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ARTICULO

El otro del otro: cómo las historias canónicas de la arquitectura borraron las Américas

The other of the other: how canonical history of architecture erased the Americas

Fernando Luiz Lara *

https://orcid.org/0000-0001-7743-6441

* Potter Rose Professor of Urban Planning en la Universidad de Texas, School of Architecture, en Austin (UTSoA). Trabaja actualmente en la teorización de espacios de las Américas con énfasis en la difusión de ideas arquitectónicas y de planificación más allá de los límites disciplinarios tradicionales. En sus diversos artículos ha investigado sobre la arquitectura moderna y contemporánea del continente americano, así como su significado, contexto e inserción socio-económica. Sus últimas publicaciones incluyen Excepcionalidad del Modernismo Brasileño; Arquitectura moderna en América Latina (premio Hamilton 2015) y Quid Novi (premio Anparq 2016). Editor de América Latina: Pensamientos, serie publicada por Romano Guerra editora. Miembro de varios consejos editoriales que incluyen AULA -Arquitectura y Urbanismo en Las Américas; Revista DEARQ (Universidad Los Andes, Bogotá); Revista Pós (FAU USP); Arquitecturas Del Sur (Universidad Bio Bio, Chile); y Revista Urbana (UNICAMP).

Dicta seminarios sobre arquitectura y urbanismo latinoamericano del siglo XX, Teoría de la Arquitectura y cursos de doctorado sobre métodos decoloniales para la historia de la arquitectura en la UTSoA. De 2012 a 2015 fue presidente del Centro Brasil en el Instituto Lozano Long de Estudios Latinoamericanos. Desde 2018 se desempeña como Director del Programa de Doctorado en Arquitectura de UTSoA.

University of Texas at Austin, School of Architecture. 1 University Station B7500, Austin (78712) Texas. United States of America. Email: fernandolara@utexas.edu

Este artículo es parte de una investigación llamada Theorizing Space in the Americas, radicada en el Programa de Posdoctorado en Arquitectura de la Universidad de Texas en Austin (UT).

RECIBIDO: 23 de junio de 2020.
ACEPTADO: 23 de noviembre de 2020.


RESUMEN

Este ensayo revisa los estudios más importantes de arquitectura global publicadas en inglés para argumentar que antes del siglo XXI las Américas eran solo una ocurrencia tardía. Esta situación ha cambiado con los recientes libros escritos por Ching, Jarzonbek y Prakash (2007), James-Chakraborty (2014) e Ingersoll (2018), pero aún necesitamos una mejor apreciación de cómo la ocupación europea de las Américas influyó en las historias y teorías de la arquitectura tal como las conocemos.

Palabras clave: decolonización; teoría del espacio americano; historia de las Américas.
Referencias espaciales y temporales: América; Europa; Renacimiento; Modernidad.

ABSTRACT

This essay revisits the most important surveys of global architecture published in English to argue that before the 21st century the Americas were just an afterthought. This situation has changed with the recent survey books written by Ching, Jarzombek & Prakash (2007), James-Chakraborty (2014) and Ingersoll (2018), but we still need a better assessment of how the European occupation of the Americas influenced the histories and theories of architecture as we know them.

Key words:  decolonization; theory of space for the Americas; history of the Americas.
Space and time references: America; Europe; Renaissance; Modernity.


América era, si era algo, geografía, espacio puro, abierta a la acción humana.
Como carecía de sustancia histórica (clases sociales antiguas, instituciones establecidas,
religiones y leyes hereditarias), la realidad no presentaba otros obstáculos que los naturales.
Los hombres lucharon no contra la historia sino contra la naturaleza.
Y donde había un obstáculo histórico —digamos las sociedades indígenas— se borraba de la historia,
se reducía a un mero hecho natural y se eliminaba en consecuencia.
(Octavio Paz, 1956, p.279).

Es bastante arriesgado comenzar un artículo en desacuerdo con un gran erudito mexicano, pero Octavio Paz se contradijo en el párrafo anterior, así que se supone que hay absolución. Las Américas nunca carecieron de instituciones, religiones, leyes o clases sociales. Lo tenían todo, en una variedad de formas. El continente albergaba a más de veinticinco millones de personas en 1492: grupos que habían vivido aquí durante miles de años; grupos que construyeron grandes ciudades como Tenochtitlán y Cuzco, para usar el concepto europeo de urbanismo; grupos que también construyeron miles de otros asentamientos, en su mayoría de baja densidad y en profunda sinergia con la naturaleza. Era una naturaleza transformada y modificada por manos humanas, pero aún muy venerada y respetada. Octavio Paz estaba completamente equivocado en la primera oración citada arriba, y él lo sabía. La tercera oración lo dice todo: siempre que hubo un obstáculo histórico, se borró.

Para establecer el principio básico de la propuesta de este ensayo, se editará el párrafo de Octavio Paz para mostrar cómo se leería si se invirtiera el orden de las oraciones: América fue el lugar donde las sociedades indígenas fueron borradas de la historia, reducidas a un mero hecho natural y prescindidas de ellas en consecuencia. En su búsqueda por domar la naturaleza, los hombres [de ascendencia europea] lucharon contra la historia. La historia era una realidad inconveniente y un obstáculo para el dominio total de la naturaleza. El reducir a América al espacio puro, abierto a las acciones [de los hombres blancos], fue equivalente a borrar cualquier sustancia histórica: clases sociales antiguas, instituciones establecidas, religiones y leyes hereditarias.

