Conservación y Restauración de dos rehues

Noticia del 10 marzo 2010 15:49

El artículo Conservación y restauración de dos rehues, de Patricia Frazzi, ha sido publicado en Continuidad y Cambio Cultural en Arqueología Histórica, Actas del Tercer Congreso Nacional de Arqueología Histórica, Escuela de Antropología, Facultad de Humanidades y Artes, Universidad Nacional de Rosario, 2008, pp. 699-705

Resumen

En este trabajo se hace la descripción de un trabajo de conservación preventiva e intervenciones mínimas  de dos rehues objeto ceremonial de la cultura  Mapuche generalmente hecho en un tronco de árbol con el fin de recuperarlos como parte del patrimonio etnográfico.

Luego de evaluar su estado de conservación se hicieron una propuesta de tratamiento para frenar los factores de deterioro y recomendaciones de conservación para su preservación. En este trabajo se describen los métodos y materiales utilizados para estabilizar estos objetos de madera de acuerdo con los criterios de conservación y restauración de bienes arqueológicos para preservar la información material y simbólica que ellos contienen.

Abstract

In this paper the description of preventive conservation and minimal restaurative interventions performed on two rehues is given in orden to be preserved as part of the ethnographic heritage.

The rehues is a Mapuche’s culture ceremonial artefact frecuently made with the carved trunk of a tree.

After making an evaluation of the conservation state of the rehues, a treatment in orden to stop its deterioration processes and conservation procedures were suggested to preserve them.

Methods and materials used to stabilize these wooden artefacts are desribed following archaeological restoration and conservation criteria to keep the material and symbolical information they have.

En este trabajo se hace la descripción de las tareas de conservación preventiva e intervenciones mínimas realizados en dos rehues en un regular estado de conservación con el objetivo de recuperarlos como parte del patrimonio etnográfico a través de un tratamiento de conservación-restauración.

Tomando como base el concepto de Cesare Brandi, “La restauración constituye el momento metodológico del conocimiento de la obra de arte, en su consistencia física y en su doble polaridad estética e histórica, en orden a su transmisión al futuro. (Brandi 1977) [1], se buscaron datos históricos y de constitución física de los rehues.

Si bien Brandi habla sobre el reconocimiento de la obra de arte como primera instancia para poder actuar sobre ella, en el caso de los rehues más que como obras de arte se hace un reconocimiento de su valor etnográfico. La instancia histórica está por sobre la estética.

El rehue es un altar, centro de un recinto sagrado. En lengua mapuche “re” es pureza y “hue”, lugar (Pereda y Perrota 1994) [2]. Está hecho con un tronco de árbol tallado como una escalera con una cabeza antropomorfa en la parte superior.

La machi, mediadora entre el mundo natural y el sobrenatural, utiliza el rehue para comunicarse con el otro mundo utilizando esta escalera en forma simbólica (Espósito 2004). También es usado en el río nguillatun, fiesta sagrada de los mapuches, relacionada con la fertilidad de la tierra con ceremonias y ofrendas donde el rehue es plantado con ramas de árboles a sus costados y es el altar central de esta celebración. Los detalles de los ritos varían de acuerdo a la zona (Cooper 1963)

Según un estudio de Pereda y Perrotta (1994) sobre el nguillatun, en Argentina el centro sagrado de las ceremonias o rehue está formado solamente por ramas y banderas (Pereda y Perrotta 1994). La información suministrada indica que estos rehues provienen del norte de la provincia de Santa Cruz, de un lugar muy cercano al límite con Chile, en las proximidades del pueblo de Los Antiguos y del lago Buenos Aires. Pero a pesar de haber sido hallados en suelo argentino, esto no contradice el estudio de Pereda y Perrotta pues la cultura Mapuche trasciende los límites políticos modernos.

El rehue Nº 1 mide 2,12 m. de alto y 20 cm de diámetro máximo, es de sección cilíndrica y está tallado con cinco escalones. En la parte superior posee una cara de líneas simples y un tocado de forma bicónica .

 

Rehue Nº1 cuando llegó al taller de restauración envuelto en una frazada con cartón corrugado y paja

 

El rehue Nº 2 mide 1,86 m de alto, 40 cm de ancho, 33 cm de profundidad y 39 cm de diámetro en la parte del tocado. Su sección es rectangular  con bordes redondeados y está tallado en un extremo con una cara de líneas simples y un tocado con forma de sección de cilindro. El cuerpo presenta cuatro escalones rectangulares incisos y dos brazos a los costados.

