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ARTICULO

La formación de los arquitectos. Una preocupación constante de Enrico Tedeschi.

Architect’s training. A constant concern of Enrico Tedeschi.

Noemí Adagio * y Maria Claudina Blanc **

* Arquitecta por la Facultad de Arquitectura, Planeamiento y Diseño, Universidad Nacional de Rosario (FAPyD-UNR). Magíster en Arquitectura Urbana, Escuela de Arquitectura de París-Villemin (ex UPA 1). Investigadora Independiente del Consejo de Investigaciones de la UNR. Jefe de Trabajos Prácticos en Historia de la Arquitectura (FAPyD-UNR). Directora del proyecto “Enrico Tedeschi (1910-1978): Arquitectura, urbanismo, tecnología, historiografía y crítica entre Argentina e Italia”. Es editora junto a Alejandra Sella de: Enrico Tedeschi: work in progress (2014, Editorial EDIUM) y de Antología La Biblioteca de la Arquitectura Moderna. Argentina 1919-1963. Escritos, diálogos, imágenes (2012, UNR y A&P Ediciones), Primer Premio en la 14º Convocatoria de la Sociedad Central de Arquitectos y del Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo (2012).

Consejo de Investigaciones de la Universidad Nacional de Rosario. Centro Universitario Rosario de Investigaciones Urbanas y Regionales (CURDIUR-CIUNR-UNR). Riobamba 220 bis (2000) Rosario, Santa Fe, República Argentina. Email: noeada@gmail.com

** Arquitecta por la Facultad de Arquitectura, Planeamiento y Diseño, Universidad Nacional de Rosario (UNR). Investigadora Auxiliar del Consejo de Investigaciones de la UNR. Jefe de Trabajos Prácticos de Historia de la Arquitectura, Facultad de Arquitectura, Planeamiento y Diseño (FAPyD-UNR). Codirectora del proyecto “Enrico Tedeschi (1910-1978): arquitectura, urbanismo, tecnología, historiografía y crítica entre Argentina e Italia”. Coordinadora Editorial y miembro del Comité Editorial de la revista A&P Continuidad.

Consejo de Investigaciones de la Universidad Nacional de Rosario.  Centro Universitario Rosario de Investigaciones Urbanas y Regionales (CURDIUR-CIUNR-UNR). Riobamba 220 bis (2000) Rosario, Santa Fe, República Argentina. Email: claudinablanc@gmail.com

Este trabajo se desprende de un Proyecto de Investigación y Desarrollo (PID) de la Secretaría de Ciencia y Tecnología de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), desarrollado entre 2015 y 2018 y titulado “Enrico Tedeschi (1910-1978): Arquitectura, urbanismo, tecnología, historiografía y crítica entre Argentina e Italia”.

RECIBIDO: 11 de julio de 2018.
ACEPTADO: 20 de octubre de 2018.


RESUMEN

Enrico Tedeschi fue contratado como profesor extraordinario en 1948 para integrarse al Instituto de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Tucumán. De todas las actividades y tareas asumidas, desempeñó de manera ininterrumpida la docencia: primero en Tucumán, luego en San Juan y Córdoba y más tarde también en Mendoza. Desde ese ejercicio, siempre reflexivo, sus ideas se infiltraron en debates teóricos y culturales, en discusiones institucionales y también en otros ámbitos disciplinares. Los desafíos de la enseñanza de la arquitectura y de la formación del arquitecto fueron las preocupaciones centrales sobre las que volvió, una y otra vez, y dibujaron una trama que dio sentido a su trayectoria y a su obra teórica y crítica. En este artículo se destacan los temas que le interesaron desde su formación y que repensó continuamente con absoluta pertinencia cultural durante treinta años.

Palabras clave: Enrico Tedeschi; enseñanza de la arquitectura; biografía.
Referencias espaciales y temporales: Italia; Argentina; segunda mitad del siglo XX.

ABSTRACT

Enrico Tedeschi was hired as an extraordinary teacher in 1948 to integrate the Institute of Architecture and Urbanism at the University of Tucumán. Among all the activities and tasks he took on, teaching was an uninterrupted one: first in Tucumán, then in San Juan and Córdoba and later also in Mendoza. From that exercise, always reflexive, his ideas leaked into theoretical and cultural debates, institutional discussions and also in other disciplinary fields. Architectural teaching and architectural education challenges were the central concerns that he came back to, again and again, and draw a plot that gave sense to his career and to his theoretical and critical work. This article highlights the interests that define him since his education and that he continued rethinking with great cultural relevance during thirty years.

Key words: Enrico Tedeschi, architectural teaching, biography.
Space and time references: Italy, Argentina, second half of the 20th Century.


