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ARTICULO

Anales del IAA. Un recorrido historiográfico desde la arquitectura colonial hasta la contemporaneidad latinoamericana

Anales of the IAA. A historiographic journey from colonial architecture to Latin American contemporaneity

Julio Cacciatore*

Arquitecto por la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU-UBA). Docente de Historia de la Arquitectura por la misma institución y la Universidad de Belgrano. Fue director ejecutivo de las revistas Summay Summa Colección temática. Asesor de la Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos. Editor de Anales del Instituto de Arte Americano (IAA-FADU-UBA). Actualmente coordina las publicaciones del Centro de Documentación de Arquitectura Latinoamericana (CEDODAL).

Bolívar 1498, piso 2º C. 1141 - Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. Email: juliocacciatore@gmail.com

Este artículo forma parte de una serie de escritos en homenaje al 70 Aniversario de la Revista Anales del IAA.

RECIBIDO: 10 de abril de 2018.
ACEPTADO: 12 de mayo de 2018.


RESUMEN

Anales fue una publicación de características prácticamente únicas al momento de su fundación. Durante la primera etapa, entre 1948 y 1972, contó con 24 entregas dirigidas por el arquitecto Mario J. Buschiazzo. Este período estuvo principalmente orientado a la presentación, análisis y crítica del arte y la arquitectura latinoamericanos, en especial del período colonial, con ejemplos y consideraciones temáticas variadas. Con posterioridad, se vislumbran otros momentos de esa producción en una búsqueda por conformar, a partir de la historia, un arte y arquitectura con identidad continental, nacional y regional. Carente de publicaciones desde 1973, Anales reaparece en 1988, cuando la temática latinoamericana había recobrado relevancia. Buschiazzo es sucedido por Roberto Fernández, Jorge Liernur y Alberto de Paula, quienes continuaron la línea editorial e incluyeron nuevas temáticas a un repertorio de contenidos igualmente diverso. En 2011 inició una última etapa, con renovado diseño y un contenido temático por entrega, bajo la dirección del Dr. Arq. Mario Sebastián Sabugo.

Palabras clave: Buschiazzo, Latinoamérica, mestizo, identidad, preservación.

ABSTRACT

Anales was a publication with almost unique characteristics when it was founded. The first stage, between 1948 and 1972 with 24 deliveries, under the direction of Mario J. Buschiazzo, was dedicated to the presentation, analysis and criticism of Latin American art and architecture, especially in the called colonial period. Exemplifications and considerations about the subjects were very varied. Later on, other moments of production are glimpsed, in a search for a continental, national or regional identity produced by history, art and architecture. Without publications since 1973, Anales returns in 1988, when Latin American issues had taken on new relevance. After Buschiazzo, successive directors such as Roberto Fernández, Jorge Liernur and Alberto de Paula continued with equally diverse content but expanding the investigation topics. In 2011, a final stage has begun, with a renewed design and thematic content in each delivery, with PhD Arch. Mario Sebastián Sabugo as the current Director.

Keywords: Buschiazzo; Latin America; mestizo; identity; preservation.


INTRODUCCIÓN

Los Anales del Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas cumplen 70 años. El Nº 1 se publicó en 1948, el mismo año en que la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) de la Universidad de Buenos Aires había iniciado su vida independiente. La publicación fue patrocinada por el Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas (en adelante el IAA), bajo la dirección del arquitecto Mario J. Buschiazzo, quien, en su primera emisión, fundamenta el surgimiento de la revista en base a:

La carencia de una publicación especializada, destinada exclusivamente a recoger aquellos trabajos que, por falta de espíritu propicio, o por no alcanzar el volumen material del libro –aun cuando le excediesen en valor sustantivo– se perdían en los meandros del periódico o la revista cosmopolita […] [El proyecto recibe a] todos aquellos trabajos que se encuadren dentro del amplio, al par que preciso, título del instituto que los patrocina (de Paula, 1999, p.26).

Dos años antes, en 1946, cuando todavía la Escuela de Arquitectura funcionaba incorporada a la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, se había creado el Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas, anexo a la cátedra de Historia de la Arquitectura II, cuyo titular era el arquitecto Buschiazzo. Entre las razones para su fundación, se indicaba que las Universidades debían:

Fomentar y divulgar la cultura en su más amplia acepción […] no quedar circunscriptas a los programas de estudio y al alumnado, debiendo irradiarse dentro y fuera de sus diversas facultades […] la investigación y crítica de los problemas estéticos […] parte fundamental de quienes se han de dedicar a una profesión de eminente formación artística. […] [Se reconocía] que la incorporación de América a la historia del arte es un hecho de reciente data pero de proyecciones insospechadas por el vasto conjunto que las manifestaciones indígenas y coloniales aportan a esa rama de las disciplinas intelectuales (de Paula, 1999, p.36).