Rehue Nº 1 después de su restauración

 

Los rehues se recibieron envueltos en paja y cartón corrugado, pero el Nº 1 estaba envuelto primero con una frazada en muy mal estado. Retirado el embalaje, se hizo una observación detallada para evaluar el estado  de conservación de ambos. Para esta tarea fue necesaria una limpieza superficial

En seco con cepillos de pelos suaves pues ambos presentaban suciedad y evidencias de acción biológica.

El rehue Nº 1 presentaba hongos, orificios circulares producto de la acción de insectos xilófagos y arañas. Otros orificios más grandes eran naturales en las zonas donde nacen ramas en el tronco. Uno estaba ubicado a 35 cm de la base, de 3 cm de diámetro y otro de 0,28 cm en la parte trasera superior del tocado La zona de la base y del tocado tenía la madera con textura esponjosa. Esto se debe a que esos sectores estuvieron en contacto directo con el agua.

La madera está formada por lignina y celulosa. La lignina forma tubos que están rellenos con celulosa que refuerzan los tubos  y, por lo tanto, la estructura de la madera. En contacto con el agua la celulosa se hidroliza, la madera pierde peso y los tubos de lignina quedan vacíos produciendo un debilitamiento de su estructura y una disminución de su resistencia mecánica (Gaël de Guichen 1984).

Los insectos que se alimentan de la madera luego de haber dañado el interior de la estructura dejan orificios de salida. Muchos de estos insectos atacan después que los hongos provocan un primer debilitamiento de la madera manchándola (Cronyn 2002)

Al trabajar la madera debe tenerse en cuenta dos características fundamentales de su comportamiento: higroscopicidad y la anisotropía. La higroscopicidad  es el aumento o reducción del peso y volumen de la madera de acuerdo al clima. En temporadas húmedas se hidrata y expande, y en las secas pierde agua y se contrae. La anisotropía  es el comportamiento diferenciado de los tubos de diferentes tamaños y grosores que forman la madera y reaccionan en forma distinta cuando ganan o pierden agua Otra característica a tener en cuenta es su densidad que es la masa por unidad de volumen. Las maderas más densas son más pesadas y más resistentes (Alonso Olvera 2001)

El rehue Nº 2 también tenía hongos, orificios de salidas de insectos xilófagos y arañas. Presentaba un gran faltante en la base cubierta con barro y paja y se observó un fuerte debilitamiento de su estructura por la acción del agua, especialmente en el tocado y en los hombros.

También en un sector del segundo escalón se observó que la madera estaba carbonizada.

Evaluadas las condiciones generales, se hizo una propuesta de tratamiento consensuada con el propietario.

Frente a un caso de restauración y conservación el abordaje general se plantea de acuerdo a un orden de prioridades y de criterio de intervención. Por ejemplo, no se puede proponer una reintegración cromática sin tener una estructura firme sobre la cual hacerla. También hay acciones particulares que cada objeto “pide” de acuerdo a su problemática. En el caso de los rehues la propuesta de tratamiento tuvo acciones comunes y otras específicas para cada una de ellos.

Como tratamiento conjunto y teniendo en cuenta estas prioridades secuenciales se comenzó realizando una desinfección de acción insecticida y funguicida. El empleo de funguicidas se debe realizar solo cuando las técnicas de estabilización pasiva han fallado. Los rehues habían estado expuestos en un ambiente adverso, en condiciones de cambio de temperatura y humedad relativa que favorecieron  el ataque de insectos y hongos. El primer punto a tener en cuenta para la elección de un biocida es que sea lo menos tóxico posible para el ser humano y que sea de acción efectiva sobre el bien natural para evitar futuros deterioros. Este punto es muy importante ya que los bienes culturales existen en función al hombre y aunque son irreemplazables son objetos que solo pueden ser cuidados y admirados por las personas. Hay que tener en cuenta también que los deterioros pueden ser retrasados y no totalmente eliminados, especialmente cuando se trata de materiales de origen orgánico.

Para la desinfección se eligió un funguicida e insecticida de erradicación y prevención de clase “C”, moderadamente tóxico para el hombre, compuesto a base de naftenato de cinc (acción funguicida) y cipermetrina (insecticida). Es un líquido recomendado para uso profesional e inscripto en la Secretaría de Agricultura y Ganadería de la Nación. Se trata de un producto ya probado, con información completa sobre su composición, normas de seguridad y forma de aplicación.