En los últimos quince años hubo una multiplicación de estudios de distinta procedencia que lograron poner de relieve el valor académico y cultural de Enrico Tedeschi (Italia, 1910 – Argentina, 1978). Tesis monográficas como la de Leonardo Codina (2004), Sebastián Malecki (2013), Flavio Marino (2014) sobre los años previos a migrar a Argentina, una gran cantidad de ensayos parciales y otros hechos recientes –como la recopilación exhaustiva de documentos por parte del ingeniero italiano Fausto Giovannardi (2017) y la reimpresión editorial de Una introducción a la historia de la Arquitectura por parte de Reverté–, demuestran sobradamente que la obra de este arquitecto romano aún propone núcleos de interés. Este artículo se focaliza en sintetizar los episodios y posiciones más relevantes relativos a la historia, la teoría y el proyecto sobre los que Enrico Tedeschi trabajó y reflexionó durante su larga y diversificada vida académica.

Cuando en marzo de 1948 llegó a la Argentina, lo hizo para incorporarse al Instituto de Arquitectura y Urbanismo (IAU), recientemente fundado en la Universidad Nacional de Tucumán (UNT). Al aceptar esa oferta de profesor extraordinario, renunciaba a un cargo interino que ejercía en laLa Sapienza, Facultad de Arquitectura de la Universidad de Roma (en Carratteri Distributivi degli Edifici), a las presentaciones en las que había sido declarado idóneo para esa misma asignatura y para la cátedra de Urbanismo en el Instituto Universitario de Arquitectura de Venecia (IUAV), que bajo la dirección de Giuseppe Samoná se había convertido en un ámbito de experimentación y renovación de la enseñanza. También abandonaba la actividad técnica y proyectual que en distintos equipos había realizado desde que obtuvo su diploma en 1934, y dejaba atrás el equipo editorial de Metron y los emprendimientos asociados de la APAO y la Escuela Orgánica, de los que participaba desde agosto de 1945 en pos de buscar respuestas para la crítica situación social, urbana y cultural heredada del fascismo (Casciato, 2005; Adagio, Aravena, Bertoldo, Blanc y Huck, 2017). No era poco lo que dejaba, sin embargo se decidió por emigrar a América, seguramente por sus míticas leyendas de tierra acogedora y con futuro.

De todas las actividades y tareas asumidas en Argentina, el ejercicio de la docencia lo realizó sin interrupciones: primero en Tucumán, luego en San Juan y Córdoba y más tarde también en Mendoza. Desde ese ejercicio, siempre reflexivo, sus ideas se infiltraron en debates teóricos y culturales, en discusiones institucionales y también en otros ámbitos disciplinares. Es posible asegurar que los desafíos de la enseñanza de la arquitectura y de la formación del arquitecto fueron las preocupaciones centrales sobre las que volvió una y otra vez, al dibujar una trama que diera sentido a su trayectoria y a su obra teórica y crítica. La preocupación por integrar los contenidos, que en la práctica educativa estaban fragmentados y dispersos en las distintas asignaturas, y por articular los saberes técnicos con los valores artísticos de la disciplina, fue construida a partir de las tradiciones críticas que lo acompañaron desde su formación y que luego se discutieron en el clima de las necesidades de la posguerra. De modo que, en este artículo se destacan los temas que le interesaban y que repensó con absoluta pertinencia cultural durante treinta años, sin escatimar dedicación, a pesar de las encrucijadas muchas veces dramáticas que debió resolver.

AL INTEGRARSE A UN PROYECTO UNIVERSITARIO EN MARCHA

El Instituto de Arquitectura y Urbanismo fundado en 1947 por los jóvenes que habían pertenecido al grupo Austral (Jorge Vivanco, Horacio Caminos y Eduardo Sacriste), respondía a un ambicioso proyecto político del gobierno de Juan Domingo Perón para promover el desarrollo de las provincias del noroeste argentino. En consonancia con ello, la enseñanza y su aplicación se pensaban como “formación situada”, que generaba los conocimientos del medio en el que los profesionales iban a actuar, en detrimento de esquemas universales y abstractos. Fue una escuela que idealizó el trabajo horizontal y coordinado entre asignaturas, en la que Enrico Tedeschi se hizo cargo del curso de Historia en el primer año y a partir del segundo también del de Teoría, a pesar de las restricciones impuestas por el Estado Nacional para ocupar más de un cargo docente. Además de esas tareas, Tedeschi realizaba otras actividades técnicas y profesionales (solo o en equipo con otros colegas docentes), para la construcción del complejo de la ciudad universitaria que fue ubicada en el cerro San Javier, más como respuesta a la escala regional antes que por su conexión con la ciudad capitalina de San Miguel de Tucumán. Para aportar a ese centro universitario también fueron convocados otros italianos. Pier Luigi Nervi fue contratado para el análisis estructural de los edificios, y el milanés Ernesto N. Rogers se ocupó de un seminario intensivo de Teoría de la Arquitectura durante el año 1948, antes de seguir su periplo como colaborador del Plan de Buenos Aires, como lo señalan Liernur (1996) y Molinari (1998).