Cuán diferente es el significado de las oraciones de Octavio Paz en orden inverso. Qué sorprendente es la violencia de esta supresión, un proceso de destrucción histórica que de hecho tuvo bastante éxito. Generaciones tras generaciones en todo el continente americano aprendieron que este continente no tenía historia antes de la llegada de la flotilla española en octubre de 1492.

Durante las primeras dos décadas de mi carrera (1995-2015) fui un estudioso de la arquitectura moderna latinoamericana y en esa calidad publiqué el más completo estudio sobre el entorno construido del siglo XX al sur del Río Grande/Bravo –Arquitectura Moderna en Latino América: Arte, Tecnología y Utopía (Modern Architecture in Latin America, Art, Technology and Utopia), con Luis Carranza, Texas Press, 2015-. El proceso de escribir ese libro y la oportunidad de dar conferencias sobre el tema en veintisiete universidades diferentes entre 2015 y 2018, veintitrés de ellas en las Américas, enseñaron cuán arbitrario (y de hecho colonial) es el Río Grande/Bravo como frontera que divide el continente en dos.1

Como lo recordó Edward Said en el clásico Orientalismo de 1974, la cultura europea desarrolló narrativas sobre todas las demás sociedades de la Tierra y, como resultado, se estableció como el centro del conocimiento humano. Este ensayo parte de la pregunta sobre cuál podría ser el lugar de las Américas en una historia global del entorno construido. Para discutir este punto se comenzará con el análisis de cómo las Américas fueron borradas por la narrativa Eurocéntrica.

En 2005, ya molesto por el Eurocentrismo, decidí verificar la profundidad de tal sesgo en los textos canónicos. Se tomaron los índices de cuatro grandes libros de Arquitectura Moderna (Scully, 1974; Frampton, 1992; Curtis, 1996; Cohen, 2005) y se trazó un punto para cada edificio mencionado (Figura 1).


Figura 1: Edificios mencionados en los textos de Scully, Frampton, Curtis y Cohen. Fuente: Elaboración del autor.

El resultado no podría ser más gráfico. La historia arquitectónica se enseña como la historia del Atlántico Norte, y se usan conceptos y valores europeos para juzgar y discutir dicha arquitectura (Lara, 2018).

La mayoría de la literatura decolonial (Mignolo, Dussel, Escobar) se publicó en el siglo XXI, por lo que no debe esperarse que la historia escrita de la arquitectura antes del cambio de milenio comprenda adecuadamente el papel central de las Américas en el desarrollo de arquitectura después de 1492. Sin embargo, una clara evolución desde el olvido total a la inclusión gradual se hace bastante visible cuando se observan los libros más célebres del siglo XX. No es necesario escribir un ensayo para argumentar que las Américas deberían incluirse en la historia de la arquitectura, porque ya lo está. Los últimos libros de Kathleen James-Chakraborty (2014), de Ching, Jarzombek y Prakash (2017) y de Richard Ingersoll (2018) tienen el gran mérito de colocar la historia de la arquitectura de las Américas en paralelo a la historia canónica eurocéntrica. Además, la publicación de los libros A History of Architecture and Urbanism in the Americas (Cardinal-Pett, 2015), y Modern Architecture in Latin America: Art Technology and Utopia (Lara, 2015, co-escrito con Luis Carranza) merecen el crédito por hacer las historias específicas de las américas más disponibles que nunca.

Para escribir este ensayo se buscó cualquier mención del continente americano en algunos de los libros canónicos en inglés,2 desde Banister Fletcher de 1896 y 1919 hasta el de Spiro Kostof de 1985. También se incluyeron los de Nikolaus Pevsner Outline of European Architecture de 1942, Micheangelo de James Ackerman de 1961 y el Classical Language de John Summerson de 1963.

La primera edición del libro de Banister Fletcher (padre e hijo) titulada A History of Architecture for the Student, Craftsman, and Amateur, Being a Comparative View of the Historical Styles from the Earliest Period, publicada en 1896, no mencionó a las Américas. Inicialmente fue solo una publicación de arquitectura europea, pero las ediciones posteriores a 1901 preparadas por Banister Fletcher Hijo, separaron el contenido en "estilos históricos" de arquitectura europea y "estilos no históricos" de edificios de Asia, Medio Oriente y Centroamérica (término que utilizó) (Baydar Nalbantoḡlu, 1998, pp-7-17). El libro todavía se imprime. La vigésima edición de 1996 es una celebración de su centenario, y con cada edición nuevos textos son incorporados. Durante toda la primera mitad del siglo XX fue el principal libro de estudio en inglés, adoptado en las escuelas de arquitectura del Reino Unido, Estados Unidos y toda la Commonwealth británica, como comentaban con orgullo en la introducción de la edición de 1919. Dicha edición es importante porque fue durante la Primera Guerra Mundial que Estados Unidos alcanzó protagonismo mundial, poder económico y militar, y se proyectaba más allá del llamado "Nuevo Mundo". En esta edición, “América” o “americano” se menciona ocho veces, y todas son excelentes ejemplos de la narrativa eurocéntrica que nos domina hasta el día de hoy, un siglo entero después, como se verá en la segunda parte de este artículo. Préstese atención a la evidencia impresa por ahora: más allá de la introducción que celebra el hecho de que su libro ahora se utiliza como fuente principal en los Estados Unidos, la siguiente aparición de la palabra “Américas” está en la página 439 y solo para reforzar la idea eurocéntrica de que la invención de la pólvora, la brújula y la imprenta les permitieron a los europeos dominar y establecer colonias más allá de su territorio. Por supuesto, no se discute el hecho de que tanto la pólvora como la brújula fueron inventadas en China. En las páginas 601 y 602 insinúan el gran futuro de la arquitectura estadounidense basado, en sus propias palabras, en el "progreso anormal de las industrias estadounidenses durante los últimos veinticinco años". Se mencionan alrededor de una docena de edificios y la consolidación del status de Sullivan, Root & Burnham, McKim, Mead & White en todas las historias posteriores de la arquitectura moderna. Si se hubieran detenido aquí, los estudiantes de arquitectura angloparlantes anteriores a la década de 1950 hubieran aprendido que en 1919 toda esa nueva arquitectura estadounidense era muy nueva y, por lo tanto, valía 3 de las 780 páginas. Pero como buenos y ambiciosos protectores de los valores artísticos establecidos, Banister Fletcher hijo tuvo que escribir en la página 656, al mencionar la arquitectura mexicana anterior a 1492, que "es tan poco importante en su aspecto general que unas pocas palabras bastarán para explicar su carácter".

