O bien aquellos proyectos donde las ambiciones de fama y dinero por parte de los arquitectos muestran su simple vanidad, por ejemplo al competir por hacer la torre más elevada, sin importar, dado el caso, si habrá agua suficiente para sus ocupantes o suficiente número de estacionamientos para los vehículos, o si con ello se incrementarán los índices de contaminación (Poniatowska, Hagerman y Vera, 2014).

Otra anécdota que cuenta Poniatowska da cuenta adicional de la bonhomía de este personaje:

Llegamos a San Miguel Huestita. Lo que más me gustó fue el respeto con que Óscar trataba a toda la gente, niños y ancianos, y cómo al atardecer unas niñas de enaguas se pusieron a jugar voleibol […] Recuerdo que, en la noche, Óscar compró una lata de sardinas y consiguió unas cuantas tortillas. El cariño con el que las partió a la mitad y nos las dio a cada quien, con su cuartito de sardina, me hizo quererlo, y más aún cuando preguntó “¿A quién le damos en aceitito?” Claro que le tocó a un niño que miraba la tierra como para que no le vieran el hambre en los ojos, pero la forma de repartición de panes fue un ejemplo para mí, de rito y de dávida, cosa que ya no es frecuente en nuestro país, en el que se han perdido, no sólo las tradiciones, sino el mirarse a los ojos para adivinar la necesidad del otro (Poniatowska, 2010).

Por otra parte, un todo armónico parece constituir su modestia personal, su disciplina como investigador y la aparente sencillez de sus soluciones. En principio, ello explica por qué le interesó el mobiliario, toda vez que sintió que la confección de éste era “la más pequeña de las arquitecturas”. Esto se refleja en su interés por un objeto que se ha vuelto, con el paso del tiempo, tan emblemático para él: la silla, a la cual define como “un espacio para estar” y no solamente como un objeto (Figura 2).


Figura 2. El diseñador y arquitecto Óscar Hagerman y algunas de las diferentes versiones de la silla Arrullo. Fuentes: recuperado de: https://www.facebook.com/ohagermanm y del catálogo “Canto Artesanos”: http://cantoartesanos.com.mx

Desde temprana edad eligió colaborar con un grupo de trabajadores que hacían ataúdes en una cooperativa y ganaban apenas unos centavos. Por ello, cuando tuvo oportunidad, emprendió el diseño de la silla Arrullo, inspirada en la popular silla de palos que se usa en los pueblos.El modelo tuvo gran aceptación y demanda, y más adelante fue retomado por otras comunidades, sin que al respecto mediara ningún tipo de reclamo ni de conflicto, toda vez que fuera un diseño inspirado en un objeto del pueblo y regresara al pueblo. Este gesto notoriamente característico gustó tanto, que fue un respaldo para que, en su momento, recibiera un reconocimiento por parte del Instituto Mexicano de Comercio Exterior.

Otra experiencia que ilustra y refuerza la anterior, debido a su afán por conectar también con las necesidades más profundas de los seres humanos, ocurrió cuando se propuso enseñar un oficio a los jóvenes internos de la cárcel de Tenango del Valle. Fabricaron la ya citada silla e incluso tejieron los asientos de palma entrelazada. Tal conocimiento se divulgó después entre toda la comunidad, con el resultado de que las sillas locales se abarataron y actualmente se venden en todos lados: en las aceras, en los mercados y hasta al borde de la carretera. De esta manera, cientos de miles de estas sillas entraron a las casas más humildes y permitieron que sus habitantes se sentaran en la noche alrededor del fuego, a comentar los sucesos del día o simplemente a disfrutar del bien ganado descanso, todo en una confortable silla que los recibía y los arrullaba. Quizá sin apreciar del todo la ventaja económica o hasta ergonómica, pudieron vivir mejor gracias a la fabricación de esta silla que ahora se ha vuelto parte de su cotidianeidad.

En síntesis, esta silla cambió la vida de Hagerman, porque lo acercó mucho más a los que nada tienen. Del mismo modo, gracias a estos acontecimientos, descubrió que lo que quería era compartir su vida, sentarse junto a ellos, calentarse las manos frente a su fuego, guardar su silencio o hablar despacio de los sucesos del día, adquiriendo también el ritmo del lugar (Poniatowska, Hagerman y Vera, 2014).

La ponderación de la actitud del creador y sus resultados, la resume Poniatowska en el siguiente párrafo:

¿Qué es lo que hacemos todos, burócratas, artesanos, trabajadores, arquitectos, maestros, escritores; qué es lo que hacemos todos los días? Pues es sentarnos, para leer, dibujar, escribir, sentarnos para diseñar, tocar el violín, sentarnos para amamantar al niño , para escuchar, para comer. Por eso, lo primero es la silla. Por ende , él encontró en el campo la paz que no le daban las atestadas calles de la capital, la ambición mercantilista de anuncios y muestreo continuo de celebridades obsolescentes. Es un hombre entregado sobre todo a los indígenas, los olvidados, los que viven en la sierra, los que no tienen agua ni luz, y acarrean leña sobre su espalda para calentarse (Poniatowska, 2010).