En ese contexto, Tedeschi inauguró un capítulo latinoamericano que intentó fundamentar en los objetivos del ideario regionalista. Organizó viajes de estudio a Perú y Bolivia con los estudiantes para reconocer el patrimonio americano y hacer relevamientos gráficos y fotográficos que luego fueron publicados en parte.

Se considera muy importante dar a los estudiantes la posibilidad de ver monumentos, sea antiguos como de la época colonial, al fin de que la enseñanza tome sentido real, saliendo de la forma abstracta y libresca que la falta de contacto directo con el monumento puede producir (Expediente N°531/T/948, 1948).

Solo una mirada externa como la de este arquitecto romano podía sostener que todos los pueblos del continente son monumentos de una sola cultura, la americana, aunque estén ubicados en el territorio de distintas naciones soberanas (Tedeschi, 1953b). Con esa convicción propuso crear el Instituto Argentino de Arte Americano y promovió una red de universidades para fomentar el estudio (arquitectónico y cultural) de los conjuntos monumentales sudamericanos. Tedeschi sabía que el patrimonio argentino era estudiado en el Instituto de Arte Americano (IAA) de la Universidad de Buenos Aires, dirigido por Mario Buschiazzo, pero con la creación de este nuevo instituto apelaba a organizar una competencia fundada en “la unidad de los pueblos latino-americanos”, que tienen una unidad y una “realidad concreta e indiscutible en sus cimientos culturales: el arte precolombino y el colonial, patrimonio único e indivisible de todos los pueblos del continente” (Tedeschi, 1953b). Más allá de que estas propuestas no prosperaron completamente por problemas de intereses y recursos, se destaca que esta mirada y valorización del patrimonio latinoamericano fuera tan temprana como incomprendida (Figura 1).


Figura 1: Enrico Tedeschi en el relevamiento de la Iglesia de las Teresas, Córdoba (1958). Fuente: Gutierrez, Paterlini y Trecco, 2007, p. 61.

Aunque la realidad de Tucumán era muy diferente a la de la posguerra europea y sus destrozos materiales, exhibía grandes proyectos y enormes ambiciones que igualmente tenían carencias. La primera, que Tedeschi identificó apenas asumió como profesor de Historia, fue la falta de libros y materiales para dar sus clases, como consta en las cartas que enviaba a sus superiores para solicitar subsidios con la lista de los títulos imprescindibles. Con los conocimientos necesarios, Tedeschi emprendió la tarea de escribir Una introducción a la historia de la Arquitectura, con el objetivo de construir unas notas para una cultura arquitectónica.1 Este texto que el Instituto pudo publicar recién en 1951, no podría haber sido escrito por un arquitecto local ni tampoco sin la colaboración precisa de ellos. De corte erudito, Tedeschi planteó e integró en él los últimos debates de la crítica y la historiografía, y asumió la tradición croceana de la identidad de la crítica con la historia; las categorías de gusto planteadas por Lionello Venturi, y la propuesta zeviana sobre el espacio, entre otras. Frente a la necesidad de fundar “un método crítico humano y moderno” (Tedeschi, 1951, p.69), esto es, estudiar arquitectura a partir de las mejores obras construidas a lo largo de la milenaria tradición arquitectónica, el texto seguía las perspectivas de “invitación a la historia” que sus colegas de Metron ya habían inaugurado (Zevi, 1948b; Piccinato,1949). Así plantaba las banderas que jamás abandonó: la del estudio de la arquitectura concreta, alejada de los abstractos esquemas y aproximaciones funcionales; y la de la Historia como “manantial inagotable” (Tedeschi, 1951, p.9) de ejemplos para el trabajo de creación. Una relación de la Historia y el proyecto que años más tarde encontró en el Instituto de Venecia un escenario de posiciones, que Adagio (2018) ejemplifica en las visiones contrapuestas de Bruno Zevi y Manfredo Tafuri. La arquitectura no podía contentarse con ser solo un hecho técnico, como la primera historiografía de la arquitectura moderna había defendido. Para la conformación de un método crítico y una visión amplia y humanística de su obrar, el alumno debía instrumentarse en la lectura del espacio.