La sexta edición del libro de Banister Fletcher, publicada en 1921, incluyó por primera vez a la arquitectura estadounidense en la parte superior de la famosa ilustración del Árbol de la Arquitectura (Tree of Architecture) (Figura 2). Como se revela en el mapa de la Figura 1, aquí "OTAN-céntrico de arquitectura moderna presentado en la introducción, Banister Fletcher hijo reaccionaba claramente al surgimiento de los Estados Unidos como potencia mundial después de la Primera Guerra Mundial, y calibraba su narrativa para incluir esta arquitectura estadounidense como descendiente directa de los estilos europeos que componen el tronco de su historia.

Figura 2: El Árbol de la Arquitectura, como apareció en las ediciones de 1901 y 1931. Fuente: Fletcher, 1921, A History of Architecture for the Student, Craftsman, and Amateur, Being a Comparative View of the Historical Styles from the Earliest Period. London, UK: Forgotten Books.

Por otro lado, Outline of European Architecture de Nikolas Pevsner, publicado en 1942, tampoco menciona a las Américas en su texto principal. En un apéndice agregado a la edición de los Estados Unidos, Pevsner afirma que la "historia" de los Estados Unidos tiene solo 500 años, mientras que en Europa "un desarrollo coherente e ininterrumpido atraviesa los últimos mil años y más" (Pevsner, 1964, p.436). Cualquier estudioso de la historia moderna temprana se reiría de este argumento, ya que no existe un desarrollo coherente e ininterrumpido, excepto en la narrativa construida por los estudiosos europeos para reafirmar su propia centralidad. En la página siguiente, Pevsner profundiza en su defensa eurocéntrica, y escribe que:

Ni siquiera el esquema más corto de arte y arquitectura prehistórica podría permitirse omitir los templos mexicanos, mayas e incas y los artefactos de los indios norteamericanos; pero un esbozo de la arquitectura occidental puede, es mi opinión, prescindir de cualquier mención de edificios en América anteriores al siglo XVIII, o incluso al siglo XIX. En un libro en el que el severo manierismo de Herrera y sus seguidores en España aparece solo en unas pocas líneas, sería perverso dedicar espacio a la ruina de Tecali -la iglesia franciscana ‘más pura’ en México, fechada en 1569- ya que sería elegir ejemplos dálmatas para discutir la arquitectura veneciana o Nicosia en Chipre para discutir los edificios de las iglesias góticas francesas (Pevsner, 1964, p.437).

Consciente de su propio sesgo, Pevsner utiliza un argumento circular escandaloso en un intento de justificar sus omisiones curatoriales. No puede dar espacio a la increíble catedral de Zacatecas en México, a pesar de etiquetarla como "sensacional" en esa misma página, porque ya había dedicado un espacio mínimo al Escorial de Juan de Herrera en Madrid.

Publicado en 1963, The Classical Language of Architecture de John Summerson menciona a América solo una vez, en la página 39, cuando discute la popularidad de la arquitectura del renacimiento griego en los Estados Unidos como un testimonio del poder del lenguaje clásico. James Ackerman, a pesar de haber nacido y educarse en Estados Unidos, no fue mucho mejor. En su Michelangelo, publicado en 1961, las Américas solo aparecen en una discusión sobre la influencia de Miguel Ángel en América Latina debido a su catolicismo, mientras que en Nueva Inglaterra los protestantes "cerebrales" prefirieron seguir a Palladio (Ackerman, 1961, p.140). Unos años más tarde, en 1966, en Palladio finalmente se discutiría el impacto de la invasión europea en el continente americano en su arquitectura del siglo XVI, con un comentario pasajero de que el oro y la plata de las Américas crearon inflación en el Mediterráneo y quiebras bancarias en Venecia en el tiempo de Andrea Palladio (Ackerman, 1966, p.48). Más adelante en el texto de Palladio, Ackerman se repite con el mismo argumento utilizado en Michelangelo cinco años antes, y afirma que:

Palladio fue más apreciado en el norte protestante y Michelangelo más en el Mediterráneo católico, y a medida que la cultura del norte se hizo dominante en la Europa de los estados absolutistas y de revolución científica, la tendencia Palladiana se extendió. A los norteños les gusta la calidad cerebral y abstracta en Palladio (Ackerman, 1966, pp.75-78).