Informaba, además, sobre la existencia de institutos de ese carácter en universidades americanas y españolas. El IAA sería el ámbito para las investigaciones relativas a todas las manifestaciones artísticas pretéritas y contemporáneas, en especial a las que se referían a América y, en particular, a nuestro país. Tendría la función de publicar toda obra que encuadrara dentro de sus propósitos, patrocinaría cursos y conferencias, promovería el intercambio de profesores y especialistas con aquellas universidades con institutos similares, formaría una biblioteca especializada y archivos fotográficos, etc. Se designó como Director al arquitecto Mario J. Buschiazzo y como Secretario a Héctor Schenone, considerado un especialista en el arte americano del período colonial. En 1948 el Instituto pasó a formar parte de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, recientemente creada (de Paula, 1999).

CIERTOS ANTECEDENTES

Hacia 1910, en coincidencia con el primer Centenario de la Revolución de Mayo, se hizo visible en la Argentina un clima revisionista y de rescate de la herencia hispana frente a tanta dependencia sobre lo importado durante las décadas precedentes. En el campo arquitectónico reinaba un eclecticismo historicista, el llamado antiacademicismo del art nouveau y, en la enseñanza, los preceptos de las Beaux Arts que formaban a los futuros arquitectos. Una cierta fobia en contra de la tradición españolizante había dominado a la cultura de un país propenso a recibir siempre lo que enviaba la Europa del momento. La llamada Restauración Nacionalista llevó la atención hacia la arquitectura del período de colonial, e incluso hasta los aportes de lo indígena, a través de los escritos de Ricardo Rojas. Las figuras de Martín Noel, Ángel Guido o Héctor Greslebin, no sólo incorporaron a sus obras el lenguaje de procedencia colonial, sino que buscaron, a partir de esas raíces, propuestas para un arte y una arquitectura que identificara la producción argentina y de toda Latinoamérica, de cara hacia el futuro. En la práctica profesional, aún entre sus fieles cultores, la recepción se limitó a considerar lo formal. Fue prácticamente una moda que transitó hacia los 30, donde se seleccionaban elementos de un repertorio de los siglos XVII o XVIII que provenía de diversos orígenes y que no siempre habían aparecido en la época de la colonia del Río de la Plata. Un ejemplo son los portales arequipeños y los balcones limeños, entre otros. Se rescataban las arquitecturas prestigiosas (de los Virreinatos de Nueva España, del Perú o de la misma España de diferentes períodos)1. Al parecer, los ejemplos criollos resultaban pobres para inspirar al arquitecto2. Para los estudios profesionales de aquel entonces, de producción ecléctica en general, lo que se denominaba neocolonial solo era un estilo más.

Dentro de la teoría, las bases para interpretar el arte y la arquitectura coloniales transitaron por diversas vías. El acto de registrar el patrimonio existente3 y reflotar el desaparecido, abrieron cauces para la búsqueda documental. Si bien se privilegiaban obras aisladas consideradas de importancia por su tema y por su lenguaje, quedaba en un segundo plano todo lo referente a su entorno y a sus condiciones culturales. La valoración de lo americano llevó a cuestionar la relación con Europa, considerada como el origen, y con la polifacética España de por entonces (con sus coexistencias medievales, manieristas, mudéjares y barrocas). Se reflexionó acerca de “lo americano” como resultado de una dependencia, un traslado mal interpretado, una incorporación con intervención del indígena, etc. Se buscaba en lo formal y especialmente en lo ornamental, y se partía desde perspectivas de apreciación que eran habituales para reflexionar sobre el arte europeo, en donde los investigadores de ese origen solían descalificar toda producción ajena. Luego, con el transcurso del tiempo, los condicionantes fueron otros: se valoraron los factores dados por las posibilidades materiales y tecnológicas, la geografía, las capacidades de quienes ejecutaban las obras y su manera de interpretar los documentos gráficos llegados desde Europa. ¿Podía la visión del artesano indígena captar o deformar su sentido? Se debatió acerca de su habilidad como copista y de su falta de capacidad para las propuestas originales. Se interpretaron las “deformaciones”, que hasta entonces habían sido observadas como tales, incluso como una forma de rebeldía ante una producción impuesta. Sin embargo, se insistía con las mismas pautas de análisis de la visión eurocéntrica. Faltaban algunas décadas para enfocar una búsqueda desde la realidad latinoamericana y su particular entorno.