A raíz del revuelo ocasionado por la visita de Bruno Zevi en agosto de 1951, la Sociedad Central de Córdoba, le solicitó a Tedeschi una conferencia sobre “arquitectura orgánica” que, aún con sus reservas por haber formado parte del debate italiano, aceptó realizar.2 Se vuelve necesario mencionar este tema, alejado del recorte de este artículo, por una exigencia crítica, ya que la obra construida en Argentina por Tedeschi fue interpretada en esa clave (Sella, 2000; Codina, 2004; Prieto, 2017, entre otros). No hay dudas de que en las bases de este programa técnico-cultural, de importante impacto en la cultura arquitectónica de mediados del siglo XX, estuvo el texto de Bruno Zevi Verso un’architettura organica de 1945. Tedeschi había sido el primero en realizar para los lectores de Metron la presentación del libro, luego conoció de primera mano las polémicas que había generado y también las precisiones que Zevi realizó contra las lecturas y derivaciones estilísticas (Zevi, 1948a). De modo que en la conferencia de Córdoba pudo situar el tema con todas sus advertencias y presentar los distintos motivos morales, sociales y psicológicos que suponía el programa de la arquitectura orgánica, e insistir sobre ella en tanto “realidad artística fundada sobre el hecho espacial” (Tedeschi, 1952, p.73). Al igual que su colega romano, advertía sobre el desplazamiento del término desde el adjetivo del objeto arquitectónico (orgánico) hacia la actitud (orgánica) del sujeto creador de la obra, que pasaría así a asumir un papel activo en el campo de la cultura. Esta actividad del proyectista que debía ser consciente, histórica y crítica en todos los campos de su tarea, era una premisa del programa técnico-cultural que el colectivo de Metron defendía incansablemente (Adagio, Aravena, Bertoldo, Blanc y Huck, 2017).3

En 1952, cuando se cumplían poco más de cuatro años de su radicación en Tucumán, y habiendo realizado los viajes por América Latina cuyos réditos parecían empezar a sentirse, Tedeschi se vio obligado a adecuarse a las situaciones que ofrecía el momento político, al decidirse por seguir en la UNT en el momento en que muchos de sus colegas del grupo fundador del IAU renunciaron a firmar el apoyo político al gobierno de Perón. En ese marco, que algunos habrán visto como acto de cobardía y otros como señal de agradecimiento, quienes optaron por esa decisión fueron reacomodados y, de algún modo, premiados.4 Por otro lado, por esos años, la producción de la Universidad Nacional de Tucumán, en todas las disciplinas y también en Arquitectura y Urbanismo, era reconocida por su calidad y concretos resultados. Debido a ello, el gobierno nacional les había asignado junto a la Universidad de Buenos Aires, el papel de liderar, planificar y controlar la formación de posgrado (Plan de Estudios de la carrera de Arquitectura, 1953). En ese contexto, y a partir de la iniciativa institucional, Tedeschi sintetizó en 1953 el tema de la enseñanza del urbanismo en las universidades argentinasen las Jornadas de Urbanismo, realizadas en Tafí del Valle, donde representó a la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UNT. Con una evaluación negativa sobre la actividad urbanística que no estaba a la altura de lo que el gobierno nacional planteaba en lo político (el rol del arquitecto en la reorganización territorial y urbana), enumeraba los problemas que debían considerarse. Entre ellos, era necesario definir los límites del urbanismo y sus incumbencias y, especialmente, definir qué tipo de urbanista se pretendía formar (un técnico en equipo o un coordinador de equipo), ya que cada perfil implicaba enfoques y contenidos distintos en su enseñanza. Citaba las palabras de J. Hudnut, entonces decano de la Universidad de Harvard, al señalar que antes que las ideas y la técnica, son “los hombres, las instituciones y las leyes” los que determinan el urbanismo, que cualquiera sea en teoría, en la práctica es siempre un “hecho político” (Tedeschi, 1954, p.51). Tedeschi destacaba que las situaciones sudamericanas eran tan distintas (en la relación territorio y densidades poblacionales) de las norteamericanas y de las europeas, en las que se basaba la doctrina contemporánea del urbanismo, y exigían llevar la enseñanza “sobre un terreno concreto” (p.52) para fomentar verdaderamente un “urbanismo latinoamericano” (p.53) en base a una enseñanza de carácter histórico-crítico y al estudio de los valores del paisaje.5 Con la puesta en vigencia del Segundo Plan Quinquenal del gobierno de Perón y la definición del Plan común para todo el territorio nacional, se sucedieron una serie importante de actividades que ponían en discusión la enseñanza de la arquitectura y el urbanismo, tanto en congresos de docentes como de estudiantes.6 Estos programas institucionales, a la vez que exigían resultados, también se convertían en escenarios propicios para liderar debates en los cuales Tedeschi tuvo un papel relevante, y plantea por lo menos una paradoja: por un lado, seguramente veía en la imposición del gobierno peronista una actitud que detestaba pero, a la vez, las palabras del Segundo Plan Quinquenal sobre el tipo de educación universitaria deseada parecían escritas por él, al definir una enseñanza universitaria gratuita, práctica y especializada, complementada con investigación científica para que el profesional asuma un papel de carácter social y se convierta en patrimonio del pueblo (Presidencia de la Nación, 1953, p.86) a partir del estudio directo de los contextos en oposición a un saber enciclopédico y memorístico.