Se podría continuar para siempre este argumento sobre todos aquellos grandes autores, que todavía se utilizan como base del conocimiento arquitectónico, que dejaron su desprecio por cualquier arquitectura no europea registrada en sus libros. Esto sucedió durante todo el siglo veinte sin excepción. Incluso A History of Architecture: Settings and Rituals de Spiro Kostof publicada en 1985, considerado el primer intento exitoso de una publicación inclusiva y no tan eurocéntrica, no puede escapar de la narrativa que destruye las Américas. Al escribir sobre el Renacimiento, Kostof no menciona a las Américas en absoluto, pero para presentar un capítulo sobre España y el Nuevo Mundo, afirmó que “el redescubrimiento del pasado clásico fue una de las dos grandes aventuras que informaron al Renacimiento. El otro fue la exploración y la conquista de América” (Kostof, 1985, p.433). Esta declaración, por sí sola, es más de lo que todos los autores anteriores han dicho sobre la relación entre la ocupación europea de las Américas y el Renacimiento y, en consecuencia, el surgimiento de la arquitectura como una práctica autónoma. Toda la historia de la arquitectura anterior al siglo XXI ignoró por completo el encuentro atlántico o minimizó su papel en los desarrollos europeos. Esos autores estaban profundamente arraigados en la narrativa europea tradicional que sostiene que las Américas son un resultado secundario de la modernidad europea y, por lo tanto, no merecen mucha atención. El hecho de que Kostof no lo ignoró fue en sí mismo un avance y sería encantador darle crédito por cambiar el paradigma, pero un párrafo más abajo en la misma página 433 mantuvo estable su eurocentrismo al explicar que:

Estas culturas recién descubiertas deberían haber demostrado que el valor del logro occidental era solo relativo, y lo habrían forzado a nuevas direcciones. Ellos no. Las riquezas del Nuevo Mundo conquistado no añadieron nada al enriquecimiento del occidente cristiano, excepto en el sentido material (Kostof, 1985, p. 433).

Por el contrario, los trabajos recientes de Escobar, Mignolo, Dussel, Cañizares-Esguerra y Padrón3 demuestran que el encuentro de 1492 y la ocupación territorial que siguió desempeñó un papel central en el desarrollo de la cultura occidental en general, con el permiso de extrapolarlo a la disciplina arquitectónica en particular.

La historia de la arquitectura renacentista sin las Américas

Un resumen muy rápido del surgimiento de la arquitectura como disciplina a fines del siglo XV y principios del siglo XVI nos lleva del Ospedale degli Innocenti de Bruneleschi (1419-1445); a De Re Aedificatoria de Alberti (impreso en 1485); a los planes de Bramante para Tempietto (1502) y San Pedro en Roma (1506), a la cúpula de Miguel Ángel (1546) y a Palladio (1550-80). Todos los estudios acreditan a este momento como el punto de ruptura entre arquitectura y construcción, entre conocimiento práctico y diseño abstracto. El libro de Banister Fletchers de 1896 ya discutía la idea del Renacimiento tardío como un salto de la tradición, un concepto que dominó todas las interpretaciones desde entonces. En palabras de Joseph Rykwert, al presentar su traducción de De Re Aedificatoria de Alberti, “la diferencia esencial entre Alberti y Vitruvio es, por lo tanto, que el escritor antiguo explica mientras uno lee cómo los edificios que uno podría admirar se construyeron, mientras que Alberti prescribe cómo se construirán los edificios del futuro (Rykwert, 1988, p.X). Esta diferencia es crucial para el argumento de que las Américas tuvieron un impacto significativo en la historia de la arquitectura occidental ya en el siglo XVI, ya que fue aquí donde se construyó todo un "mundo nuevo" según lo prescrito por Alberti, Palladio y Serlio, a veces antes que sus homólogos europeos y muchas veces a una escala mucho mayor.

Permítase profundizar un poco más sobre cómo Pevsner, Summerson y Ackerman historizaron esos cambios. Al igual que todos los demás académicos entrenados en los métodos de historia del arte del siglo XIX, Pevsner (1942) discutió el papel central de cada Medici y cada Papa como clientes y patronos del Renacimiento, pero no mencionó quién contrató a Bramante en 1502 para construir el Tempietto (Pevsner, 1964, p.203). El Tempietto, en palabras de Pevsner, fue el primer monumento que calificó como "alto" en oposición al renacimiento "temprano". El renacimiento temprano tendría los conceptos teocráticos medievales de Brunelleschi y Alberti, mientras que el alto renacimiento traía los conceptos antropocéntricos más abstractos de Michelangelo y Descartes. Pevsner afirma en su análisis que el alto renacimiento muestra una conciencia de sí mismo, que era una nueva experiencia en Occidente (Pevsner, 1964, p.209), sin explicar nunca de dónde podría provenir esa conciencia de sí mismo. John Summerson sigue los pasos de Pevsner y elogia el Tempietto de Bramante como un edificio que "llevó a la arquitectura en Italia a esa etapa de conquista completa de lo antiguo y completa confianza en extenderla y adaptarla, que llamamos, en todas las artes, el Alto Renacimiento" (Summerson, 1963). Ackerman no se separa de ninguno de ellos cuando escribió que:

El Tempietto recita el vocabulario de la arquitectura antigua más escrupulosamente que sus predecesores, a menudo se malinterpreta como una imitación de un templo romano. Pero solo la característica que influyó tan profundamente en el futuro, el tambor alto y la cúpula hemisférica, no tiene precedentes en la antigüedad, un triunfo de la imaginación (Ackerman, 1961).