Ángel Guido fue una de las figuras que intentó explicar lo americano con el fin de presentar sus originalidades. Así, reconoció la presencia de “lo mestizo” en Latinoamérica, resultado de una ecuación arte mestizo=arte europeo + arte indígena. Aun así, para realizar su valoración acudió a las, por entonces muy famosas, categorías de Heinrich Wölfflin4, donde se establecían pares de comparación para ejemplos europeos. El traslado de estas categorías a lo americano llevó a introducir el concepto de fusión hispano-indígena (Guido, 1951). A lo largo de sus investigaciones, Guido concluyó con el reconocimiento de un “barroco mestizo”, “un estilo cabal, históricamente hablando, definido por su proceso de gestación, desarrollo y apogeo” y que habla de la existencia de “una voluntad de forma indígena”. Agregaba que Perú y Bolivia poseían los ejemplares más notables de un estilo auténticamente americano, “el primero y último desarrollado durante la conquista” (Guido, 1951, p.28).

En coincidencia con estas aperturas, los estudios oficiales de historia de la arquitectura en la Argentina incluían a América como un apéndice, en caso de que fuera considerada. En la Universidad de Buenos Aires, en 1933, Mario J. Buschiazzo incorporó el tema a su cátedra de dictado libre, hecho muy criticado “por muchos de sus colegas, quienes se negaron a dictarlo en el segundo nivel”, e incluso “se lo veía como una subversión de un orden establecido desde hacía medio siglo” (Schávelzon, 1988, p.26).

A través de la acción de Buschiazzo, del IAA y de la revista Anales,se pueden seguir las distintas instancias del camino para reconocer, valorar y ubicar a la arquitectura latinoamericana, tema que aún continúa en discusión.

MARIO J. BUSCHIAZZO (1902-1970)

Formado en la Universidad de Buenos Aires y perteneciente a una familia de arquitectos afincados en la Argentina, Buschiazzo ejerció la actividad profesional y la docente a la vez en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires5. Además de incorporar los estudios del arte y la arquitectura latinoamericana a su cátedra, afianzó su postura al relacionarse con otros colegas arquitectos e historiadores de este continente, así como con europeos interesados en el tema.

Se incorporó a la Comisión Nacional de Museos, de Monumentos y Lugares Históricos creada en 1939 por la ley N°12.665. La finalidad de dicha Comisión era unificar la administración y el control del rico patrimonio histórico cultural del país, cuyo primer presidente fue el doctor Ricardo Levene. Como arquitecto adscripto, recibió el encargo de la restauración del histórico Cabildo de Buenos Aires, de la Casa Histórica de San Miguel de Tucumán y del Cabildo de Salta, a las que siguieron otras obras.

En la senda marcada por Martín Noel y Ángel Guido, Buschiazzo encaró una labor de investigación acerca del patrimonio colonial distinta a la propugnada por sus antecesores. Solo había un camino: el del rigor documental a través de una metodología crítica y seriamente comprometida con la preservación de los monumentos que estudiaba. Para conocer la historia de la arquitectura era imprescindible:

Abandonar el romanticismo, los alegatos insustanciales, las largas disquisiciones hechas en el aire, y reemplazarlos por planos, fotografías, antiguos documentos de archivo, dibujos firmados, descripciones de viajeros y cronistas contemporáneos. Únicamente los datos exactos, arqueológicos, reconfirmables una y otra vez, eran de fiar. Todos lo demás quedaba afuera, no era útil (Schavelzon, 1988, p.29).

A su vez, y ante la existencia de otros centros de investigación como el Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), fundado por Manuel Toussaint, surgió el Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas de la Universidad de Buenos Aires, que permaneció bajo su dirección hasta su muerte en 1970. El IAA fue el ámbito para publicaciones que no sólo se circunscribieron al período colonial e iberoamericano. Hubo trabajos relacionados con EEUU6 y con la obra de los arquitectos del siglo XX, en un momento en que no eran considerados objetos de estudio debido a la idea de una falta de proyección en el tiempo para su adecuado análisis. Desde el IAA se estructuró el estudio de un campo de la historia del arte y de la arquitectura americanos prácticamente desconocidos en Europa7. Uno de los medios para difundir ese quehacer fue la publicación de los Anales del Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas.