EN CIRCUNSTANCIAS PRETENDIDAMENTE FUNDACIONALES

A partir de la autoproclamada Revolución Libertadora (1955) que se impuso como nuevo orden político, comenzó un debate sobre la renovación de la enseñanza en un clima de refundación. A esa altura del desarrollo de la arquitectura moderna, en general los planes atrasaban y eran, formalmente por lo menos, los mismos desde las primeras décadas del siglo XX. Aún las facultades creadas a mediados de siglo repetían los mismos esquemas. Como no podía ser de otro modo, en cada facultad la renovación se interpretaba de manera diferente; los cambios de currículas y didácticas respondieron a las figuras que las llevaban adelante, antes que a un plan discutido y consensuado. Para ejemplificar brevemente la disparidad, se señala que mientras en algunas escuelas (entre ellas la de Rosario de la Universidad Nacional del Litoral) la renovación pasó por retirar el dictado de Teoría de la Arquitectura que el Plan de Estudios común había confirmado, Tedeschi obtuvo en Córdoba, por concurso en 1956, la titularidad de la asignatura que dictaba en la UNT desde 1949, y que por un periodo de dos años había dictado también en la Universidad Nacional de Cuyo. Justamente, al advertir las asimetrías institucionales, Tedeschi proponía llevar el debate hacia un método de enseñanza antes que a la definición de planes, ya que las circunstancias de cada escuela a veces no permitían sostener.

Los planes necesitan un fundamento de carácter general, que asegure a la acción local valor concreto para la formación del arquitecto […] Muchos de los defectos nacen de la falta de un método definido que pueda constituir una base cultural para los estudios de arquitectura (Tedeschi, 1957a, p.30).

La primera reunión de docentes de Historia, realizada en Tucumán en abril de 1957 y liderada por la ponencia de Tedeschi, suscitó tanto interés que aseguró una segunda reunión a los tres meses en Buenos Aires (Figura 2). Se puso en discusión la relación de la Historia con el proyecto; el rol de la asignatura en toda la formación del estudiante y apareció por primera vez una propuesta sobre la necesaria formación de los docentes, que sin mediar formación específica de índole cultural, desde su diploma profesional, asumían la docencia en las universidades argentinas. Además Tedeschi reclamaba a las instituciones la falta de debates horizontales entre los docentes de una misma escuela, o aún entre docentes de la misma asignatura; planteaba la necesidad de tomar conciencia de los supuestos que encerraban las expresiones que se utilizaban y criticaba los caminos cómodos trillados (educación en el proyecto de arquitectura por soluciones); y advertía sobre la coexistencia de tendencias culturales divergentes (racionalismo, historicismo y empirismo) y de herencias educativas y recetas tradicionales también divergentes (la educación beaux-arts, la politécnica y la humanista) sin conciencia de ello (Tedeschi, 1957b).


Figura 2: Reunión de docentes en el Encuentro de Docentes de Historia de la Arquitectura, Tucumán (1957). Fuente: Gutierrez, Paterlini y Trecco, 2007, p. 72.

Estas reuniones hicieron que las ideas de Tedeschi se difundieran a nivel nacional, como destaca Malecki (2013), y se valorizaran las relaciones entre Tucumán y Córdoba que él mismo vehiculizaba. La entonces Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) estaba recién institucionalizada (1954), y bajo la órbita de Jaime Roca como Decano Interventor, había llevado adelante las tareas encomendadas por la Revolución Libertadora. De las reuniones docentes comenzadas en Tucumán, surgió por iniciativa del porteño Francisco Bullrich -entonces a cargo de Historia en la escuela de Rosario en plena reorganización curricular-, la creación del Instituto Interuniversitario de Historia de la Arquitectura (IIDEHA), con la participación sostenida de todas las universidades nacionales con excepción de la de Buenos Aires (por disputas de poder), que significó un aporte indudable a la cultura arquitectónica argentina. En pocos años, se amplió incluso a participaciones de Chile y Perú. A la fecha no se cuenta con un análisis que profundice en las consecuencias de esta red regional de discusiones que, con invitados expertos de renombre internacional, funcionó con cierta regularidad durante quince años. Solo se ha realizado una reseña en homenaje a los cincuenta años de su creación (Gutiérrez, Paterlini y Trecco, 2007). Este foro de discusión, no casualmente convocado desde el inicio para abordar la relación entre Arte y Sociedad, pretendía poner en discusión la posición disciplinar de la Arquitectura y, desde esa base, discutir los problemas de la enseñanza al seguir la lógica que Tedeschi había planteado años atrás respecto del urbanismo. Como no podía ser de otro modo, hubo disidencias respecto de la manera de definir el cometido y los métodos de la historia, en una tensión entre una perspectiva sociológica del arte, con énfasis en la técnica y la cultura, y otra, centrada en la dimensión artística y autónoma de la disciplina. Algunas de las posiciones fueron publicadas en Nuestra Arquitectura. Tedeschi elaboró el cierre del debate al reservarse para sí todas las respuestas y contestar cada una de ellas en base a una presentación historiográfica que abarcaba el marxismo, la escuela de Viena, el puro visibilismo y retomaba, como siempre, a Benedetto Croce con la identidad entre la crítica y la historia (Tedeschi, 1959). También aprovechó la ocasión para defenestrar la historiografía de la arquitectura encabezada por Sigfried Giedion, focalizada en el desarrollo de la técnica por encima de la capacidad artística de la disciplina. De modo que, una vez más, Tedeschi defendía la historia de obras y de personalidades artísticas como había ejemplificado en su publicación Frank Lloyd Wright en 1955.7