En las notas a pie de página de la historia de la arquitectura, uno encontrará que el Tempietto fue comisionado por Isabel de Castilla para celebrar la conquista de Iberia y las "indias". La iglesia y el convento de San Pietro funcionaban como embajada de la corona española en Roma. Hernando de Colón vivió allí durante dos años mientras defendía el reclamo español sobre las Islas Malaca (actualmente Malasia y Singapur) contra los portugueses (Wilson-Lee, 2019). Es muy interesante comparar los estudios del siglo XX sobre el Tempietto, como el de Earl Rosenthal (1964), que apenas menciona a los mecenas españoles y solo mira la historia italiana para explicar la novedad del edificio (Roshental, 1964, pp.55-74); con libros recientes como Tempietto de Jack Freiberg de 2014, en el que se discute el papel de los monarcas españoles y sus objetivos como componentes fundamentales del diseño más abstracto de Bramante (Freiberg, 2014). El argumento circular de Pevsner tiene todo el sentido en este caso: uno no puede entrar en detalles sobre Isabel y Fernando como patronos del Renacimiento porque España no encaja en su narrativa del Renacimiento. Por lo tanto, la única opción que queda es excluir esta información como irrelevante. Las Américas (y no sus primeros invasores europeos: España y Portugal) habían sido excluidas de la historia de la arquitectura una y otra vez sin que nadie se preguntara qué pasaría con la narrativa canónica si se decidiera no excluirlas.

Por ejemplo, cuando Ackerman escribe que:

[En] los primeros años del siglo XVI, el extraordinario poder, riqueza e imaginación del Papa, Julio II della Rovere (1503–1513), convirtió a Roma en el centro artístico de Italia y de Europa y atrajo allí a los artistas más distinguidos de su edad. Principalmente por razones políticas, el surgimiento de Roma coincidió con el declive de los grandes centros de la cultura italiana del siglo XV: Florencia, Milán y Urbino. La nueva "capital" no tenía pintores, escultores o arquitectos eminentes propios, por lo que tuvo que importarlos; y apenas podían permitirse quedarse en casa. Este cambio repentino en el equilibrio de la cultura italiana tuvo un efecto revolucionario en las artes; mientras que las cortes y ciudades-estado del siglo XV habían producido "escuelas" de características regionales distintas, la nueva Roma tendía a alentar no tanto el arte romano como el italiano (Ackerman, 1961).

Ackerman no es el único que no menciona el hecho de que España fue la principal potencia europea que utilizó las riquezas americanas para financiar a la autoridad papal durante todo el siglo XVI, desde Isabel y Fernando en los primeros años, hasta Carlos V de 1519 hasta 1556 y Felipe II hasta 1598. Es muy difícil entender cualquier desarrollo en el siglo XVI desconectado de la ocupación americana, pero de alguna manera nuestra historiografía arquitectónica hizo exactamente eso. Summerson recuerda que cuatro de los principales libros de teoría arquitectónica se publicaron en el siglo XVI: Serlio en 1537, Vignola en 1562, Palladio en 1570 y Scamozzi un poco más tarde, en 1615. Estos han tenido, en palabras de John Sumemrson, un efecto normalizador en todo el mundo. Aquí es necesario llamar la atención sobre la normalización que ocurrió como resultado de esas cuatro publicaciones. Ante el desafío de ocupar y colonizar los vastos territorios de las Américas (que pronto se extenderían al sur y sureste de Asia), los imperios europeos y sus élites mercantiles utilizaron la arquitectura como una herramienta para controlar espacios, pueblos y bienes, y optimizaron el binomio modernización-colonización enmarcada por Arturo Escobar. Juan Luis Burke, entre otros, ha demostrado cómo los tratados arquitectónicos fueron utilizados como herramientas importantes para la colonización en México (Burke, 2019, pp.70-79). Con esto en mente, se observarán los libros contemporáneos para abordar la tarea de cómo debería escribirse la historia de la arquitectura desde una perspectiva americana.

¿Cuál es el lugar de las Américas en la historia de la arquitectura ahora?

Como se mencionara anteriormente, Historia de la Arquitectura, Escenarios y Rituales de Spiro Kostof (1985) fue el primer intento exitoso de un estudio global de arquitectura más inclusiva. Dividido en 28 capítulos, uno de ellos dedicado a las Américas coloniales (capítulo 18) y uno dedicado a los Estados Unidos (Capítulo 24), Kostof discutió el precolombino americano como un subcapítulo de "prehistoria", y destacó la arquitectura de los Estados Unidos posterior a la independencia principalmente en los capítulos posteriores al siglo XIX, donde apenas se menciona a México y Sudamérica.

El tono general del libro continúa muy eurocéntrico, ya que comienza con un subcapítulo de la Edad de Piedra que solo habla de Europa. Un lector menos informado pensaría que el homo-sapiens evolucionó en Europa y vivió solo al norte del mar Mediterráneo. Curiosamente, la exuberancia del urbanismo en Mesopotamia y el valle de los hindúes obligó a Kostof a hablar de Asia y África en los siguientes tres capítulos, hasta que la cronología lo trajo de vuelta a Grecia, aunque etiqueta como "bárbaros" a todos los edificios que no se ajustan al helenismo clásico del siglo V antes de esta era. En un subcapítulo llamado Un Continente Solo (A Continent Alone) Kostof presenta las Américas después de 233 páginas, donde muestra una asombrosa falta de conocimiento al afirmar que las pirámides de La Venta en el Golfo de México (que data erróneamente  en el 500 a.C.) estaban entre las más antiguas del continente, cuando la información sobre la ciudad olmeca de San Lorenzo (1000 a.C.), así como sobre Paracas (800 a.C.) y Chimú (900 a.C.) en Perú estaban fácilmente disponibles en inglés después de la Segunda Guerra Mundial.