LOS ANALES ENTRE 1948 Y 1972

Con una frecuencia anual, Anales era una publicación que recopilaba cuatro entregas en un volumen denominado con números romanos. Observaba un tamaño exterior de 18,9 x 25 cm, con un promedio de 120 a 130 páginas8. Buschiazzo preparó 23 ediciones sucesivas de Anales. Como se mencionó con anterioridad, el Nº 1 se publicó en 1948. El Nº 23, de 1970, apareció poco después de su fallecimiento, y el 24 se concluyó en marzo de 1972. Así se cerraba el volumen VI, y finalizaba lo que fue una primera etapa. De acuerdo con sus fundamentaciones, las primeras entregas registran un variado contenido temático, con predominio del arte colonial y con autores que no siempre eran arquitectos. Ya en el Nº 1 aparecen nombres que estarían presentes de manera continua: el padre Guillermo Furlong, Adolfo Luis Ribera, José Torre Revello, quien sería luego Decano de la Facultad, Manuel Augusto Domínguez y el mismo Buschiazzo. Los temas abarcaban desde la actividad de un ingeniero de la Colonia y obras de arte existentes en Buenos Aires por aquella época, hasta edificios de otras regiones de Hispanoamérica, en una multiplicidad que continuará en los números siguientes. Una segunda sección llamada “Relaciones documentales” reafirma la intención de rescatar fuentes para la investigación.

Una tercera sección se denominaba “Notas bibliográficas”. Con enorme cuidado y gran exigencia, en ella se realizaba la crítica exhaustiva de distintas publicaciones de investigadores americanos. Es de destacar la polémica, que generó en este número, el análisis del artículo de Héctor Schenone y de Adolfo Luis Ribera, profundos conocedores del arte colonial, en especial en imaginería, y del padre Guillermo Furlong. No se escatiman críticas a publicaciones de general reconocimiento, como los Cuadernos de la serie Documentos de Arte Argentino9, publicados por la Academia Nacional de Bellas Artes, a cuyo frente estaba Martín Noel. En torno a estos cuadernos, se objetaba la poca profundidad de sus textos introductorios, la poca rigurosidad del lenguaje y los errores de identificación, datación o ubicación de piezas del repertorio colonial. Sin embargo, no se desconocía “el valor que, por lo menos en la parte iconográfica, tienen las publicaciones de la Academia” (Buschiazzo, 1950, p.177). La sección “Notas Bibliográficas” fue siempre un campo controvertido. A lo largo de los primeros 24 números de esta primera etapa (1948-1972), la estructura del contenido de Anales no varió sustancialmente. El tema recurrente era la mayor o menor dependencia del arte barroco durante la época colonial, y el arte y la arquitectura latinoamericana considerados fundamentalmente desde sus valores estéticos. Sin embargo, de forma gradual fueron incorporándose referencias al siglo XIX argentino, con ejemplos que corresponden a la época denominada poscolonial y la posterior a la batalla de Caseros10. No obstante, la escala urbana fue poco mencionada en las investigaciones coloniales y en las manifestaciones prehispánicas.

En los tres últimos números de esta etapa (22, 23 y 24), deben destacarse sendos textos que indican el fin de una etapa y anticipan las posibilidades futuras. Uno es del mismo Buschiazzo, que expone una síntesis de ese arte mestizo; los otros dos, de Bayón y Martini, marcan nuevos caminos en las búsquedas.

En Anales N°22, Buschiazzo establece en su artículo El problema del arte mestizo (1969) un balance de la situación generada a partir de ese término. Señala que sólo se estudian aspectos decorativos y confecciona un catálogo con los distintos motivos antropomórficos, zoomórficos, míticos, etcétera, considerados como repertorio formal indigenista. Asimismo, cuestiona, documentación mediante, esa atribución en numerosos casos, y propone la idea de que el artista indígena tropezó, en los primeros tiempos de la colonización, con lo que fue “la captación del sentido occidental del espacio” (Buschiazzo, 1969, p.91). Critica a quienes afirman que en el ejecutor nativo existía una rebeldía en contra del dominio español, al dar rasgos indígenas a ciertas imágenes o continuar con la práctica de ciertos cultos. Surge con este trabajo un arte mestizo, pero no en sentido étnico, sino estético. Afirma que:

[La abundancia ornamental] en esencia constituye lo americano de esas arquitecturas […] Creo firmemente en la arquitectura hispanoamericana de la época de la colonización como una escuela más, dentro del gran cuadro del barroco español. Y hasta debiera decir escuelas en plural, porque en el panorama artístico que va desde el Río Grande al Río de la Plata, es fácil advertir variantes regionales tan dispares, que bien puede hablarse sin temor a riesgo alguno de un barroco mexicano, otro arequipeño, otro pampeano, etc. (Buschiazzo, 1969, p.101).

Puede parecer que estas consideraciones finales cierran, y no tienden a abrir nuevos caminos de valoración e investigación, al circunscribirse a estos campos.