Antes de aplicar el biocida se realizó una limpieza profunda en seco, con cepillos de pelos suaves, palillos de bambú y aspiradora. Al realizar esta limpieza se encontró una moneda clavada en cada una de las bases de los rehues, a las que nos referiremos más adelante. Luego, se le inyectó en todos los orificios antes de pincelar toda la superficie. La aplicación se realizó en un exterior ventilado y utilizando guantes de seguridad y antiparras.

 

Colocación del biocida en el rehue Nº 2 después de su limpieza

Se aplicó la técnica de “encapado” que consiste en envolver los objetos en doble bolsa de polietileno de un grosor aproximado de 100 micrones para que los gases que porta el biocida penetren en la madera al ofrecer una excelente barrera al oxígeno. Se dejó actuar durante 72 horas, se retiraron luego las bolsas y se dejó ventilar los rehues durante 48 horas antes de continuar el tratamiento.

Eliminados los agentes bióticos que deterioran la madera se comenzó a tratar la estructura de cada uno. El rehue Nº 1 presentaba una rajadura longitudinal que iba desde el último escalón hasta la base, rajaduras en el frente  del tocado cercano a los bordes estaban flojas y próximas a desprenderse, se realizó una consolidación de la base y el tocado con un adhesivo a base de acetato de celulosa al 5% en acetona técnica. Las rajaduras se inyectaron con el mismo adhesivo al 30% y las zonas flojas se pegaron con una concentración del 80 %. Este tipo de consolidación se realiza para devolver una parcial resistencia mecánica a la madera. Se utilizó este adhesivo por ser incoloro, por producir pocas contracciones durante el secado, por su buen grado de adhesión y por ser menos higroscópico que las resinas naturales.

El rehue Nº 2 estaba más comprometido en su estructura. La zona de la base perdió aproximadamente un 40 % de la superficie quedando un anillo de madera semihueco y esponjoso como soporte para todo el volumen. Se inyectó el adhesivo al 5 % y luego al 30 %. Se dejó secar  y se utilizó una pasta de aserrín de pinotea, acetato de polivinilo neutro y unas gotas del preservante ya utilizado para la desinfección, para devolver parte del volumen perdido y reforzar la estructura de la base. Los orificios de salida de los insectos xilófagos se sellaron con cera microcristalina totalizada con pigmentos naturales.

 

Rehue Nº 2 después de su restauración

Cuando se hizo la limpieza profunda para desinfectar los rehues se encontraron las monedas ya citadas cubiertas con una concreción de color verde que indicaba la presencia de cobre en el metal o aleación utilizada. Se realizó una primera limpieza en la parte visible de la moneda con compresas de ácido acético donde se pudo constatar que eran monedas  de principios del siglo XX .

 

Moneda hallada en la base del rehue Nº 2 en el momento de su hallazgo

 

 

Moneda hallada en el rehue Nº 2 después de su restauración

Se informó al propietario sobre estos hallazgos y por mutuo acuerdo se decidió retirarlas y restaurarlas previo registro fotográfico. Esta decisión se tomó  teniendo en cuenta que de esa manera las monedas se preservarían mejor al estabilizarlas, se registrarían todos sus datos y podrían ser expuestas junto a los objetos, superando de este modo el aspecto negativo  de sacarlas de su lugar original.

Del rehue Nº 1 se retiró una moneda de cobre de la India “ONE QUARTER ANNA” de 1920. En el reverso se observa el perfil de de George V., Rey del Reino Unido y emperador de la India de 1911 a 1936. En esta parte de la moneda se lee:”GOERGE V. KING EMPEROR”. El clavo quedó adentro para evitar raspones en la superficie de la moneda. Se intentó retirarlo junto con ella, pero estaba muy firme. Se realizó una limpieza química con ácido acético, se neutralizó con una solución de bicarbonato de sodio y se secó con calor. A modo de protección se la barnizó con una capa de Paraloid B72 al 20 %.

Del rehue Nº 2 se retiró una moneda de cobre perteneciente a la época del reinado de Eduardo VII quién ocupó el trono desde 1901 hasta 1910. En la misma se lee: “EDUARD VS VII DEL GRA: BRITT : OMNI REX FID:DEF: IND:IMP:” (“Por gracia de Dios Rey de todos los británicos defensor de la fe y emperador de la India”). Se pudo retirar junto con el clavo de sección cuadrangular cortado con máquina. La forma de la cabeza no se pudo establecer con exactitud ya que estaba muy deformada, atacada por la corrosión.