Como se dijo en la primera parte de este ensayo, Kostof fue el primer gran historiador de la arquitectura en reconocer que la ocupación americana después de 1492 tiene la misma importancia que el Renacimiento italiano, que sucedía al mismo tiempo, y vuelve al antiguo eurocentrismo cuando mencionó que tal encuentro tuvo cero influencia en la cultura europea del siglo XVI. Al presentar las altas culturas de los aztecas, los mayas y los incas, los colocó en el marco de la expansión española, como algo "inventado" o, para usar el término ahora desacreditado, "descubierto" por los conquistadores. Los números lo dicen todo, Kostof dedicó seis páginas a presentar todo el entorno construido en las Américas antes de 1492, seguido por nueve páginas sobre edificios coloniales españoles. Antes y después de eso, cuando se habla de arquitectura europea en los siglos XVI y XVII, España y sus colonias americanas desaparecen de la conversación. Al leer a Kostof no es posible saber quién contrató a Bramante para construir el Tempietto, pero sí se aprende sobre cada Medici y cualquier otro Papa (Medici o no) cuando contrataron a Vasari, Michelangelo o Bernini.

Después de Kostof, Kathleen James-Chakraborty (2014), Ching, Jarzombek y Prakash (2017) y Richard Ingersoll (2018) han tratado de corregir la tergiversación de las Américas en la historia mundial de la arquitectura, al aumentar en muchas páginas el espacio dedicado al continente. Para ser justos, los tres hacen un gran trabajo al incluir a todo el planeta en la narración. Por el bien del argumento, se revertirá el orden cronológico y se presentará a Richard Ingersoll y Ching, Jarzombek y Prakash antes de hablar sobre Kathleen James-Chakraborty.

Richard Ingersoll era estudiante de Spiro Kostof en Berkeley y juntos fueron coautores de Arquitectura Mundial: Una Historia Trans-Cultural (World Architecture: A Cross-Cultural History) (Oxford University Press, 2012). Cada uno de esos libros, desde Kostof 1985 hasta Kostof e Ingersoll 2012 e Ingersoll 2018, aumenta la presencia de las Américas, más aún cuando se mira más allá de la escuela de Chicago y el estilo internacional. La decisión de invertir el orden cronológico de publicaciones se debe a que este artículo considera que Ingersoll es una transición entre Kostof y la nueva academia, representada por las otras dos publicaciones. Más adelante se hablará de la edición de 2018 de Arquitectura Mundial: Una Historia Trans-Cultural, porque es una de las publicaciones más adoptadas actualmente.

El libro de Ingersoll de 2018 es bastante completo al presentar la arquitectura de las Américas antes de la ocupación europea. Desde ejemplos Sioux e Iroqueses hasta Cahokia y las grandes civilizaciones de Mesoamérica y los Andes, todos están bien ilustrados y discutidos en detalle. Los tiempos de Pevsner de "insignificancia hasta el punto de no merecer muchas líneas" definitivamente han terminado. Esas historias paralelas se entrelazan finalmente cuando Ingersoll escribe que:

El contacto entre Europa y las Américas representa el punto de inflexión para la modernidad. La victoria de los modernos pragmáticos comenzó a desviar el enfoque de la arquitectura de un centro cosmológico a otras prioridades orientadas a los objetivos individuales, políticos y patologías sociales (Ingersoll, 2018, p.427).

A partir de entonces, resulta imposible disociar la ocupación americana de los desarrollos arquitectónicos de la Europa del siglo XVI. Como lo recordó Arturo Escobar, la modernidad y la colonialidad son lo mismo. Ingersoll incluso comienza a discutir la escala adecuada de la arquitectura de las Américas cuando presenta el Renacimiento al decir que:

Poco después del cruce atlántico de Colón, los humanistas pudieron combinar sus propias teorías de un regreso al gran estado unificado de la antigua Roma con los inmensos imperios descubiertos en América: los aztecas en México y los incas en Perú. La capital azteca de Tenochtitlán parecía más grande y más ordenada que cualquier ciudad de Europa, mientras que los incas produjeron una burocracia eficiente para administrar las tierras y el trabajo de un imperio más poblado que los estados combinados de Europa (Ingersoll, 2018, p.375).

Sin embargo, el canal de influencia recíproca entre Europa y la ocupación americana se detiene aquí y permanece inactivo durante siglos en el libro de Ingersoll. La dirección de la difusión siempre es desde Europa a las Américas, nunca al revés, hasta que se llega a la escuela de Chicago de finales del siglo XIX. Ingersoll menciona que los reyes españoles contrataron a Bramante para construir el Tempietto, pero cualquier posible influencia de Iberia y sus territorios americanos terminó en 1506. Cuando se discute el poder de Carlos V sobre la península italiana, Ingersoll solo ve la influencia italiana sobre los edificios españoles, nunca al revés. Sin darse cuenta de la reciente academia, la Plaza Mayor de Madrid se presenta sin mencionar sus raíces mexicanas. Las contribuciones americanas al mundo, más allá del oro, el algodón y el azúcar, tendrían que esperar hasta que Sullivan, Root y Burnham transformaran Chicago en la década de 1890.

A Global History of Architecture por Francis D.K. Ching, Mark Jarzombek y Vikramaditya Prakash se publicó por primera vez en 2007. Es más grueso en la parte de la ilustración que los libros de Ingersoll y Kostof y también es único en el sentido de que está organizado cronológicamente desde 3500 a. C. hasta 1950 d. C. Con ese marco, los autores presentaron el estudio mundial más completo hasta la fecha, un logro importante que a menudo es desestimado por algunos críticos debido al espacio igualitario dado al texto y las imágenes en todo el libro. Como una gran hoja de ruta, la obra tiene toda la información necesaria para guiar a los lectores novatos a cualquier viaje de conocimiento que puedan elegir, mientras que las ilustraciones impecables lo vuelven perfecto para presentar los problemas a un público universitario, su objetivo principal. En términos de las Américas, Ching, Jarzombek y Prakash le dan más espacio que cualquier otro autor,4 y fueron los primeros en usar términos como “invasión europea” para etiquetar la historia de las Américas del siglo XVI. Otros conocimientos importantes aparecen por primera vez, como los movimientos de tierra de la sociedad occidental amazónica (página 234), la cultura zapoteca en Oaxaca (página 268), el Tiahuanaco en el lago Titicaca (página 344) o Guayabo en Costa Rica (página 345).