ANTE LA POSIBILIDAD DE FUNDAR UNA ESCUELA

Armar una currícula completa fue el mayor desafío académico asumido en el marco de la creación de la Universidad de Mendoza, a partir de la ley de 1958 que posibilitó la educación privada. Enrico Tedeschi, junto a otras figuras como Daniel Ramos Correa y Raúl Bulgheroni, fue el promotor y gestor administrativo de la Escuela de Arquitectura y luego su decano hasta 1972. La escuela de Mendoza se sumaba a las de Buenos Aires, Tucumán, Córdoba, Rosario, San Juan, La Plata, Resistencia y Mar del Plata. Su currícula, a diferencia de ellas, fue innovadora, especialmente por la preeminencia de las asignaturas técnicas y de ingeniería estructural. Tedeschi se había preparado durante toda su vida académica al reflexionar sobre el tema de la coordinación, la articulación de los saberes y la organización de la formación del arquitecto: la posibilidad no podía ser más completa. El Plan de Estudios que propuso para la “Escuela Tedeschi” –como era reconocida a nivel nacional– rescataba el lugar de la asignatura Teoría de la Arquitectura, que se daba en el segundo año de la carrera y abría una pequeña brecha entre Introducción Cultural y los seis módulos de Historia de la Arquitectura, y se convertía así en un espacio de articulación para los problemas de la arquitectura.

Entre el programa para la materia que ideó en 1948 y el Plan de Estudios que creó en los primeros años de la década de 1960, la asignatura Teoría de la Arquitectura pasó de ser considerada una materia transversal a los contenidos –dado el reconocimiento de la falta de integración entre asignaturas– a ser una plataforma desde la cual se daba una forma conceptual a los procesos proyectuales, más intuitivos que metodológicamente precisos. Junto a este paquete crítico que combinaba Teoría e Historia –la base de su método– Arquitectura, la materia troncal en todo Plan de Estudios, estaba estrechamente vinculada a Construcciones.

Quizás, el camino más certero sea el de una integración y colaboración más estricta entre las varias disciplinas de la carrera de arquitecto alrededor de los cursos de proyecto de arquitectura, que forma su columna vertebral […] no es este un llamado romántico […] Si se quiere llegar a una preparación concreta y unitaria del arquitecto, hace falta que todas cooperen al resultado final (Tedeschi, 1953a, p.153).

Otra vez Tedeschi sintió la ausencia de textos que pudieran guiar al alumno en sus múltiples aproximaciones al proyecto. En esa oportunidad no habían títulos para comprar como había solicitado en Tucumán, ya que el mercado de textos regional e internacional era una desolación en cuanto a teoría. Ello lo interpeló a escribir su Teoría de la Arquitectura (1962), cuya primera publicación por Nueva Visión salió en el mismo momento en que el proyecto para la sede de la escuela estaba en etapa de precisiones, como lo ha estudiado pormenorizadamente Codina (2004). Inaugurada en 1964, a partir de una estructura antisísmica que adaptó formas premoldeadas preexistentes, con fines portantes y resultados plásticos, se convirtió en un manifiesto de su manera de concebir la arquitectura. El edificio replicaba formas estructurales que circulaban en las revistas internacionales, sobre experiencias que se probaban también en otras latitudes, como ha sido señalado por Adagio (2013) (Figuras 3 y 4).


Figura 3: Publicación del edificio de la Facultad de Arquitectura de Mendoza. Fuente: L’Architettura. Cronache e Storia, 92(2), p. 103.


Figura 4: Detalle de la fachada del edificio. Fuente: Fotografía de las autoras.