La posición de Buschiazzo, quien vio siempre en lo hispanoamericano una filiación de España, fue objeto de discusión por aquellos que no compartían esa posición. Un ejemplo de este desacuerdo es Graziano Gasparini, para quien “América era una confluencia de elementos mediterráneos” (Schávelzon, 2018, p.139), además de sostener que la arquitectura hispanoamericana carecía de sentido del espacio y por lo tanto no era barroca. Otra opinión disidente eran las de Pal Kélemen y Edwin Palm, que buscan trasposiciones formales no hispánicas y rehabilitar lo prehispánico (Palm, 1949). Anales, en más de una ocasión, permitió publicar estas mismas divergencias.

Posteriormente, en Anales 23, Bayón presenta Hacia un nuevo enfoque del arte latinoamericano (1970) “El arte colonial, antes desestimado, llegó a ser un episodio más de la historia de la cultura” adelanta el autor (1970, p.13). Propone que debe ser considerado en contextos más amplios, que permitan una lectura total, y que no se debe juzgar a la arquitectura colonial con el enfoque y escalas de valores correspondiente a las artes plásticas, y menos se debe “imponer para América conceptos de ‘escuela’ o ‘estilo’, válidos en otros contextos” (1970, p. 27).

En el Anales 24 de 1972, publicado tras la muerte de Buschiazzo y bajo una nueva Dirección, se destaca el texto Notas para una crítica de la arquitectura colonial argentina de José Xavier Martini (1972), en donde indica que corresponde definir un modelo teórico apto para explicar la arquitectura americana. “Poner de manifiesto su gestalt ‘propia y distintiva’, tanto para las catedrales como lo que integra el hábitat urbano y rural colonial” (1972, p.13), y sustraer a la arquitectura del ámbito de las bellas artes. Propone que su finalidad es crear ambientes adecuados para la vida del hombre y su grupo social, ya que “debe ser funcional a la vida de la comunidad no sólo en la solución espacial y circulaciones, sino en la satisfacción emocional del grupo” (1972, p. 17). En el Río de la Plata, sitio marginado, la arquitectura popular es objeto de consumo. No requiere una teoría ajena a la propia obra sino “una interpretación global de la sociedad colonial para una valoración realista de la arquitectura colonial argentina” (Penhos, 2011, p.170). Los nuevos caminos estaban ya marcados.

INTERREGNO

Luego del fallecimiento de Mario J. Buschiazzo en 1970, fue nombrado Director del IAA y de Anales el arquitecto Jorge O. Gazaneo11, quien en la presentación del Nº 24 anunció una nueva etapa:

Esa acción sistemática en la exploración de archivos registros y catalogación llevados a cabo por los maestros que trazaron los primeros rumbos en el área ha de ser continuada […] por quienes enfatizan la necesidad de una concepción de la arquitectura y del arte más englobante y más crítica […] Nuestra interpretación se ocupará menos de la ‘arquitectura’ y del ‘arte’ como entes autónomos, y profundizará en aquellas manifestaciones que definen el entorno construido –se consideren las mismas ‘arte’ o no–, vinculas las mismas a todas las condicionantes de la historia general de la cultura y ubicadas en el contexto de la América actual (Gazaneo, 1972, p. 8).

Ya en la década de 1960 había dejado de ser prioritaria la temática colonial, se habían producido publicaciones y nuevos criterios de investigación. Comenzaba a tomar forma la ampliación de un campo temático, hasta entonces meramente esbozado. Entre 1972 y 1987, los Anales no se publicaron y el Instituto prácticamente no funcionó12.

ETAPA 1987-2008

No fue fácil desenvolverse en aquel momento, había situaciones institucionales y una coyuntura nacional que no facilitaban ciertas actividades y, tampoco, ciertas opiniones. Aun así, en ese interregno puede verificarse que se habían producido nuevas aperturas en la consideración del tema del arte y la arquitectura latinoamericanos. Se habían afirmado criterios de preservación e intervención, no sólo en obras, sino en contextos considerados patrimoniales. Se habían iniciado caminos para considerar la producción americana con criterios propios, lo cual constituía como mínimo una revolución metodológica.

[En el pasado] el IAA nunca alcanzó a absorber plenamente las tendencias metodológicas novedosas. Esto se debió en parte a su sello original de articulación con la historia tradicional. […] En un momento en que ésta estaba puesta en crisis […] el Instituto se había convertido en un espacio de imposible neutralidad académica […] mientras por fuera transcurría una revolución (Aliata y Liernur, 2004, p. 168).