También es digno de mención el liderazgo de Mark Jarzombeck del Global Architectural History Theory Collaborative (GHATC), una iniciativa que ha sido extremadamente exitosa en la difusión del conocimiento sobre arquitecturas nuevas y antiguas de todo el mundo, en el formato de clases que están disponibles en línea para descargar y usar de manera pública.

Todo lo anterior es el trasfondo de un cambio significativo en la narrativa presentada por Ching, Jarzombek y Prakash. En la introducción al capítulo 1400 d.C., escribieron que:

Algunos académicos datan de 1492 la era del Antropoceno, el período geológico actual en el que la actividad humana ha llegado a afectar decisivamente el clima, la biosfera y la geología. Un marcador de su inicio es el encuentro titánico, diseñado por humanos, entre los microbios de Eurasia y las Américas que ocurre en este momento. Mientras que el 95% de los aproximadamente 20 millones de habitantes de las Américas murieron a causa de la exposición a enfermedades de Eurasia, particularmente a la viruela, un número insignificante de europeos murió a causa de enfermedades americanas, principalmente sífilis [...] Este desequilibrio microbiano, ayudado por supuesto por la determinación española y portuguesa de explotar, negó permanentemente cualquier posibilidad contrafactual de una gran fusión de civilizaciones, produciendo en cambio una historia esencialmente unilateral de conquista y colonización (Ching, Jarzombek y Prakash, 2017, p.455).

Por supuesto, esta es una introducción mucho mejor a la historia de la arquitectura en el siglo XV que cualquier otra investigación presentada anteriormente. En la página siguiente, los autores escriben en total acuerdo con el presente trabajo que:

La generosidad del oro y la plata extraídos de las Américas permitió a la corona española no solo consolidar su dominio en casa sino también ganarse el favor en Roma. En competencia con las ciudades-estado del norte, el papado emprendió una nueva y vigorosa reconstrucción del edificio del Vaticano en un intento de cerrar la brecha entre su antiguo orden mundial y el nuevo conocimiento de la época. Aquí es cuando artistas como Bramante y Michelangelo recibieron sus grandes comisiones papales y construyeron su formidable reputación estética (Ching, Jarzombek y Prakash, 2017, p.456).

Sin embargo, cuando se discute el Manierismo de Michelangelo o las intervenciones urbanas barrocas de Bernini, las Américas desaparecen una vez más de la imagen. Al presentar el siglo XVII, Ching, Jarzombeck y Prakash vuelven al argumento de Kostof de que el oro y la plata de las Américas financiaron la arquitectura europea, e ignorando el amplio intercambio de ideas y conceptos entre ambos lados del Atlántico que sucedió después de 1492 y que se discutirá en los tres siguientes capítulos.

La discusión sobre el libro de Kathleen James-Chakraborty, Architecture after 1400, se dejó para el final porque ninguna otra publicación involucra  mejor a las Américas en la narrativa amplia de la arquitectura mundial. Toda la introducción está escrita en torno a la comparación entre la tumba de Timur en Uzbekistán (1404) y la Casa de Vidrio de Lina Bo Bardi en São Paulo (1950). Tal visibilidad dada a un edificio de Asia Central y Sudamérica es desconocida en una publicación sobre arquitectura mundial. James-Chakraborty continúa con un primer capítulo dedicado a las Dinastías Ming y Qing de China y un segundo capítulo dedicado a Tenochtitlán y Cuzco. El cambio respecto a las publicaciones anteriores es significativo. En este libro la construcción occidental de Egipto-Grecia-Roma-Gótico-Renacimiento se mantiene central, pero se recuerda constantemente a los lectores que esta es una tradición más entre muchas.

El punto importante aquí es seguir el ejemplo de James-Chakraborty de que "el Renacimiento logró desplazar alternativas solo lentamente y solo cuando ofreció a quienes lo adoptaron algo que ansiaban" (James-Chakraborty, 2014, p.61). Como ella discute en las páginas siguientes, los reinos ibéricos de España y Portugal jugaron un papel central en la reconstrucción de la autoridad papal en Roma en el siglo XVI y el Tempietto de Bramante marca el punto de partida de este proceso. A diferencia de cualquiera de los libros anteriores, James-Chakraborty explica en detalle cómo "el patrocinio de Fernando e Isabel vincula al Tempietto con la expansión del Renacimiento en España y sus colonias latinoamericanas" (James-Chakraborty, 2014, p.63) Por mucho que esta oración valide el argumento sobre el papel de las Américas en la evolución de la arquitectura tal como la conocemos, conviene atreverse a ir un poco más allá y hacer la pregunta sobre si el orden de los factores aquí debería ser el correcto. El Renacimiento encontró un terreno fértil en España y América Latina, pero ¿Habría tenido un rol tan central en la historia de Occidente si los europeos no hubieran invadido y ocupado las Américas? No lo creo.