Se realizó el mismo tratamiento hecho a la moneda del rehue Nº1, incluyendo al clavo. Luego de la restauración se pudo leer la cara que quedaba oculta:”ONE PENNY 1906”, texto que rodea la imagen sentada de perfil de Britania.

Para el traslado y protección de las monedas se preparó un embalaje a medida. Se fabricó una caja de cartón corrugado plástico con espuma de polietileno calada en su interior  con la forma de las monedas.

Para terminar con las acciones directas sobre los rehues se les aplicó una mano de cera microcristalina muy diluida en trementina y solvente industrial. La cera penetró totalmente  sin dejar brillo y otorgó una capa protectora a la superficie de la madera.

Hay otro tipo de acciones  para la conservación de bienes culturales. Son las indirectas, es decir, no se interviene directamente sobre los objetos. Se define como conservación preventiva (Frazzi 2002) con tomas de medidas para controlar los factores de deterioro y para garantizar la conservación y mantenimiento de los mismos. Dado que los rehues iban a ser exhibidos se diseñó un soporte  para resguardar su seguridad. El criterio fue ubicar los objetos en posición vertical, contenidos de una forma segura y con la menor interferencia visual para su lectura. Estos soportes fueron hechos por un herrero que trabajó con una supervisión permanente para controlar la correcta manipulación de los rehues y los detalles de terminación. Hechos a medida sobre una chapa de hierro de 4 mm. de espesor  de 70 cm x  70 cm. , con los bordes redondeados. Se soldó una chapa de hierro de 3 mm. de espesor y 9,7 cm de ancho con la forma de la base del rehue donde se insertó. En la parte de atrás de este aro contenedor se soldó un parante vertical cuadrangular hasta las ¾ partes de la altura de cada uno de los rehues. Sobre los parantes se abulonaron abrazaderas de hierro para contener los movimientos laterales. Esas abrazaderas se pueden quitar y poner, lo que permite  sacar los rehues de su soporte, si es necesario. Luego de lijar imperfecciones se pintaron con antióxido y dos manos de esmalte sintético negro mate. En el extremo del parante cuadrangular se colocó un tope de plástico con la misma forma y color a modo de terminación. Todos los sectores que estaban en contacto directo con la madera se forraron con goma EVA negra para evitar raspaduras del hierro sobre la superficie más blanda.

Para el traslado de los rehues hasta el lugar de exhibición, se los embaló con espuma de polietileno de 1 cm de espesor y luego con dos capas de polipropileno con burbujas. Después de elegir el lugar más conveniente para su ubicación, lejos de las fuentes de frío y de calor,  se colocó un cuadrado de 68 cm x 68 cm de alfombra tipo bouclé para evitar rayaduras en los pisos donde se apoyaba.

Otros temas de conservación preventiva como limpieza, embalaje, y medio ambiente quedaron registrados en la ficha técnica junto a detalladas técnicas y materiales del tratamiento. Esta ficha técnica es obligatoria dentro de la metodología de un trabajo de conservación–restauración de bienes culturales. En ella se documenta en forma escrita, gráfica y fotográfica el estado en que se recibió el bien, los procedimientos y resultados. En el item de recomendaciones se ayuda al dueño o custodio a la apreciación  y uso de los bienes culturales (American Institute for Conservation of Historie  and Artistic Works 1994). En este caso, se recomendó que los rehues  deben permanecer en su soporte a una temperatura aproximadamente de 18 “C” y a una humedad relativa de 50 %. Estas recomendaciones ambientales también se hicieron extensivas para las monedas. Dada la higroscopicidad de la madera se deben evitar los cambios bruscos de humedad y temperatura que por contracción y dilatación del volumen podrían provocar desprendimientos de material. Se aconsejó restringir los traslados ya que los mismos generalmente son la causa de daños mecánicos por una manipulación incorrecta. Con respecto a la limpieza estableció que debe ser siempre en seco con pinceles de pelos suaves o con una aspiradora que no raye la superficie de la madera.