En Argentina, Ramón Gutiérrez y Ricardo Jesse Alexander fundaron Documentos de Arquitectura Nacional y Americana (DANA), en el marco de la Universidad Nacional del Nordeste, en Resistencia. Esta publicación abarcó temáticas relacionadas con el interior de la Argentina y los países limítrofes, y reunió a los investigadores de esas procedencias en el Instituto Argentino de Investigaciones de Historia de la Arquitectura y del Urbanismo13. En la década de 1980, DANA intervino junto con la revista Summa en la organización de los Seminarios de Arquitectura Latinoamericana (SAL) que, con sedes rotativas, continúan en actividad14.

En medio de este panorama que poseía un repertorio terminológico propio para la producción latinoamericana, como “modernidad apropiada” o “espíritu del lugar”, la prioridad por la temática colonial quedaba lejos. El renacer de Anales, bajo la dirección del nuevo Director del IAA Jorge Francisco Liernur15, mantuvo su formato físico y continuó con su temática variada con nuevos autores y perspectivas. En el Nº 25 de 1987, Ramón Gutiérrez publica reflexiones sobre la arquitectura americana y Roberto Fernández sobre la arquitectura en la ciudad iberoamericana; Gutman presenta un artículo sobre Martín Noel en una reubicación histórica; nuevos temas vinculados con la arqueología son abordados por Daniel Schávelzon y la arquitectura y el espacio pampeano por Jorge Ramos. Larrañaga y Petrina presentan un enfoque novedoso: la arquitectura argentina del siglo XX en su primera mitad, que abarcaba reflexiones de la arquitectura de masas en búsqueda de una identidad propia16. La actividad arquitectónica del siglo XIX y de prácticamente todo el XX merecía entrar en el campo de la reflexión histórica con enorme amplitud temática (Petrina, 1987)17.

Liernur estuvo al frente de Anales hasta el Nº 27-28 (1989-1991, publicado en 1992). Tras haber concursado fue designado Director del IAA y de Anales el arquitecto Alberto de Paula, cargo que desempeñó hasta su fallecimiento en 2008. La senda iniciada por la gestión anterior continuó a través del enorme crecimiento de colaboradores locales y de corresponsales en el exterior, que difundieron sus investigaciones a través de los distintos medios que posee el Instituto: publicaciones, encuentros, jornadas. Durante la gestión de de Paula, el arquitecto Jorge Ramos ocupó el cargo de subdirector. Anales continuó con su contenido plural, con las secciones de “Relaciones Documentales” y las “Notas bibliográficas” que existen desde el Nº 1 de 1948. Esta estructura tradicional puede considerarse un homenaje a Mario J. Buschiazzo, quien propuso difundir los documentos y también dar a las notas bibliográficas un lugar para problematizar. Debe mencionarse que el Nº 31-32 es un homenaje a la vida y obra de este gran arquitecto. Jorge Ramos en su texto Estado actual de la historiografía argentina (1999) presenta lo avances dentro de la producción histórica reciente. Asimismo, Horacio Pando (1999) hace una síntesis del desarrollo del IAA desde su fundación. El volumen finaliza con una referencia a las nuevas corrientes de estudio que se dan dentro del Instituto: la búsqueda de una identidad nacional, la del enfoque social de la arquitectura, los temas de urbanización y los barrios, las búsquedas tipológicas, la de la historia de la técnica, etc. Estos nuevos estudios se introducen gracias al conjunto de investigadores que se han incorporado y que encuentran en Anales el medio de publicación apropiado.

Tras la aparición del N° 39-40 (2005-2006), en diciembre de 2007, hubo una interrupción en las entregas. Luego de un período de acefalía en la gestión, se recuperó la institucionalidad del IAA, se reorganizaron sus actividades y en 2011 se publicó el Nº 41. En la Carta del Director, el arquitecto Mario Sebastián Sabugo reafirmó el propósito de que:

[La publicación siga] estando vinculada al fortalecimiento del campo disciplinario de las historias y las estéticas de la arquitectura, la ciudad y el diseño […] [y a] mantener y profundizar una instancia de reflexión histórica acerca de las acciones, los discursos y los objetos relacionados con el proyecto (2011, p.5).

La Facultad de Arquitectura y Urbanismo se había convertido en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU). Se trata de un organismo más complejo que llevó a Anales a incorporar lo referente a las nuevas disciplinas, como Diseño Gráfico o Industrial. En esta etapa, y a partir del Nº 41, se abandonó la tradicional presentación con la portada tapa blanca y su tipografía, que se mantuvo durante seis décadas sin cambios sustanciales. Se diseñó una nueva presentación, con autoría de Valeria Hasse, en consonancia con los propósitos y contenidos actualizados, con una resolución gráfica en color que varía en cada número, y que aborda una temática específica en cada entrega.