Por lo tanto, se propone una pregunta para considerar: si la invasión americana influyó en Erasmo, Descartes y Bacon, y ciertamente influyó en el desarrollo de la arquitectura como una disciplina autónoma, ¿puede concebirse la posibilidad de que las Américas hayan tenido un papel activo en el surgimiento de la arquitectura? Más específicamente, ¿cuál podría haber sido el papel del espacio en ese proceso?

NOTAS

1. En Buenos Aires la exposición y la conferencia tuvieron lugar en el Centro de Documentación de Arquitectura Latinoamericana (CEDODAL) en abril de 2017.

2. Se utilizó HathiTrust para encontrar cada mención del continente americano en los siguientes libros: Banister Fletcher Historia de Arquitectura (A History of Architecture), ediciones de 1896 y 1919; Nikolaus Pevsner Esquema de la Arquitectura Europea (Outline of European Architecture) de 1942; la edición de 1961 de Miguel Ángel (Michelangelo) de James Ackerman; la edición del Lenguaje Clásico (Classical Language) de John Summerson de 1963; y Una historia de arquitectura, escenarios y rituales (A History of Architecture, Settings and Rituals) de Spiro Kostof, edición de 1985.

3. Escobar, A. (2007). Worlds and knowledges otherwise: The Latin American modernity/coloniality research program. Cultural studies. vol 21.2-3, pp.179-210; Mignolo, W. (2011). The Darker Side of Western Modernity: Global Futures, Decolonial Options. Durham: Duke University Press; Brading, D. (2003). Orbe indiano: de la monarquía católica a la república criolla, 1492-1867. México: Fondo de Cultura Económica; y Padron, R. (2004). The Spacious Word: Cartography, Literature, and Empire in Early Modern Spain. Chicago: University of Chicago Press.

4. Ching, Jarzombek y Prakash mencionan a las Américas más que en ninguna otra obra hasta la fecha. La lista completa incluye: 2500 a.C Caral; 1500 a.C los Andes del Altiplano, 800 a.C Olmecas, año 0 los Mayas, 200 d.C Teotihuacan, Moche, Nazca, civilizaciones amazónicas, Montes de Ohio; 400 d.C Zapotecas y Monte Albán; 800 d.C civilización Maya, Tikal, Copán, Quiroga y el Guabo; 1000 d.C Uxmal Maya, Cahokia, el montículo de la serpiente, Pueblo Bonito; 1200 d.C Toltecas and Chichen Itza; 1400 d.C las Américas, Hopi, las sociedades de Nueva Inglaterra, Tenochtitlán, Incas, Machu Picchu; 1600 d.C invasión española a América, Atrios, fuertes coloniales; 1700 d.C Colonialismo, Haciendas; La nueva cultura europea colonial; la sinagoga Touro en Newport y las plantaciones en Virginia; 1800  Washington DC, el Revival griego, el capitolio del Estado de Tennessee, Metcalfe Hall, 1900  modernismo colonial, HH Richardson, campus de arquitectura en Estados Unidos,  Frank Lloyd Wright y el revival maya, 1950 casas usonianas, la casa de la cascada,  modernismo brasilero, la casa Farnsworth, la casa Eames, la galería de arte de Yale, Brasilia, Eero Saarinen, modernismo latinoamericano, modernismo nacional cubano, instituto Salk y Buckminster Fuller.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1. Ackerman, J. S. (1961). The Architecture of Michelangelo. New York, USA: Viking Press.

2. Ackerman, J. S. (1966). Palladio. (pp. 75-78). Harmondsworth, Inglaterra: Penguin Books.

3. Baydar Nalbantoḡlu, G. (1998). Toward Postcolonial Openings: Rereading Sir Banister Fletcher's ‘History of Architecture. Assemblage, 35, pp. 7–17.

4. Burke, J. L. (2019). La Teoría Arquitectónica Clásica en la Nueva España y los Tratados Arquitectónicos como artefactos colonialistas. Bitácora Arquitectura, 43. Recuperado de: http://www.revistas.unam.mx/index.php/bitacora/article/view/72951

5. Ching, F. D. K., Jarzombek, M. M. y Prakash, V. (2017). A Global History of Architecture. (p.456). New Jersey, USA: Wiley & Sons.

6. Fletcher, B. (1921). A History of Architecture for the Student, Craftsman, and Amateur, Being a Comparative View of the Historical Styles from the Earliest Period. London, UK: Forgotten Books.

7. Freiberg, J. (2014). Bramante's Tempietto, the Roman renaissance, and the Spanish crown. Cambridge, UK: Cambridge University Press.

8. Ingersoll, R. (2018). World Architecture. A Cross-Cultural History. (p.375). New York, United States: Oxford University Press. 

9. James-Chakraborty, K. (2014). Architecture since 1400.(p.63). Minnesota, USA: University Of Minnesota Press.

10. Paz, O. (1956). El Arco y la Lira. (p.279). Ciudad de México, México: Fondo de Cultura Económica.

11. Pevsner, N. (1964). An Outline of European Architecture. London, UK: Penguin Books.

12. Rosenthal, E. (1964). The Antecedents of Bramante's Tempietto. Journal of the Society of Architectural Historians, 23(2), pp.55-74.

13. Rykwert, J., Tavernor, R. y Leach, N.  (1988). Leon Batista Alberti, On the Art of Building in Ten books. Cambridge, UK: MIT Press, p.x.

14. Summerson, J. (1963). The Classical Language of Architecture. London, UK: Methuen & Co.

15. Wilson-Lee, E. (2019). The Catalogue of Shipwrecked Books: Christopher Columbus, His Son, and the Quest to Build the World’s Greatest Library. New York, USA: Scribner.

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