 

Moneda encontrada en la base del rehue Nº 1 antes y después de su restauración

Conclusión

Se han recuperado dos bienes culturales con valor etnográfico  que estaban en un proceso acelerado de destrucción. Se erradicaron los factores  de deterioro activos y se mejoró su estructura  y apreciación visual respetando el material original.  Los deterioros avanzan en forma natural y la restauración tiene sus límites físicos y éticos. Los bienes culturales en general  y los restaurados en especial deben ser revisados periódicamente  para controlar su estado de conservación y las personas responsables de los mismos tienen que tener presente las recomendaciones de conservación preventiva. Es mejor y menos costosa la prevención que la restauración.

El hallazgo de las monedas no locales asociadas a los rehues es un dato significativo para la etnología porque les dan un fechado concreto para inicios del siglo XX. Sus condiciones del hallazgo, ninguna era visible,  indican que los clavos son contemporáneos a las monedas, lo que reafirma la época en que fueron clavados en la base. La interpretación del significado de estos supera los límites de esta ponencia pero abre, sin duda, interesantes interrogantes.

Notas

1.-  Brandi Cesare, 1977, Teoría de la restauración: 15, Madrid, Alianza Forma.

2.- Pereda Isabel y Elena Perrotta, 1994, Junta de Hermanos de Sangre: 161, Buenos Aires, Papers

3.- Espósito María, 2004, Arte Mapuche,: 63, Buenos Aires, Editorial Guadal

4.- Cooper Joh, 1963, The Araucanians, handbook of south american indians;743.,New York, Julian H. Steward Editor

5.- Pereda Isabel y Elena Perrotta, 1994, Junta de Hermanos de Sangre: 134, Buenos Aires, Papers

6.- Gaël de Guichen, 1984, Objeto enterrado, objeto desenterrado, La conservación en excavaciones arqueológicas, 36 Roma, ICCROM

7.- Cronyn, J. M., 2002, The elements of Archaeological Conservation, 249, London, Routledge

8.- Alonso Olivera, 2001, Conservación de madera arqueológica, Conservación in situ de materiales arqueológicos: 50, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia.

9.- Frazzi Patricia, 2002, Conservación preventiva para objetos arqueológicos históricos en contextos urbanos, Estudios Iberoamericanos, V. XXVIII, n2:95, EDIPUCRS, Porto Alegre, Brasil

10.American Institute for Conservation od Historie and Artistic Works, 1994, Código de ética y normas para el ejercicio profesional, AIC News, EEUU

 

Agradecimientos

Se agradece la colaboración del conservador restaurador Alberto Campos, del Dr. Mario Silveira y del Dr. Daniel Schávelzon.

 

Bibliografía

ALONSO OLVERA, Alejandra, 2001, Conservación de madera arqueológica. En Conservación in situ de materiales arqueológicos, Instituto Nacional de Antropología e Historia: 49-58, México

AMERICAN INSTITUTE FOR CONSERVATION OF HISTORIC AND ARTISTIC WORKS 1994, Código de ética y normas para el ejercicio profesional, AIC NEWS.

BRANDI, Cesare 1977 Teoría de la Restauración, Alianza Forma, Madrid

COOPER; JOHN M. 1963, The Araucanians, Hanbook of South American Indians. J. Stewward (Editor) New York

CRONYN, J.M. 2002. The Elements of Archaeological Conservation, Routledge. London

ESPOSITO, María, 2004, Arte Mapuche, Editorial Guadal, Buenos Aires.

FRAZZI, Patricia, 2002, Conservación  preventiva para objetos arqueológicos históricos en contextos urbanos. En Estudios Iberoamericanos, XXVIII(2):95-III, EDIPURS, Porto Alegre, Brasil

Gaël de Guichen, 1984 Objeto enterrado, objeto desenterrado. La conservación en excavaciones arqueológicas, ICCROM: 33-40: Roma

PEREDA, Isabel y PERROTTA, Elena, 1994 Junta de Hermanos de Sangre, Buenos Aires.

REINFELD, Fred, 1965, Münzkatalog der bekanntesten münzen von der amtike bis zur gegenwart, Ernst Battenberg, Verlag Manchen, New Cork

WERNER, A.E. 1969. La conservación del cuero, la madera, el hueso, el marfil y los materiales de archivo. En La Conservación de los bienes culturales. 281-297. UNESCO. Roma

 

Referencias

[1] Brandi Cesare, 1977, Teoría de la restauración: 15, Madrid, Alianza Forma.

[2] Pereda Isabel y Elena Perotta, 1994, Junta de Hermanos de Sangre: 161, Buenos Aires, Papers.


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