Tal como se adelantó, Hagerman ha mostrado siempre gran interés en colaborar con diversas cooperativas de artesanos de la madera, con el fin de ayudar a diseñar, producir, comprar y vender de modo que las actividades resultaran ventajosas para todos. En especial, le interesa conectar con personas unidas voluntariamente mediante una organización democrática. Al respecto relata:

Cuando conocí a las personas de la Sociedad Cooperativa Artesanal Don Emiliano (1970–1977), en ciudad Nezahualcóyotl, eran un grupo de carpinteros que hacían cajas de muertos. Me comentaban que era mucho trabajo y que ganaban muy poco, entonces les propuse hacer muebles. Si los hacían bien, y encontraban un mercado, probablemente podían pasarla mejor. Ahí comenzó una relación que duró años y que recuerdo con cariño. Durante seis años trabajé con ellos, diseñando, supervisando y atendiendo pedidos, buscando buenas maderas, localizando maquinaria usada en buenas condiciones y ayudando en lo que fuera necesario. Ellos fueron mi escuela, me enseñaron mucho de las cosas que sé hoy en día. Con ellos aprendí a tenerle cariño a la madera, a lijarla hasta que quede suave como piel, y hacer ensambles y muchas cosas más.

Para esta cooperativa diseñé la silla Arrullo. […] A la ceremonia llegaron unos carpinteros de Opopeo, Michoacán, que compraron la silla y la llevaron a su tierra. Hicieron miles de sillas y las vendieron en carreteras, mercados, camellones y calles de todo el país.

Esta silla partió de un diseño popular y regresó a la gente. Ahora los carpinteros de Opopeo modificaron el diseño con patas más gruesas y una tira más de apoyo en el respaldo (Poniatowska, Hagerman y Vera, 2014, p. 155).

Esta es otra anécdota que muestra su generosidad y su interés por corresponder con alguna utilidad a las fuentes que originalmente nutrieron su diseño, con el aporte de una sustancial mejora. Al respecto, comenta Poniatowska:

Y así sentó a los mexicanos más pobres en la silla tradicional, en la silla de palo que se ve en los pueblos, esa silla barata de pino de 35 a 40 pesos, la silla que usan los campesinos y les gusta tener en su casa, y les gusta sacar en la tarde frente a su casa para ver quién pasa, para ver “cómo se pasa la vida/ y cómo se viene la muerte” (Poniatowska, 2010).

Sobre este mismo tema, el propio Hagerman señala:

Siempre he pensado que esa silla tuvo esa aceptación tan grande porque partí de la silla popular, que ya existía entre la gente […]. Cuando la gente la vio, la reconoció y la adoptó como suya, y durante cinco años los talleres de Opopeo […] produjeron muchísimas. […] Producían y vendían. [...] Con el mismo fin, los mismos materiales y la misma materia prima, diseñó mobiliarios de una austera sencillez (Poniatowska, 2010).

Para elaborar este objeto en particular, el diseñador se inspiró en el lienzo titulado La silla de Van Gogh1 que, en efecto, “es la más conmovedora de las sillas del planeta tierra”, pero quiso que fuera cómoda y pensó mucho en cómo hacer para que no cansara o doliera al utilizarse. Por tanto, estuvo pendiente de cada uno de los pasos en su fabricación, si bien resultó muy sencilla de hacer. Y tal fue la razón de su éxito: los artesanos la copiaron y la empezaron a vender en todos lados “por cientos de miles” (Poniatowska, 2010).

En tiempos recientes, Hagerman2 continúa con esta idea colaborativa, al igual que con su idea general de diseño: un espacio de diálogo entre saberes tradicionales y profesionales, tanto con los múltiples estudiantes con los que se relaciona como con cooperativas como las que se constituyeron en Vicente Guerrero y Jiquipilas (Chiapas) y Zautla (Puebla), o bien desde una corporación más formal, como Canto Artesanos, la cual desarrolla nuevos modelos que integran las técnicas tradicionales de tejido con cinta y tule, el conocimiento ergonómico de Hagerman y la fabricación computarizada.

HAGERMAN EN LA UAM–X

Como se comentó al comienzo del presente texto, durante la actividad “Óscar Hagerman: homenaje–taller”, que tuvo lugar del 24 al 26 de junio de 2016, se pudo sentir y observar de cerca que, con sus rutilantes 81 años, el invitado compartía generosamente sus conocimientos con plenitud y desplegaba un gran sentido del humor. Tras enseñarle a jóvenes y maestros cómo realizar una de sus sillas, compartió también teórica y prácticamente su manera de trazar, dibujar y reflexionar el diseño. Durante su exposición, con infinita paciencia y paso a paso, disertó acerca de cómo diseñar ese objeto, con especial énfasis en calcular los puntos ergonómicos específicos.