Su Teoría de la Arquitectura recogía quince años de reflexiones docentes y se concentró en definir aproximaciones a la forma arquitectónica, centrándose en el programa arquitectónico concebido como herramienta de análisis y de creación a la vez, capaz de abordar el contexto histórico-material de la intervención proyectual que no podía pensarse como un proceso lineal ni secuencial, para arribar a la respuesta situada de la arquitectura (Figura 5). El programa arquitectónico definido como problema sustantivo de la arquitectura moderna (que no podía basarse ni en aproximaciones tipológicas ni en la idea de composición academicista beaux-arts), tenía similitudes con el planteo contemporáneo que John Summerson (1957[1993]) realizaba en Londres, en una conferencia que posteriormente fue recuperada como seminal en las antologías de teorías del siglo XX, como señalan Aravena y Gobbo (2018). Tanto Tedeschi como Summerson defendían el sentido vital del programa para el proyecto y, de algún modo, ponían palabras a preocupaciones que excedían territorios y nacionalidades.8 Tedeschi, desde una concepción humanista, confiaba la síntesis de la forma arquitectónica a la subjetividad del proyectista, por lo cual era imposible objetivar y sistematizar completamente los caminos hacia la forma. Cualquier intento de regulación científica coartaría la fundamental y supuesta libertad del artista.

Cómo la idea se hace imagen y luego ésta se precisa en formas concretas en las que resultan satisfechas las exigencias particulares, es más difícil de explicar, pues interesa al proceso creador que es propio y particular de cada arquitecto (Tedeschi, 1962, p. 110).


Figura 5: Tapa de la segunda edición de Teoría de la Arquitectura (1969). Fuente: Digitalización de las autoras.

Justamente, Tedeschi señalaba las falencias de los metodólogos que, al pretender sistematizar racional e integralmente el proceso de diseño, cometían el error de considerar la arquitectura como una ciencia exacta. Los textos teóricos posteriores, publicados durante la década de 1960, al tiempo que reconocían la complejidad programática e intentaban abordarla recurriendo a otros saberes especializados, demostraban la insuficiencia de un enfoque que concibiera al arquitecto como el único responsable de la forma arquitectónica. En la versión ampliada de la segunda edición (1969), Tedeschi hizo cuentas con el debate teórico contemporáneo, señaló los avances de la ciencia (Alexander, [1966]1969) y de la psicología (Hesselgren, 1964), entre otros. Siempre en torno a cuánto podrían enriquecer el proceso proyectual, sin aludir siquiera a las teorías elaboradas en su lengua de origen (la tendenza), que pretendían hacer de la construcción de la ciudad la inescindible competencia de los arquitectos y el lenguaje de la arquitectura.

CONCLUSIÓN

A finales de los años 40, Tedeschi se ubicaba indiscutiblemente en la tradición modernista sin ninguna alusión a las categorías academicistas. No defendía una continuidad del llamado Movimiento Moderno sin crítica o a ciegas, y se singularizaba por la defensa de la centralidad de la historia, en primer lugar, y más tarde por asumir tempranamente el egionalismo, como clave de superación de la arquitectura moderna bajo ciertas reservas.9 En los primeros años de la década de 1960, su ubicación fue categóricamente de resistencia y realizó denodados esfuerzos por mantener la disciplina en un limbo ideal, por fuera de las contaminaciones de la cultura de masas que amenazaba con los valores del mercado, la autonomía artística y su regulación estética. Justamente, el relativismo cultural trataba de imponer lo plural y proclamaba las artes con paradigmas significantes diferentes, al hacer caer la máxima croceana de que “el arte” es uno y no podía dividirse en “artes”. El miedo a la “muerte del autor”, o a su disolución en las estructuras sociales, lo llevó a Tedeschi a distanciarse incluso de los colegas más cercanos.10

En el recorrido realizado por su vida académica, se ha constatado que Tedeschi no se corrió un ápice de su posición artística sobre la disciplina, ni aun cuando las visiones relativistas propias de la posmodernidad y el avance de las ciencias sociales, estructuralismo mediante, socavaban sin descanso todas las certidumbres. Esas férreas convicciones se hicieron patentes cuando, frente a la iniciación del Taller Total en la facultad de Córdoba (1970), renunció a su cargo docente junto con Marina Waisman y Raúl Bulgheroni. Para su concepción de la formación del arquitecto, los nuevos esquemas basados en autoridades y saberes supuestamente horizontales y a la mano de quien quisiese, postulaban un arquitecto más sociólogo que artístico en su hacer. La autonomía de la disciplina se disolvía en el aire y, con ella, Tedeschi daba un paso al costado, e incluso renunciaba a la participación y discusión desde dentro de la propia institución.

En pocos años, a partir de la radicalización política que vivía todo el país y especialmente el campo universitario, a Tedeschi le arrebataron drásticamente los cargos docentes y administrativos que ejercía en Mendoza, aunque los grupos estudiantiles que pretendían inaugurar un nuevo ciclo le habían dado la oportunidad de renunciar. Se ha comenzado a hablar de estos hechos traumáticos recién en 2012, cuarenta años después, en unas jornadas de actualización de los estudios sobre Tedeschi realizada en Mendoza. A pesar de esto, aún no se ha profundizado con rigurosidad en torno de las circunstancias que tales hechos requieren, a partir de los cuales Tedeschi sufrió decepciones por parte de sus propios colegas, con quienes había trabajado durante más de una década. Un caso que ejemplifica esto fue la situación que se planteó en el Seminario del IIDEHA realizado en La Plata en 1970, con la presencia de Umberto Eco como invitado especial, donde Abdulio Giudici le solicitó la renuncia al Instituto que había dirigido desde 1959 hasta 1964, ya que no representaba a ninguna universidad nacional por haber renunciado a sus cargos docentes en la UNC.