Esta nueva presentación tiene una mayor cantidad de páginas. Posee una pluralidad de textos de investigadores jóvenes junto a otros de probada trayectoria en las actividades del IAA. Con respecto a las líneas de investigación, se evidencian diversas temáticas: el Nº 41 estuvo dedicado a Buenos Aires en proyectos, el Nº 42 a los Tiempos americanos, el Nº 43 a los Relatos del diseño, el Nº 44, a las Heterotopías, el Nº 45 a los Sentidos de la imagen, el Nº 46, a los Viajeros y Ciudades, el Nº 47 a los Bordes metropolitanos y el presente N° 48 a la Tierra y Cultura. Un recorrido por esta producción revela que no ha se abandonado la investigación histórica, sino que Anales es un medio de difusión e información asociado a las distintas carreras actuales dentro del vastísimo campo de la arquitectura, el urbanismo y el diseño. Posee un gran espíritu de apertura hacia temas que en otros tiempos hubieran resultado insólitos, como la importancia de los medios visuales, la consideración de la marginalidad (tanto desde el punto de vista social como físico), la vida cotidiana, la situación de la historiografía y la crítica. Todas estas temáticas son problematizadas con el entendimiento de nuestra modernidad incluso luego de los tiempos llamados posmodernos.

Hoy Anales, en versión papel y digital, publica trabajos originales referidos a la historia del urbanismo, la arquitectura y los diseños. Preferentemente referidos a América Latina, incluye trabajos sobre cuestiones metodológicas o problemáticas específicas surgidas de investigaciones terminadas o en curso.

REFLEXIONES FINALES

Luego de 70 años de vida, algo inusual en las publicaciones del país, los comienzos de Anales pueden parecer acotados debido a su prioridad por estudiar, documentar y valorar un tema como el arte colonial argentino y latinoamericano, el cual aparentaba ser la única producción capaz de incorporarse a una tradición arquitectónica propia. Prácticamente fue una actividad en solitario realizada desde la Argentina, y desde ahí se avanzó en vías de despertar la conciencia por preservar un patrimonio desde diversos enfoques. Más adelante, se buscaron caminos posibles hacia la definición de un arte y arquitectura unidos a una identidad nacional, regional, continental. Anales sirvió y sirve, como otros medios, para esa indagación. Existen países latinoamericanos en donde se comprende la identidad al rastrear las tradiciones, como en Brasil y México, por ejemplo. La Argentina siempre ha sido polifacética en sus gustos, sentimientos y razonamientos. Anales, sin duda, ha reconocido que debe seguir un camino argentino: la diversidad desde lo propio. Aunque siempre se está abierto a la información, ya que existe un sentimiento cultural universalista, se debe considerar que Argentina es parte de Latinoamérica. Marina Waisman ha escrito al respecto:

En arquitectura permanece la contradicción entre internacionalismo y localismo, entre “aldea global” y cada una de las aldeas particulares […] con el péndulo inclinándose a uno u otro extremo. En América Latina una corriente de la práctica y el pensamiento arquitectónico ha trasmutado esta contradicción en tensión creativa donde aceptar situaciones locales no implica rechazar la condición moderna y los valores universales (1995, p.110).

NOTAS

1. En Buenos Aires la residencia Noel, hoy Museo Fernández Blanco (1924), con repertorio limeño en sus fachadas. Otro caso es el Teatro Cervantes, cuyas fachadas reproducen la de la Universidad de Alcalá de Henares en estilo plateresco, obra de Aranda y Repetto (1921).

2. Gutiérrez menciona que: “en su búsqueda de una estética nacional, Martín Noel muestra un velado menosprecio por la arquitectura popular colonial, que lo llevó a buscar linajes, formas grandilocuentes y alcurnias aristocráticas que trascienden nuestros propios y auténticos testimonios” (1997, p. 53).

3. Deben mencionarse a Juan Kronfuss, cuya Arquitectura colonial en la Argentina aparece en 1920, a Miguel Solá, que con dibujos de Jorge Ausburg publica Arquitectura colonial de Salta en 1926 y a los registros gráficos de las obras de Vicente Nadal Mora sobre la ciudad de Buenos Aires.

4. Wölfflin, Enrique. Autor de Conceptos fundamentales de la Historia del Arte, aparecido en 1915 con una traducción al español de José Moreno Villa en 1924. La producción de Ángel Guido comprende ejemplos neocoloniales junto a un eclecticismo variado.