Bajo su tutela, estudiantes y profesores se dieron a la tarea de bajar a planos las correspondientes explicaciones para, enseguida, intentar trasladar los cálculos al trazado y cortes de madera, realizados éstos en los talleres de Diseño Industrial de la División Ciencias y Artes para el Diseño (CyAD). Por supuesto, el entusiasmo manifestado por los asistentes, al poder aprender y compartir esta significativa experiencia, fue sorprendente.

Fungieron como auxiliares del trabajo del arquitecto, su alumno–profesor adjunto José Diego Contreras Luna y el arquitecto Arturo Treviño Arizmendi, también profesor de la UNAM.

En el propio taller se tuvo la gran suerte de poder rescatar atinadas frases y explicaciones, algunas de las cuales se resumen a continuación:

  • En el diseño industrial nos enseñan a buscar formas originales, pero la riqueza más grande consiste en hacer un mundo que le pertenezca a la gente y le permita sentirlo suyo, porque eso es lo que da felicidad.
  • Debemos aprender a relacionarnos para solucionar nuestros problemas. El primer paso es comprender lo que la gente necesita, y para eso hay que aprender a escuchar. Los proyectos no están nunca solos, siempre tienen un entorno; los acompaña un paisaje, una situación económica, una cultura y las costumbres de cada gente.
  • Las acciones individuales no tienen el peso que tiene la solidaridad.
  • En la escuela debería haber una asignatura que te enseñe a relacionarte con los demás, que te muestre cómo entender las necesidades de la gente. Para lograr esto es necesario aprender a escuchar.
  • La arquitectura es el arte de construir espacios que armonicen con las personas. Pienso que debemos enseñar a nuestros hijos y a las nuevas generaciones a vivir con la esperanza de que entre todos podemos mejorar este mundo.
  • Una sociedad nueva y moderna no es necesariamente la que haga edificios espectaculares, sino la que, respetando a todos los seres humanos logre que las personas vivan dignamente.
  • Solo propongo diseños con maderas que puedan adquirirse legalmente, por ser ésta una manera de proteger los recursos forestales.
  • De alguna manera los diseños dejan de ser de uno. La silla Arrullo es de todos. Está un poco fuera del tiempo, la dibujé hace 50 años y sigue siendo de ahora. Posiblemente la forma sigue a las costumbres (Martí, 2016).

A través de este valioso taller y de este breve transitar biográfico, se debe reconocer que se trata de un diseñador que involucra a los usuarios e imprime en los diseños parte de su saber, y que a su vez deja como resultado una amplia huella y un enriquecimiento en la vida de los seres humanos. La vida de Óscar Hagerman resulta tanto inspiradora como esperanzadora, pues muestra que otro mundo es posible. Así, plenamente convencido, el autor repite una y otra vez: “he sido y soy un diseñador feliz, y esto es lo mejor que le puede pasar a uno en el diario vivir de su profesión: vivir con afecto y vivir con el cariño de la gente siempre” (Martí, 2016).

NOTAS

1. La silla de Van Gogh, Vincent Van Gogh, óleo sobre lienzo, 91 x 73 cm, 1888. National Gallery, Londres.

2. Para más información consultar el blog oficial del autor https://oscarhagerman.wordpress.com

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

1. La Sombra del Guayabo (Productores) y Hagerman, C. (Director). (2015). El patio de mi casa. Trailer oficial [documental]. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=arP7t14KGDQ

2. Martí, S. A. (2016). Apuntes sobre Oscar Hagerman de junio del 2016. Material inédito. Archivo Sandra Amelia Martí.

3. Poniatowska, E. (2010). Óscar Hagerman. La Jornada Semanal. Recuperado de: https://www.jornada.com.mx/2010/12/12/sem-elena.html

4. Poniatowska, E., Hagerman, O. y Vera, P. (2014). Óscar Hagerman. Arquitectura y diseño. México DF, México: Arquine Conaculta.

5. Vélez González, R. (2013). Óscar Hagerman. Espacio Diseño, 217, pp. 35–37. Recuperado de: http://148.206.107.15/biblioteca_digital/estadistica.php?id_host=12&tipo=ARTICULO&id=9232&archivo=16–638–9232jsx.pdf&titulo=%C3%93scar%20Hagerman

6. Vera, P. (2009). Los pequeños universos de Óscar Hagerman. Arquitectura y diseño para todos. Bitácora Arquitectura. Recuperado de: http://www.revistas.unam.mx/index.php/bitacora/article/view/25114/23617

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