De modo que no fueron pocas las veces que Tedeschi, en suelo argentino, sufrió apremios de orden político partidario, cuestión que quizás pensó que había dejado definitivamente atrás, cuando decidió abandonar su tierra natal, marcada por los residuos fascistas en no pocas esferas de la vida italiana.

NOTAS

1. Cuyo valor De Gracia (2017) y Prieto (2017) presentan desde dos perspectivas diferentes en el prólogo y epílogo que acompañan la reedición reciente del libro.

2. En la cultura arquitectónica local este concepto estaba instalado también desde otras versiones, especialmente norteamericanas.

3. No se encuentran registros de disidencias entre los integrantes de Metron (si las hubieron) en torno a la “arquitectura orgánica” (o urbanismo orgánico como defendía Luigi Piccinato). Es posible pensar que coincidían en aquello que implicaba como programa teórico, como instancia de superación de la arquitectura moderna de preguerra, que en Italia siempre se nombraba como “arquitectura racionalista”.

4. Fabio Marino recupera un documento donde Cino Calcaprina habla de agradecimiento hacia el gobierno que los había contratado (Giovannardi, 2016, p. 49). En abril de 1953 Tedeschi fue designado miembro de la Comisión Coordinadora de Asuntos Científicos, Técnicos y Culturales junto a C. Calcaprina, D. Grehan, C. Ramos Mejía, el Ing. L. Juárez y Abel Tannuré, que era el delegado interventor. Además, en diciembre 1953, Tedeschi y Calcaprina obtuvieron la reválida de su diploma que reclamaban desde su llegada al país.

5. Es destacable la lectura sobre los desfasajes entre las teorías y la imposibilidad de leer concretamente las necesidades y los procesos latinoamericanos, y ejemplificar con los grandes obstáculos de la tradición de la cuadrícula colonial y los operadores inmobiliarios, que eran los verdaderos constructores de la ciudad contemporánea. En síntesis, Tedeschi bregaba por reexaminar los problemas específicos argentinos y, por ende, sus soluciones. Planteaba la continuidad (antes que la identidad) entre Arquitectura y Urbanismo y defendía la enseñanza como “algo vivo y real”. Se debían abandonar los dogmas y las formulaciones teóricas producidas en otros territorios, para lograr el nivel de crítica necesario en la intervención y en la investigación de campo. Aunque era difícil de lograr, no había que dejar de intentarlo y lo proponía como moción para el próximo congreso de urbanismo programado en para el año siguiente en Tucumán.

6. Por ejemplo, en julio de 1953 se realizó el 1° Congreso Nacional Universitario de Arquitectura en San Miguel de Tucumán. El temario incluía: la Arquitectura Moderna en la unificación de los planes de estudio; las facultades de Arquitectura y el 2° Plan Quinquenal; la reglamentación del ejercicio profesional; el acceso a los cargos de actividad pública y privada; el gremialismo universitario; y la vinculación constante y recíproca para cursos especiales, conferencias, monografías y publicaciones.

7. Un texto que apareció en un momento de efervescencia por la arquitectura del norteamericano alimentada por distintas fuentes. Casi contemporáneamente aparecieron las traducciones de Zevi (Frank Lloyd Wright, 1956 [1947]); de Lewis Mumford (Frank Lloyd Wright y otros escritos,1959); y el texto de Sacriste (Usonia, 1960), entre los principales.

8. En ambos críticos el proyecto arquitectónico era caracterizado como “situado” en un espacio y tiempo precisos, comprometido con las circunstancias históricas que lo motivaba. Para Summerson, la fuente de unidad de la arquitectura moderna antes que de tipo formal se ubicaba en el programa como “fragmento localizado de un patrón social”. Sin embargo, en esta breve conferencia no daba explicaciones sobre cómo se efectuaba la traducción del programa a la forma final.

9. Respecto del debate contemporáneo entre Internacionalismo y Regionalismo, Tedeschi concluía que la diversificación que podrían aportar las condiciones y culturas regionales podría ser positiva, siempre que no fuera pensada como opción estilística y mientras la arquitectura mantuviera su papel de actividad creadora y, como tal, de elemento constructivo de una cultura.

10.  El texto de Marina Waisman, La estructura histórica del entorno (1972), que integraba la visión tipológica y morfológica (semiótica mediante), sería el ejemplo más elocuente.

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