5. Ingresó a la Escuela de Arquitectura como docente libre de Historia en 1933. En 1935 fue Profesor Adjunto de Historia I; en 1941 Profesor Titular de Historia II, cargo que continuó en la FAU. En 1957 fue designado Profesor Titular, con dedicación exclusiva, de las materias Historia II y III. En 1968 fue nombrado Profesor Emérito. Buschiazzo también ejerció la docencia en otras instituciones.

6. Por ejemplo, Arquitectura moderna en los Estados Unidos por K. J. Conant (1949) o Skidmore, Owings y Merrill por el mismo Buschiazzo (Zimmerman, 2017). El cuerpo de investigadores del IAA ha realizado numerosas publicaciones que a lo largo de los años han superado la temática colonial de los primeros tiempos.

7. Desde principios del siglo XX hubo en España un interés por su arquitectura vernácula y sus derivaciones americanas. Se creó la cátedra sobre el arte hispanoamericano en la Universidad de Sevilla. Debe recordarse la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929 donde Noel fue autor del Pabellón Argentino, en flamante estilo neocolonial.

8. Observó un diseño de tapa y contratapa cuyo autor fue Vicente Nadal Mora. Este diseño se mantuvo durante 40 números, sobre fondo blanco y caligrafía en negro, con excepción de la palabra Anales, destacada con un color que variaba en cada entrega.  La impresión se realizó hasta el nº 24 en los talleres gráficos de Domingo E. Taladriz.

9. Colección editada por la Academia Nacional de Bellas Artes entre los años 1939 y 1947. Aborda, con un recorte regional, el arte y la arquitectura colonial.

10. En el Nº 14, Alberto de Paula publicó un texto sobre la Catedral de Lomas de Zamora y la iglesia de Adrogué. En los N° 15, 16 y 17 siguieron otros sobre “Templos rioplatenses no católicos”, todos construidos desde la época de Rosas hasta fines del siglo XIX. En el Nº 18 escribió acerca de la obra de Felipe Senillosa, activo también a mediados de siglo. Estas fueron, junto a un artículo de Horacio J. Pando sobre Palermo de San Benito, las primeras colaboraciones fuera del período colonial. 

11. Luego del cambio de dirección, el IAA pasó a denominarse Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas “Mario J. Buschiazzo”. El arquitecto Héctor Morixe continuó como secretario tras haber sucedido en 1967 a Héctor Schenone. 

12. Alberto de Paula relata las circunstancias de este momento (de Paula, 1999).

13. Ramón Gutiérrez ha logrado establecer una red entre los investigadores de Latinoamérica y España. Actualmente dirige el Centro de Documentación de Arquitectura Latinoamericana (CEDODAL), con sede en Buenos Aires y una vasta producción editorial en donde se destacan entregas dedicadas a los arquitectos activos en la Argentina desde fines del siglo XIX y el XX.

14. Summa, en sus primeros momentos, fue renuente a reconocer dentro de la arquitectura argentina propuestas alternativas. Un ejemplo es el movimiento de Las Casas Blancas, surgido a fines de los años cincuenta. Fue gracias a la intervención de Marina Waisman y otros académicos, que llevaron el tema de la arquitectura histórica a su redacción. Waisman consideraba que el análisis de la arquitectura americana debía hacerse desde su propia circunstancia. De este modo, el centro se encontraba en lo que, hasta ahora, se había considerado el margen.

15. En 1984, con la restauración de las instituciones republicanas, el arquitecto Gazaneo pasó a dirigir el Centro para la Conservación del Patrimonio Urbano-Rural (CECPU). El IAA quedó bajo la dirección del arquitecto Roberto Fernández, quien organizó las investigaciones según cuatro subprogramas. Uno de ellos estaba dedicado a la Historia General, donde el período 1920/45 se desdobló en las corrientes de expresión nacionalista y las funcionalistas-racionalistas. En 1987 el arquitecto Liernur ocupó la Dirección.

16. Junto con Anales se volvieron a publicar los Cuadernos de Historia, dedicados a registrar la producción de arquitectos en la Argentina desde fines del siglo XIX.

17. El arquitecto Liernur estableció un vasto plan de investigaciones según diferentes líneas: Arquitectura latinoamericana, Arquitectura Argentina, Historia de Buenos Aires, Historia de la Tecnología Edilicia, Historia del Diseño Industrial y Arqueología Urbana. Llegó a configurar un centro dirigido por el arquitecto Daniel Schávelzon. Los arquitectos Alberto Boselli y Graciela Raponi se encuentran al frente del Laboratorio Audiovisual. Las líneas de investigación se hallan en permanente ampliación.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas “Mario J. Buschiazzo”.
Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo; Universidad de Buenos Aires.

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